Reglas probatorias en la reforma
DENTRO de las propuestas de reformas que se vienen haciendo al juzgamiento punitivo, sin lugar a dudas, que la materia referida a las pruebas tiene un protagonismo fundamental. La prueba, desde la perspectiva ontológica procesal, deviene en el eje sobre el que gira o se desenvuelve el proceso. La pretensión deducida en todo proceso no avanza ni se reconoce sino sobre el fundamento de la prueba. La sentencia se hace recaer en base a los hechos probados. La cuestión probatoria es, insistimos, básica. Siendo así las cosas, vino a ser tarea fundamental para los miembros de la Comisión Codificadora, el establecer una concepción de la prueba que no se marginara de su contexto normológico, axiológico y sociológico. Normológico por cuanto correspondía precisar en cláusulas normativas, a nivel de propuestas, las fórmulas jurídicas que recogieran, entre otras cosas, los principios y reglas probatorias; los distintos medios de pruebas; lo concerniente a lo axiológico quedó analizado cuando nos adentramos al tema de la valoración probatoria y el método o sistema a seguir para los efectos de dicha valoración. Desde la perspectiva sociológica estimamos pertinente erradicar la prueba aparente; las ilegales, las ilícitas, las ineficaces, las que no guardan relación con la materia objeto de debate o de controversia procesal. Si el proceso judicial representa un plano que recoge el conflicto que, primeramente, yace en el plano de la realidad social, y que por esa razón deja de ser un mero conflicto para trastocarse en un efectivo y verdadero litigio, lógico era entonces comprender que no podíamos seguir dubitando en torno a lo qué debía entenderse por "prueba válida en el plano procesal". Había que acabar con el perverso paradigma de que en el plano del proceso hay que buscar la verdad material. Durante muchos años hemos venido operando con este falso e inconsistente paradigma. Si existe una verdad material, acaso existirá una verdad formal? ¿Será cierto que la verdad tiene un anverso y un reverso como acontece con las monedas? Acaso se encuentra en condiciones, sea el fiscal o ya el juez, de determinar, en todo caso, frente a qué tipo supuesto de verdad nos encontramos? Todo este fantasioso discurso de la verdad material, que predicaba que había que buscar de modo anonadado la verdad pura en el proceso, terminó dando cuentas de una penosa tergiversación de la cuestión referida a las libertades y de los derechos de las partes en el proceso. Así pues, la prueba quedaba, como cuestión de última ratio, condicionada, para los efectos de su valoración y ponderación probatoria, a si efectivamente se correspondía o no con el postulado de la verdad material. Se sustituyó, de este modo, la lógica dialéctica por un sistema de fantasías y de auténticas perversiones en el plano del proceso. Ahora ha surgido un verdadero paradigma procesal y que concierne o atañe, directamente, al tema de la valoración probatoria: la prueba debe encaminarse a precisar o a determinar la certeza probatoria positiva o negativa en el plano del proceso. De eso, precisamente, se trata: que las pruebas produzcan en la inteligencia jurídica del juzgador, de ese tercero independiente, imparcial e impartial llamado Juez, la convicción o grado de certeza suficiente como para reconocer el pedido de pretensión punitiva que le formula la acusación o parte querellante o, de lo contrario, denegar dicho pedido y terminar absolviendo a la persona del acusado. La certeza probatoria es una legítima categoría del pensamiento que permite excluir la duda, la incertidumbre, etc. La pretensión punitiva, como cualquier otra clase de pretensión deducida en juicio, debe y tiene que ser probada. Para ello se dispone de un catálogo de medios probatorios: los documentos, la confesión sujeta a ciertos requerimientos o condiciones, la inspección judicial, los dictámenes periciales, los informes, los medios científicos y cualquier otro medio racional que no esté expresamente prohibido por la Ley ni violente derechos humanos ni sea contrario a la moral o al orden público. La sana crítica es el sistema primario y rector para toda actividad de valoración probatoria. Ninguna prueba que haya sido admitida o diligenciada contraviniendo el procedimiento probatorio podrá ser objeto de valoración por parte del juzgador.
Como el sistema que se ha venido proponiendo se adecua, clara y diáfanamente, a la idea pilar del sistema acusatorio se ha dispuesto que la carga de la prueba de la conducta punible y de la culpabilidad sean tareas exclusivas del Ministerio Público. Ello en la medida en que se comprenda que el Ministerio Público es el gran actor penal, en la generalidad de los casos y dado que excepcionalmente pueden intervenir los querellantes de exclusivo ejercicio privado. Si no hay prueba que arroje al proceso esa certeza probatoria positiva respecto a la ocurrencia del hecho y culpabilidad del acusado, sin duda alguna, el juzgador tendrá que absolver a la persona del justiciable. Esto es propio o esencial a la idea del Estado de Derecho que tiene como límite máximo al ejercicio del ius puniendi el principio de culpabilidad penal. Sugerimos, en ese sentido, las interesantes reflexiones que sobre tal principio ofrece el maestro Claus Roxin en su obra Derecho Penal, Parte General, Tomo I "Fundamentos de la estructura del delito".
Ciegos eran los pueblos que habitaban Panamá, incluyendo a los que le dieron su nombre ("abundancia de peces"). Los océanos estuvieron allí durante cientos de miles de años, invisibles para los indígenas. Por ser ciegas, Balboa masacró a las tribus de Careta, Ponca, Torecha, Chiapes, Coquera, Tumaco, Terarequí, Pacra, Bugue Bugue, Bononaima, Chiorizo, Tubanamá y Pocorosa, que resistían su marcha hacia el mar.
Eduardo Galeano lo confirma: "Cuenta la historia oficial que Vasco Núñez de Balboa fue el primer hombre que vio, desde una cumbre de Panamá, los dos océanos. Los que allí vivían, ¿eran ciegos?" (www.rodelu.net, 7 de octubre de 2005).
A curarnos de la ceguera ("pérdidas visuales") llegaron a Panamá dos expresidentes: Julio María Sanguinetti de Uruguay, y Felipe González de España, y de paso a darnos cátedra sobre los partidos políticos. Pero, como lo reportó Fausto Triana (Prensa Latina, 9 abril 2006): "Sin que en verdad nadie les preguntara, ambos hablaron hasta por los codos de la necesidad de ensanchar el estratégico punto de conexión entre los Océanos Pacífico y Atlántico. El renovado apoyo mayoritario en las encuestas a la ampliación del Canal de Panamá, junto al papel de promotores de los ex presidentes Felipe González y Julio María Sanguinetti, pusieron en tela de juicio la transparencia sobre el tema".
Pero leamos lo que dijo Felipe González: "Si me pregunta si el Canal se debe ampliar para que responda a necesidades que no son estrictamente panameñas, sino de la economía mundial, le respondería que Panamá debe, sí o sí, modernizar el Canal" Los observadores, que generalmente son inversores, creen que aquí se puede producir un gran despegue que está lleno de oportunidades. Pero lo ven más los de afuera que desde dentro", dijo (Panamá-América, 9 abril 2006).
Como vemos (¿vemos?), la Conquista aún no ha terminado.
Felipe González ve muy claro que el Canal no debe satisfacer las necesidades de Panamá sino las del comercio mundial. Pero, ¿ha visto el exmandatario cuáles son nuestras necesidades? ¡Por supuesto que no! En cambio, estoy seguro que el expresidente español sí ha visto con ojos de águila cuáles son las necesidades de Carlos Slim ("el hombre más rico de Latinoamérica") en relación con Panamá y, cual nuevo Balboa, Felipe González descubre importancia de nuestros mares para otros, porque en cuanto a nosotros, ¡pobrecitos invidentes!, no nos llega ni el más pálido reflejo de los "Nocturnos" de José Asunción Silva.
Pero el expresidente uruguayo, Julio María Sanguinetti, quién no pudo ver las necesidades de su pueblo durante la transición, no se queda atrás: "Hoy veo un Panamá mucho más maduro y con una evolución que, como suele suceder, los panameños no ven tan claramente".
Como ven (¿ven?), todos ven, menos los panameños. Pero no todo está perdido: la buena noticia es que la "Operación Milagro" patrocinada por Cuba y Venezuela les va a devolver la visión a miles de panameños de manera gratuita, así que: ¡Invidentes de todos los países, uníos! ¡No tenéis que perder más que vuestra ceguera! Como decía mi madre, "ciego es quien no quiere ver", porque el que quiere ver, ya ve. Como dice el ciego, "amanecerá y veremos".
Como el sistema que se ha venido proponiendo se adecua, clara y diáfanamente, a la idea pilar del sistema acusatorio se ha dispuesto que la carga de la prueba de la conducta punible y de la culpabilidad sean tareas exclusivas del Ministerio Público. Ello en la medida en que se comprenda que el Ministerio Público es el gran actor penal, en la generalidad de los casos y dado que excepcionalmente pueden intervenir los querellantes de exclusivo ejercicio privado. Si no hay prueba que arroje al proceso esa certeza probatoria positiva respecto a la ocurrencia del hecho y culpabilidad del acusado, sin duda alguna, el juzgador tendrá que absolver a la persona del justiciable. Esto es propio o esencial a la idea del Estado de Derecho que tiene como límite máximo al ejercicio del ius puniendi el principio de culpabilidad penal. Sugerimos, en ese sentido, las interesantes reflexiones que sobre tal principio ofrece el maestro Claus Roxin en su obra Derecho Penal, Parte General, Tomo I "Fundamentos de la estructura del delito".
Ciegos eran los pueblos que habitaban Panamá, incluyendo a los que le dieron su nombre ("abundancia de peces"). Los océanos estuvieron allí durante cientos de miles de años, invisibles para los indígenas. Por ser ciegas, Balboa masacró a las tribus de Careta, Ponca, Torecha, Chiapes, Coquera, Tumaco, Terarequí, Pacra, Bugue Bugue, Bononaima, Chiorizo, Tubanamá y Pocorosa, que resistían su marcha hacia el mar.
Eduardo Galeano lo confirma: "Cuenta la historia oficial que Vasco Núñez de Balboa fue el primer hombre que vio, desde una cumbre de Panamá, los dos océanos. Los que allí vivían, ¿eran ciegos?" (www.rodelu.net, 7 de octubre de 2005).
A curarnos de la ceguera ("pérdidas visuales") llegaron a Panamá dos expresidentes: Julio María Sanguinetti de Uruguay, y Felipe González de España, y de paso a darnos cátedra sobre los partidos políticos. Pero, como lo reportó Fausto Triana (Prensa Latina, 9 abril 2006): "Sin que en verdad nadie les preguntara, ambos hablaron hasta por los codos de la necesidad de ensanchar el estratégico punto de conexión entre los Océanos Pacífico y Atlántico. El renovado apoyo mayoritario en las encuestas a la ampliación del Canal de Panamá, junto al papel de promotores de los ex presidentes Felipe González y Julio María Sanguinetti, pusieron en tela de juicio la transparencia sobre el tema".
Pero leamos lo que dijo Felipe González: "Si me pregunta si el Canal se debe ampliar para que responda a necesidades que no son estrictamente panameñas, sino de la economía mundial, le respondería que Panamá debe, sí o sí, modernizar el Canal" Los observadores, que generalmente son inversores, creen que aquí se puede producir un gran despegue que está lleno de oportunidades. Pero lo ven más los de afuera que desde dentro", dijo (Panamá-América, 9 abril 2006).
Como vemos (¿vemos?), la Conquista aún no ha terminado.
Felipe González ve muy claro que el Canal no debe satisfacer las necesidades de Panamá sino las del comercio mundial. Pero, ¿ha visto el exmandatario cuáles son nuestras necesidades? ¡Por supuesto que no! En cambio, estoy seguro que el expresidente español sí ha visto con ojos de águila cuáles son las necesidades de Carlos Slim ("el hombre más rico de Latinoamérica") en relación con Panamá y, cual nuevo Balboa, Felipe González descubre importancia de nuestros mares para otros, porque en cuanto a nosotros, ¡pobrecitos invidentes!, no nos llega ni el más pálido reflejo de los "Nocturnos" de José Asunción Silva.
Pero el expresidente uruguayo, Julio María Sanguinetti, quién no pudo ver las necesidades de su pueblo durante la transición, no se queda atrás: "Hoy veo un Panamá mucho más maduro y con una evolución que, como suele suceder, los panameños no ven tan claramente".
Como ven (¿ven?), todos ven, menos los panameños. Pero no todo está perdido: la buena noticia es que la "Operación Milagro" patrocinada por Cuba y Venezuela les va a devolver la visión a miles de panameños de manera gratuita, así que: ¡Invidentes de todos los países, uníos! ¡No tenéis que perder más que vuestra ceguera! Como decía mi madre, "ciego es quien no quiere ver", porque el que quiere ver, ya ve. Como dice el ciego, "amanecerá y veremos".