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Relaciones con "las dos Chinas"


La República de Panamá, como país y Estado soberano, tiene el derecho de escoger cuál es el rumbo correcto en sus relaciones diplomáticas con los demás miembros de la comunidad internacional. Indiscutiblemente, el hecho que Panamá reconozca a la República de China en Taiwán ya haya planteado el derecho de esta nación a ser parte de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), merece un análisis complejo del porqué esta postura y cuál es el caso de la otra relación, esta vez con la China Popular.
La visita de la vicepresidenta de Taiwán, Annett Lu, a Panamá representa un paso de consolidación entre ambas naciones a una amistad diplomática fuerte y el simbolismo que significa concretar un acuerdo de libre comercio que beneficiaría a los dos Estados. Un hecho pragmático que no podemos obviar.
A pesar del ambiente político pre - electoral y las constantes críticas a sus constantes giras al exterior, la presidenta Mireya Moscoso realiza un viaje polémico hacia la República de China en Taiwán, uno de los socios claves del istmo en Asia.
Paralelamente al viaje de la presidenta Moscoso a Taipei, el vicepresidente Arturo Vallarino también efectuará pronto una visita a China Popular, el titán del Lejano Oriente. Junto con el vicepresidente panameño irán Aristides Royo, ex presidente de Panamá y otros ilustres ciudadanos.
El viaje de la mandataria panameña a Taiwán, en el marco de una cumbre de presidentes centroamericanos en Taipei ( que es observador en el grupo de integración de naciones de América Central) destaca, sobre todo, la posibilidad de entablar un ambicioso acuerdo de libre comercio con la China democrática, algo que puede traer muchos beneficios para la economía nacional. Aunque hay algunos detractores, debido a pasajes oscuros y al miedo a ser sobrepasados por el poderío industrial - tecnológico y los productos agrícolas taiwaneses.
Taiwán, considerada puerta del Oriente, tiene un mercado de 24 millones de habitantes y grandes centros aeroportuarios y navales que pueden brindar al Istmo muchas ventajas para promover productos nacionales en el otro lado del globo. Eso es en teoría, y sólo esperamos que así sea en la práctica. Por supuesto para Taiwán, Panamá es muy importante, pues de los 27 países que reconocen diplomáticamente a este Estado, la nación panameña tiene el canal interoceánico y es un punto de partida para expandir negocios e influencia en América Latina.
Por otro lado, el gobierno de China Popular parece más motivado en lograr su propósito de fortalecer su acercamiento político, económico y cultural con Panamá. Pekín es el tercer socio del Canal de Panamá, además de uno de los inversionistas más fuertes en el istmo, en ramas como los puertos y servicios. Nadie duda que también es una puerta a un enorme mercado de consumidores: más de mil millones de personas viven en el gigante asiático.
La cuestión del reconocimiento diplomático chino es clave dentro de la política exterior panameña. Por supuesto, reconocer a Taiwán y no a China Popular tiene beneficios y consecuencias. Desde mediados del siglo pasado, Panamá mantiene relaciones con China democrática sencillamente por su estrecha cooperación comercial y cultural. Para efectos, la presencia de intereses taiwaneses en los últimos años ha sido más evidente que la de China Popular, aunque gran parte de la comunidad china es del continente chino.
El pragmatismo de la relación con Taiwán redunda en los logros comerciales y culturales que se obtengan de pactos estratégicos con dicha nación y los panameños. Obviamente, el acuerdo comercial con Taipei, el primero de Taiwán, será tremendamente influyente en nuestra diplomacia.
Siempre hemos considerado que Panamá debe ser un elemento conciliador para lograr cualquier tipo de acercamientos entre Taiwán y China Popular. Si mantenemos relaciones cordiales con ambas naciones, si hasta hemos cooperado en el ingreso de las "Dos Chinas" en la Organización Mundial del Comercio (OMC), entonces por qué no podemos ser un factor para permitir el sueño de una unidad china, sin ocultar la realidad existente en el Estrecho de Formosa: que hay dos Estados chinos separados, aunque Pekín mantiene su reclamo de soberanía en Taiwán. Sólo los chinos pueden resolver el problema que los separa actualmente.
Finalmente, el pueblo panameño deberá decidir, según su conveniencia, si Taiwán o China Popular merecen nuestro reconocimiento diplomático. La lógica indica que Taiwán, país que ha ofrecido su amistad y su amplia cooperación, parece haber logrado la bendición de Panamá para fortalecer su relación bilateral.

101 años de Panamá América

 
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