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Regulaciones y libertades


Panamá, una sociedad -como todas- con regulaciones, pero sin condiciones o actitudes para seguirlas; es una sociedad en franco estado de desorden y empeorando.
Cuando un actor del Estado (funcionario o ciudadano común) pide o propone aplicar las regulaciones o perfeccionar las existentes, arde Troya.
Regular el horario o el volumen de ruidos de los sitios de diversión nocturnos, a pesar de que en sociedades mejor organizadas que la nuestra estas regulaciones existen, aquí parecen voces interesadas y otras espontáneas que defienden la "libre" empresa que se oponen a ordenar o regular los horarios y los efectos del desorden continúan.
Que los taxis piratas o no piratas, que los buses a la terminal o no a la terminal, que los aparatos de sonido, las troneras, los papeles ahumados, la acreditación para cobrar 25 centésimos, las regatas, las boletas, son algunas de las controversias que se producen al aplicar o desarrollar regulaciones en el sector y el desorden continúa.
Que es persecución o que no lo es, el que el Seguro Social inspeccione empresas para reducir la morosidad o la apropiación indebida de las cuotas; que Seguro y Ministerio de Salud regulen la compensación de costos, ambas generan oposición de los que no creen en el orden, en la regulación.
Violencia, inmoralidad, antivalores en algunos medios de comunicación. Que la regulación de la "libertad" de expresión e información es censura, que es fascismo, que la mejor ley es la no escrita, son enunciados vehementes de los que incumplen la autorregulación que ya acordaron, pero que no cumplen. ¿Orden o desorden?.
Que la regulación de la ética, la asistencia y puntualidad, los emolumentos, los privilegios de legisladores, magistrados y otros servidores públicos, sólo la intención hace que esos funcionarios se rasguen las vestiduras, ante la profanación de su honorable existencia.
Que a médicos, educadores y otros servidores con estabilidad y escalafón no les quieran regular es atentar contra sus "conquistas", algunas de las cuales generan inequidades con el resto de la población que se depaupera, es suficiente para producir huelgas, o tildar a los proponentes o actuantes de dictadores.
Que a los partidos políticos se les quiera regular...Herejía. Que se aspire a modificar el Código Electoral... Pura ilusión cualquier efecto más allá del maquillaje. Y el desorden político continúa.
En buen panameño, cualquier sector de la sociedad que goce, o que crea que le corresponde alguna ventaja que produce injusticia o atenta contra la colectividad, por lo cual se hace impostergable un reordenamiento, lo que produce es un conflicto social y político que profundiza el desorden generalizado que vivimos.
La libertad o el derecho de alguien, termina donde empieza la libertad o el derecho de otro o de otros.
Venimos de veintiún años de dictadura donde todo estaba permitido, menos atentar contra el régimen militar. El que quisiera miccionar en la calle, botar basura, hacer escándalo, manejar desordenadamente, no pagar impuestos, drogarse exponiendo a otros, corromper a servidores públicos, coimear y cuanta aberración que atentara contra una convivencia organizada se podía realizar, y seguro que poca o ninguna oposición encontraba para salirse con la suya. Y en los doce años de democracia (¿) las cosas no han variado mucho en cuanto a tener más orden.
Tratar de ordenar la sociedad por sectores conduce al fracaso, a la frustración y, peor aún, a generar más desorden.
Llegó la hora de la sensatez y de cambiar actitudes; llegó la hora de un gran acuerdo nacional; llegó la hora de que todos seamos políticos; llegó la hora de buscar el bien común... Y esta hora no se irá hasta que hagamos una Constituyente exitosa y no fracasada como las Constituyentes de 1941 y 1946, para que constituyamos la nueva república con libertad y orden.

101 años de Panamá América

 
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