Rejuego politiquero y problemática nacional
Han presentado un proyecto de Presupuesto para el 2002 que deja mucho que decir de un país ante las instituciones financieras internacionales. Es deplorable que a estas alturas la comunidad no conozca a ciencia cierta qué esperar sobre los ajustes fiscales y los ingresos inflados que se introdujeron a un anteproyecto de ley en octubre pasado, y que se han convertido en el "hazme reír" para el gobierno nacional.
Qué otra reacción podía esperarse si la presidente de la República dijo hace un mes, y lo reiteró dos semanas después, que el problema económico del país se solucionaba si la empresa privada salía a invertir. Recientemente añadió que la razón del problema de su administración es debido a que los medios de comunicación le han levantado una campaña de desprestigio que afecta la confianza en el país. Panamá no necesita que los empresarios "se pongan las pilas" ni que los medios le hagan relaciones públicas a nadie, sino que su gobierno, democráticamente elegido, cumpla con su deber. Sin coherencia y seriedad, no hay credibilidad posible. Y este gobierno no la tiene. La recesión de la economía ya no es sólo un problema económico, sino fundamentalmente social. No promueve el empleo y va sumergiendo toda la estructura productiva en un anquilosamiento cuyo alcance puede ser inimaginable. En estas circunstancias, la gente no soporta más y la situación puede desbordarse.
Si la presidenta Moscoso no está en condiciones de superar la actual situación, debería, en un gesto patriótico, convocar a las fuerzas vivas del país para que coadyuven con ella para corregir el rumbo.
No se debe colocar la inoperancia e ineficiencia por encima de los intereses del país y de sus habitantes. Al distraer sus energías en el rejuego de intereses politiqueros, postergando la solución de los graves problemas nacionales, el gobierno y la clase política en general están poniendo en peligro la paz social y el futuro de la República y de sus instituciones.
Qué otra reacción podía esperarse si la presidente de la República dijo hace un mes, y lo reiteró dos semanas después, que el problema económico del país se solucionaba si la empresa privada salía a invertir. Recientemente añadió que la razón del problema de su administración es debido a que los medios de comunicación le han levantado una campaña de desprestigio que afecta la confianza en el país. Panamá no necesita que los empresarios "se pongan las pilas" ni que los medios le hagan relaciones públicas a nadie, sino que su gobierno, democráticamente elegido, cumpla con su deber. Sin coherencia y seriedad, no hay credibilidad posible. Y este gobierno no la tiene. La recesión de la economía ya no es sólo un problema económico, sino fundamentalmente social. No promueve el empleo y va sumergiendo toda la estructura productiva en un anquilosamiento cuyo alcance puede ser inimaginable. En estas circunstancias, la gente no soporta más y la situación puede desbordarse.
Si la presidenta Moscoso no está en condiciones de superar la actual situación, debería, en un gesto patriótico, convocar a las fuerzas vivas del país para que coadyuven con ella para corregir el rumbo.
No se debe colocar la inoperancia e ineficiencia por encima de los intereses del país y de sus habitantes. Al distraer sus energías en el rejuego de intereses politiqueros, postergando la solución de los graves problemas nacionales, el gobierno y la clase política en general están poniendo en peligro la paz social y el futuro de la República y de sus instituciones.