Regreso a Tontilandia
Santiago de Chile /AIPE. Hace más de medio siglo un político y escritor muy agudo, Jenaro Prieto, bautizó a Chile como "Tontilandia", frente a la irracionalidad del quehacer que se desplegaba en la época del Frente Popular. El tiempo le dio la razón. Chile se quedó a la zaga en materia de crecimiento y llegó a tener la mayor inflación del mundo.
El gobierno militar lo rescató del retraso y lo convirtió en nación pujante y progresista. Como dijo Bill Clinton hace unos años, pasó a ser "la joya más preciada de la corona latinoamericana". El gobierno de Aylwin, con el manifiesto pesar del propio presidente, que veía las señales de progreso material con hostilidad ("no pisaré jamás un mall", declaró en alguna ocasión), dejó actuar, sin embargo, a los entendidos y mantuvo los lineamientos del libre mercado. A la inversa, su sucesor, Eduardo Frei, aparentemente más convencido de las bondades del libre mercado, tanto que en el Congreso norteamericano, hace cuatro años, se pavoneó con nuestras instituciones privadas de salud previsional (Isapres), ha sido el peor cuchillo para éstas.
En estos días su administración no ha vacilado en impulsar una medida en perjuicio de ellas y de los más pobres, y propiciatoria de mayor desigualdad social, como la de privar a los trabajadores de baja renta del subsidio que les permitía hasta ahora tener acceso al seguro de salud privado. Eso los obligará a retornar al pésimo sistema estatal. El ministro de Salud destaca por sus campañas contra las Isapres, llamando a sus afiliados a abandonarlas.
En el sector eléctrico el gobierno ha culpado a las empresas privadas generadoras de electricidad de los efectos de la sequía y ha propiciado una ley que las obliga a correr con los riesgos de una fuerza mayor como ésa, lo que obviamente encarece el servicio. Sin embargo, la Comisión Nacional de Energía ha reducido las tarifas eléctricas. El resultado es que se ha paralizado la inversión en nuevas centrales. Si no fuera porque Tontilandia ha comenzado a crecer menos de hecho, este año ha decrecido, se podría quedar sin suficiente energía.
Y la izquierda quiere también terminar con la autonomía del Banco Central, gracias a la cual la inflación se ha reducido a tres por ciento.
Como aún encabeza algunas encuestas el candidato presidencial socialista, situado a la izquierda de Aylwin y Frei, persiste una alta probabilidad de profundización de las políticas contrarias al libre mercado.
Me acordé de Tontilandia leyendo "Nuestros Años Verde Olivo", de Roberto Ampuero, quien militó en las Juventudes Comunistas y tuvo que pasar años, después de 1973, encerrado en Cuba, sin siquiera libertad para leer lo que quería, con libreta de racionamiento, un par de zapatos plásticos al año y sin poder emigrar. Su libro debiera ser lectura obligada para los tontilandeses.
Allí refiere medidas parecidas a las que comienzan a gestarse entre nosotros. Como cuando Fidel, mucho más astuto que el mercado, decide personalmente que es un disparate cultivar frutas y hortalizas alrededor de La Habana y ordena plantar cafetales, cosa que a los torpes privados jamás se les había ocurrido. Resultado: no se dio el café y La Habana se quedó sin frutas ni hortalizas. Los chilenos nos libramos de cosas como esas, pero sólo por un tiempo.
El gobierno militar lo rescató del retraso y lo convirtió en nación pujante y progresista. Como dijo Bill Clinton hace unos años, pasó a ser "la joya más preciada de la corona latinoamericana". El gobierno de Aylwin, con el manifiesto pesar del propio presidente, que veía las señales de progreso material con hostilidad ("no pisaré jamás un mall", declaró en alguna ocasión), dejó actuar, sin embargo, a los entendidos y mantuvo los lineamientos del libre mercado. A la inversa, su sucesor, Eduardo Frei, aparentemente más convencido de las bondades del libre mercado, tanto que en el Congreso norteamericano, hace cuatro años, se pavoneó con nuestras instituciones privadas de salud previsional (Isapres), ha sido el peor cuchillo para éstas.
En estos días su administración no ha vacilado en impulsar una medida en perjuicio de ellas y de los más pobres, y propiciatoria de mayor desigualdad social, como la de privar a los trabajadores de baja renta del subsidio que les permitía hasta ahora tener acceso al seguro de salud privado. Eso los obligará a retornar al pésimo sistema estatal. El ministro de Salud destaca por sus campañas contra las Isapres, llamando a sus afiliados a abandonarlas.
En el sector eléctrico el gobierno ha culpado a las empresas privadas generadoras de electricidad de los efectos de la sequía y ha propiciado una ley que las obliga a correr con los riesgos de una fuerza mayor como ésa, lo que obviamente encarece el servicio. Sin embargo, la Comisión Nacional de Energía ha reducido las tarifas eléctricas. El resultado es que se ha paralizado la inversión en nuevas centrales. Si no fuera porque Tontilandia ha comenzado a crecer menos de hecho, este año ha decrecido, se podría quedar sin suficiente energía.
Y la izquierda quiere también terminar con la autonomía del Banco Central, gracias a la cual la inflación se ha reducido a tres por ciento.
Como aún encabeza algunas encuestas el candidato presidencial socialista, situado a la izquierda de Aylwin y Frei, persiste una alta probabilidad de profundización de las políticas contrarias al libre mercado.
Me acordé de Tontilandia leyendo "Nuestros Años Verde Olivo", de Roberto Ampuero, quien militó en las Juventudes Comunistas y tuvo que pasar años, después de 1973, encerrado en Cuba, sin siquiera libertad para leer lo que quería, con libreta de racionamiento, un par de zapatos plásticos al año y sin poder emigrar. Su libro debiera ser lectura obligada para los tontilandeses.
Allí refiere medidas parecidas a las que comienzan a gestarse entre nosotros. Como cuando Fidel, mucho más astuto que el mercado, decide personalmente que es un disparate cultivar frutas y hortalizas alrededor de La Habana y ordena plantar cafetales, cosa que a los torpes privados jamás se les había ocurrido. Resultado: no se dio el café y La Habana se quedó sin frutas ni hortalizas. Los chilenos nos libramos de cosas como esas, pero sólo por un tiempo.