default

Reingeniería en el transporte público


La Organización Mundial de la Salud (OMS) declarará el 2004 como el "Año de la Prevención y Seguridad Vial". Está por celebrarse en Montevideo el primer congreso latinoamericano sobre el problema de la prevención y seguridad vial, como una actividad preparatoria a la declaratoria el 9 de abril próximo. No tenemos la menor idea si esta nación enviará o no alguna delegación a dicho evento. La verdad es que siendo Panamá uno de los países con más decesos y lesionados de América, y con una proporción de muertos en accidentes superior a la de Japón y Estados Unidos, no deberíamos desperdiciar una oportunidad como ésta, sobre todo, ahora que esta epidemia parece recorrer nuestras carreteras, avenidas y calles.
Ciertamente que existen, en nuestro país, las instituciones y dependencias gubernamentales que tienen la responsabilidad de la protección y seguridad vial, pero en nuestra humilde consideración, lo que se hace tiene un alcance limitado. La escasez de recursos y demás factores limitantes hacen que los esfuerzos sean casi nulos. Tendríamos que analizar con más detenimiento el problema para no caer en exageraciones y/o falacias, pero algunas observaciones, quizás nos ayuden a dimensionar adecuadamente el problema.
El análisis nos aporta variables muy importantes, todas pertinentes y relevantes al problema. Veamos algunas: Las medidas de control del tráfico vehicular y de regulación de la circulación del parque automotor engendran espectaculares tranques, que a su vez terminan por exasperar a los conductores, elevando la probabilidad de accidentes. La confluencia de todas las rutas urbanas del transporte público, en diversas áreas del circuito metropolitano, lo cual eleva la densidad por metro lineal de carretera, la debilidad de las disposiciones municipales y de vivienda en cuanto a las autorizaciones para construcción de barriadas y de zonas residenciales sin exigir los respectivos puentes peatonales, como condición esencial para el otorgamiento de los permisos, la falta de señalización y alumbrado de vías y carreteras, sería otra de las variables a considerar. Estas son algunas variables relativas al ordenamiento técnico de la infraestructura y de la red vial, que sería necesario atender.
En lo que respecta a las variables humanas, estaríamos frente a un área crítica de increíble proporciones y gravedad. Como trasfondo a todo el caos existente, está el patológico comportamiento de muchos panameños, síndrome al que popularmente se le ha dado en llamar el juego vivo. Desde allí nace y evoluciona la actitud de querer obtener ventaja personal sin mirar los efectos, que dicha actitud tiene en los demás, síndrome que permea de manera profunda la psiquis de muchos panameños, y que quizá venga arquetípicamente arraigado desde la colonia, tal como fue descrito por el escribano o relator de la corono española, Álvaro Cabeza de Vaca.
Este síndrome sociopatológico es fácil identificarlo, por ejemplo, si la licencia la puedo obtener sin pasar la prueba de manejo; también se obtiene la placa y el revisado, que como se aprecia, es un proceder que a la postre constituye una potencial fuente de riesgo para la propia persona y para los demás. El juego vivo, se observa cuando un autobús sale de su ruta, gira por una calle para adelantarse a los demás, o simplemente se le mete como una cuña a su competidor, o lo espera a que mueva para arrimársele y amedrentarlo, sin reparar en la tranquilidad y seguridad de los usuarios. Pero aún más grave, es el hecho del desafío al reglamento de tránsito, cuando hemos sido testigos de conductores de buses, que al ser detenidos por algún agente, su licencia o está vencida o no la portan, o sencillamente nunca la ha tenido, o simplemente no corresponde con el vehículo que maneja. El juega vivo, como síndrome sociopatológico se evidencia desde los giros indebidos, en pasar el semáforo en rojo, acelerar con la luz amarilla y casos de verdadera criminalidad, cuando el conductor del autobús o particular atropella y se da a la fuga. Me pregunto cuántos conductores del servicio público habrían pasado una evaluación psicológica para determinar su estado de salud emocional y de aptitudes psíquicas, que lo habiliten para ocuparse de un trabajo tan delicado y de tanto riesgo para la vida de miles de panameños.
Y un tercer conjunto de variables a la que denominaría, variable reglamentaria. En ésta existe una verdadera laxitud y debilidad que está conectada con el síndrome mencionado. Las faltas al reglamento están muy bien identificadas, pero muy mal administradas.
Hasta hace una semana se restableció una vieja norma, que la licencia de los conductores del servicio público les serán retiradas, todas que vez que infraccionen el reglamento. No obstante, la medida busca paliar el problema, pero no pasa de ser apenas remedial. A toda la comunidad le parece increíble que un conductor de autobús pueda continuar al volante con una acumulación de boletas, cuyo monto alcanza varios miles de balboas. He ahí la laxitud.
En algunos países de Europa, el conductor que infracciona el reglamento debe pagar la multa en el mismo sitio de la infracción, y de no poder, el auto le es retenido, hasta que cumpla con la multa; y si reincide, debe buscar nuevamente la certificación de una escuela de manejo autorizada, que demuestre que conoce el reglamento. Una medida radical, pero de gran poder regulador.
Siendo Panamá, comparado con, por ejemplo Chile, que con 14 millones de habitantes tiene un de deceso por cada 17 que se producen aquí, para una población de 2.89 millones, bien valdría la pena endurecer las sanciones. Al ritmo que marchan los accidentes este año, será lamentablemente uno de los de mayor fatalidad y siniestralidad, con grandes pérdidas no sólo de vida sino económicas.
Pero, amables lectores, el endurecimiento de las sanciones sería aún una solución remedial, que debería ir amarrada a un Plan de Prevención y Seguridad Vial. Por ejemplo, la flota de autobuses circulantes es una chatarra, recubierta de emplaste y pintura que ha sido retirada del servicio escolar de Canadá y Estados Unidos, que como bien escribió el Dr. Escala, no fue diseñada para el servicio colectivo de pasajeros. De modo que la prevención comenzaría por pasar a mejor vida toda esa chatarra fuente de estrés, de olores nauseabundos, de ruido infernal; colmena de improperios y escenario de violencia social, que está acabando con la salud física y emocional de cientos de usuarios. Ya no hay tiempo para consideraciones y mucho menos para concesiones, es hora de emprender una reingeniería integral a todo el sistema, enfatizando en la prevención y la seguridad vial, en las cuales las empresas distribuidoras y aseguradoras asuman un papel, por mandato legal, más beligerante en la educación y la cultura vial de los panameños.
(anelpsi@hotmail.com)

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América