Rehabilitar Panamá Viejo
A finales de 1998 publiqué unos artículos sobre las playas de la bahía, en particular, sobre la que va de puente histórico y fortín del matadero, junto a la estatua Morelos, hasta el este de la torre histórica, patrimonio de la humanidad. Recordaré algunos párrafos de la enunciación de mis planes, que son apenas esbozos de ideas sobre su futuro, en alusión al artículo del profesor Arturo Guzmán N., distinguido catedrático universitario, que con el título: "Rehabilitemos Panamá Viejo, pero sin traumas", apareció en La Prensa del 16 de agosto en la página de opinión. Se muestra allí ofendido con mi expresión: "bochornoso cinturón insalubre e inundable de barriadas precarias que no se compadecen con la majestad del sitio monumental-histórico de Panamá Viejo". Hasta tanto mis aclaraciones del caso no cumplan su cometido, le presento a él y a todos los que se hayan sentido vejados, mis respetuosas disculpas. Sé que ellos deben ser los principales interlocutores de cualquier plan en el que se proponga reubicarlos e indemnizarlos. Ya lo reconocía yo en mi artículo del 30 de diciembre de 1998, de El Panamá América: "La Playa de Panamá Viejo": "Es un proyecto asaz sensitivo, candente y crítico". Allí agregaba: "Se requiere el concurso autoritario que reuniese los talentos arquitectónicos y planificadores de un Alvaro González Clare, Jorge Riba, Ricardo Bermúdez (padre e hijo), de los ingenieros sanitarios y civiles equivalentes hoy a los primos Carlos y Federico Guardia y Roberto Reina. Autoricemos a los doctores Stanley Heckadon Moreno e Ira Rubinoff designar los mejores ingenieros forestales y ambientalistas para diseñar la floresta agreste, con caminos retorcidos y miradores del dosel boscoso; con lianas, bejucos y parásitas; con hormigas, abejas, nidos y murciélagos. Mi contribución sería la que se designara "Arboleda Rosa Palacios" el cinturón de amarillos guayacanes que circuiría el bosque".
En mi artículo: "Hay que salvar Panamá Viejo" expongo: "Punto B: Descontaminación previa del sector de playas. Tratamiento de los efluentes de aguas servidas mediante su colección y bombeo de los tanques de tratamiento a las colectoras hasta centenares de metros afuera del Corredor, a través de los pedraplenes multipropósitos.
Punto C: Desvío de buses y circulación vehicular unos 400 metros hacia el interior del litoral, paralelamente al mismo.
Punto D: Indemnización y reubicación decente de los moradores de las barriadas desordenadas e insalubres que habrá que remover en varias hectáreas. "Al final de ese párrafo expreso: " Me permito sugerir, con todo respeto, al nuevo gobierno que contrate al eminente arquitecto Frank Gehri para la realización de un plan maestro de un proyecto similar al esbozado, con su entera libertad de criterio e inspiración, que haga resaltar el carácter histórico-arqueológico y selvático primitivo de la región y que la convierta, con sus playas rescatadas, en un magnífico hito mundial, tal como acontece con su obra grandiosa del Museo Guggenheim de Bilbao, España. Involucremos a la doctora Hanna Ayala, inspiradora del Turismo Patrimonial de Conservación (TIC) ... y vuelvo a mencionar al excelso grupo de arquitectos, biólogos y ecologistas de los párrafos anteriores.
Al describir: "bochornosas (que causan vergüenza) barriadas insalubres e inundables" créanme que no lo hice con afán de "denigrar" a los moradores o a sus viviendas, sino a las acciones de los que vendieron las parcelas inundables o insalubres o que las "urbanizaron" con diseños irrespetuosos de las buenas normas técnicas, incompetentes o inconsultos; o bien a las autoridades oficiales que los aprobaron o que fallaron en inspeccionar debidamente las obras o de darle mantenimiento adecuado a los desagües pluviales, sanitarios o mixtos.
Así, algunas barriadas de modernos chalets, edificados con materiales costosos, que se construyeron vecinas al río Juan Díaz, con todas sus instalaciones y desagües "modernos", se inundaron año tras año, sufriendo sus habitantes la pérdida de sus enseres domésticos, con riesgos para sus vidas y las de sus hijos. A nadie se le ocurriría pensar que al tildarlas de "bochornosas" se estuviere uno burlando de sus sufrimientos o "denigrando" sus propiedades. Los estragos causados en las edificaciones ubicadas en las vecindades de la desembocadura del río Mataznillo (algunas son modernísimos rascacielos) en forma recurrente, fueron descritos como "bochornosos", pues se originaron de infraestructuras deficientemente diseñadas y alegremente aprobadas con fines (frustrados) de valorizar las parcelas adyacentes, sin pensar que podrían afectar gravemente a terceros.
De igual manera, cuando hablo de los pedraplenes "afrentosos" (que causan vergüenza) en ciertos sectores del Corredor Sur, que cercenan la vista a la bahía y forman lagunas cuasi-sépticas de contaminación creciente, no estoy "denigrando" al Estado, su virtual propietario, sino fustigando a la inconsciencia de las autoridades que los permitieron y aprobaron.
El viernes 21 de julio en mi artículo: "El camino alto de Gehri" me refiero a la necesidad del despeje de las barriadas insalubres y precarias de Panamá Viejo así: "Es natural que, previamente, se reubicarían sus actuales moradores en alguna ciudad satélite, en ambiente sano y "en comunión idílica con la naturaleza". Estas acciones (evidentemente a largo plazo) que podría contemplar el grupo de Gehri, en caso de que el gobierno lo aprobare, estarían muy lejos de poderse calificar como "desarraigo salvaje". Justamente, la distinguida banquera, Doña Lucy de Jaén, en días pasados, destacó en un comentario que mis palabras reflejan más que bondad, por lo que le estoy sumamente agradecido.
Agradezco al acucioso señor catedrático Arturo Guzmán N. su intenso celo en salvaguardar los derechos de las comunidades de Panamá Viejo y el incitarlas a contribuir enérgica y positivamente, como principales interlocutores, con los esfuerzos por la restauración científica y el enaltecimiento del complejo monumental-histórico-arqueológico de la antigua ciudad de Panamá y sus playas, en beneficio de toda la nación panameña y como patrimonio de la humanidad.
En mi artículo: "Hay que salvar Panamá Viejo" expongo: "Punto B: Descontaminación previa del sector de playas. Tratamiento de los efluentes de aguas servidas mediante su colección y bombeo de los tanques de tratamiento a las colectoras hasta centenares de metros afuera del Corredor, a través de los pedraplenes multipropósitos.
Punto C: Desvío de buses y circulación vehicular unos 400 metros hacia el interior del litoral, paralelamente al mismo.
Punto D: Indemnización y reubicación decente de los moradores de las barriadas desordenadas e insalubres que habrá que remover en varias hectáreas. "Al final de ese párrafo expreso: " Me permito sugerir, con todo respeto, al nuevo gobierno que contrate al eminente arquitecto Frank Gehri para la realización de un plan maestro de un proyecto similar al esbozado, con su entera libertad de criterio e inspiración, que haga resaltar el carácter histórico-arqueológico y selvático primitivo de la región y que la convierta, con sus playas rescatadas, en un magnífico hito mundial, tal como acontece con su obra grandiosa del Museo Guggenheim de Bilbao, España. Involucremos a la doctora Hanna Ayala, inspiradora del Turismo Patrimonial de Conservación (TIC) ... y vuelvo a mencionar al excelso grupo de arquitectos, biólogos y ecologistas de los párrafos anteriores.
Al describir: "bochornosas (que causan vergüenza) barriadas insalubres e inundables" créanme que no lo hice con afán de "denigrar" a los moradores o a sus viviendas, sino a las acciones de los que vendieron las parcelas inundables o insalubres o que las "urbanizaron" con diseños irrespetuosos de las buenas normas técnicas, incompetentes o inconsultos; o bien a las autoridades oficiales que los aprobaron o que fallaron en inspeccionar debidamente las obras o de darle mantenimiento adecuado a los desagües pluviales, sanitarios o mixtos.
Así, algunas barriadas de modernos chalets, edificados con materiales costosos, que se construyeron vecinas al río Juan Díaz, con todas sus instalaciones y desagües "modernos", se inundaron año tras año, sufriendo sus habitantes la pérdida de sus enseres domésticos, con riesgos para sus vidas y las de sus hijos. A nadie se le ocurriría pensar que al tildarlas de "bochornosas" se estuviere uno burlando de sus sufrimientos o "denigrando" sus propiedades. Los estragos causados en las edificaciones ubicadas en las vecindades de la desembocadura del río Mataznillo (algunas son modernísimos rascacielos) en forma recurrente, fueron descritos como "bochornosos", pues se originaron de infraestructuras deficientemente diseñadas y alegremente aprobadas con fines (frustrados) de valorizar las parcelas adyacentes, sin pensar que podrían afectar gravemente a terceros.
De igual manera, cuando hablo de los pedraplenes "afrentosos" (que causan vergüenza) en ciertos sectores del Corredor Sur, que cercenan la vista a la bahía y forman lagunas cuasi-sépticas de contaminación creciente, no estoy "denigrando" al Estado, su virtual propietario, sino fustigando a la inconsciencia de las autoridades que los permitieron y aprobaron.
El viernes 21 de julio en mi artículo: "El camino alto de Gehri" me refiero a la necesidad del despeje de las barriadas insalubres y precarias de Panamá Viejo así: "Es natural que, previamente, se reubicarían sus actuales moradores en alguna ciudad satélite, en ambiente sano y "en comunión idílica con la naturaleza". Estas acciones (evidentemente a largo plazo) que podría contemplar el grupo de Gehri, en caso de que el gobierno lo aprobare, estarían muy lejos de poderse calificar como "desarraigo salvaje". Justamente, la distinguida banquera, Doña Lucy de Jaén, en días pasados, destacó en un comentario que mis palabras reflejan más que bondad, por lo que le estoy sumamente agradecido.
Agradezco al acucioso señor catedrático Arturo Guzmán N. su intenso celo en salvaguardar los derechos de las comunidades de Panamá Viejo y el incitarlas a contribuir enérgica y positivamente, como principales interlocutores, con los esfuerzos por la restauración científica y el enaltecimiento del complejo monumental-histórico-arqueológico de la antigua ciudad de Panamá y sus playas, en beneficio de toda la nación panameña y como patrimonio de la humanidad.