Relaciones con Estados Unidos
Conseguidos los objetivos nacionales de origen, debemos abocarnos a la tarea de actualizar nuestros intereses comunes. Proponemos plantearlos en términos de un Canal panameño, moderno, eficiente, seguro y rentable; de prosperidad para todos los panameños; y el mantenimiento de las más armoniosas relaciones con todas las naciones. Para ello ayudaría mucho si estructuramos unas nuevas, estrechas y modernas relaciones con Estados Unidos.
Por el contrario, si las relaciones con la única superpotencia mundial se vuelven tirantes y distantes, podemos comprometer seriamente la consecución de los nuevos intereses. Y mucho tememos que hacia allá vamos.
Bajo el influjo del nacionalismo de antaño, - el de la reivindicación canalera que obtuvimos -, hemos rechazado una tras otra varias propuestas de cooperación con Estados Unidos, entre ellas, la prórroga de bases militares, el Centro Antidrogas de Howard, el patrullaje conjunto del mar territorial, los programas de acción cívica, la operación conjunta de radares, las facilidades de abastecimiento de aviones y el programa de fuerzas visitantes.
¿Hacia dónde nos conduce esa política de reiterado rechazo, alejamiento y tirantez hacia Estados Unidos? La respuesta es fácil, aunque no sea del todo clara la relación causa efecto. Para empezar hay una percepción externa e interna de inseguridad, derivada en parte de la vecindad con la conflictiva Colombia y nuestra condición de paso para el trasiego de armas, droga y blanqueo de capitales.
La inseguridad crea incertidumbre y ésta conduce a su vez al retraimiento económico. Cierto que podemos culpar al petróleo y a la debilidad de la Zona Libre, pero también existe el factor inseguridad, que es un lastre para nuestro despegue.
Otro detalle curioso es lo que atañe a nuestra moneda. Toda la vida hemos sentido orgullo por tener el dólar. Sin embargo, por extraña circunstancia, en los momentos en que mayor liquidez necesitamos, nos aparecen misteriosos, miles de billetes de cien dólares casi perfectos, cuando no hace mucho que la Reserva Federal hizo circular los nuevos billetes casi infalibles. ¿Cómo vinieron a parar precisamente aquí y en ningún otro país? ¿La CIA?
Paralelamente, la repentina aparición de Panamá en las listas negras de naciones que no cooperan adecuadamente contra el lavado de dinero, cuando el país tenía una agresiva legislación al respecto, precisamente por recomendación de Estados Unidos, no puede ser casual. Costa Rica tuvo el mismo problema desde un principio, y la sacaron en seguida de las listas, pero no a Panamá.
El reciente caso de la multimillonaria inversión en dos puertos de crucero, a los que de pronto, se suspende la llegada de los buques cargados de turistas con excusas inverosímiles, no es casualidad. ¿Y qué más nos viene?
Por el contrario, si las relaciones con la única superpotencia mundial se vuelven tirantes y distantes, podemos comprometer seriamente la consecución de los nuevos intereses. Y mucho tememos que hacia allá vamos.
Bajo el influjo del nacionalismo de antaño, - el de la reivindicación canalera que obtuvimos -, hemos rechazado una tras otra varias propuestas de cooperación con Estados Unidos, entre ellas, la prórroga de bases militares, el Centro Antidrogas de Howard, el patrullaje conjunto del mar territorial, los programas de acción cívica, la operación conjunta de radares, las facilidades de abastecimiento de aviones y el programa de fuerzas visitantes.
¿Hacia dónde nos conduce esa política de reiterado rechazo, alejamiento y tirantez hacia Estados Unidos? La respuesta es fácil, aunque no sea del todo clara la relación causa efecto. Para empezar hay una percepción externa e interna de inseguridad, derivada en parte de la vecindad con la conflictiva Colombia y nuestra condición de paso para el trasiego de armas, droga y blanqueo de capitales.
La inseguridad crea incertidumbre y ésta conduce a su vez al retraimiento económico. Cierto que podemos culpar al petróleo y a la debilidad de la Zona Libre, pero también existe el factor inseguridad, que es un lastre para nuestro despegue.
Otro detalle curioso es lo que atañe a nuestra moneda. Toda la vida hemos sentido orgullo por tener el dólar. Sin embargo, por extraña circunstancia, en los momentos en que mayor liquidez necesitamos, nos aparecen misteriosos, miles de billetes de cien dólares casi perfectos, cuando no hace mucho que la Reserva Federal hizo circular los nuevos billetes casi infalibles. ¿Cómo vinieron a parar precisamente aquí y en ningún otro país? ¿La CIA?
Paralelamente, la repentina aparición de Panamá en las listas negras de naciones que no cooperan adecuadamente contra el lavado de dinero, cuando el país tenía una agresiva legislación al respecto, precisamente por recomendación de Estados Unidos, no puede ser casual. Costa Rica tuvo el mismo problema desde un principio, y la sacaron en seguida de las listas, pero no a Panamá.
El reciente caso de la multimillonaria inversión en dos puertos de crucero, a los que de pronto, se suspende la llegada de los buques cargados de turistas con excusas inverosímiles, no es casualidad. ¿Y qué más nos viene?