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Relaciones con Taiwán


En más de una ocasión he escrito sobre el tema de las relaciones que tiene Panamá con Estados como Cuba y la República de China (Taiwán). Sigo creyendo que las mismas, al igual que todas las demás, no son ni más ni menos que la expresión de la soberanía del Estado panameño en determinar con quiénes quiere o prefiere mantener vínculos diplomáticos. De la misma manera, sigo creyendo que soberanamente nuestro país debe establecer relaciones diplomáticas con la República Popular de China (China Continental), justamente como producto del ejercicio soberano de un Estado que escoge a sus amigos, pero que no le permite a otro Estado que le seleccione a sus enemigos.
Es por lo antes expuesto que atendí la gentil invitación que me hiciera el Gobierno de la República de China a visitar por una semana ese país insular. Si bien es cierto ya había visitado Taiwán en 2001, no es menos cierto que aquella fue una visita con todo el rigor protocolar que la delegación del nivel del Órgano Legislativo de Panamá de ese año ameritaba; de manera que con tanto protocolo era difícil, en aquella ocasión, dimensionar lo que ese pueblo había desarrollado hasta ese año.
Ahora, la invitación era en función de comunicador social, pero no solo para conocer esa especie de fenómeno económico y político que han podido desarrollar los taiwaneses, sino también para conocer todas las áreas de las cuales muchos panameños podrían sacar innumerables beneficios ya no tanto producto de las relaciones diplomáticas como del intercambio de experiencias y tecnología.
¡Ojo con algo! están absolutamente conscientes de los escándalos por malos manejos de fondos que ellos han donado en países como Panamá, pero mientras esperan que esas situaciones se aclaren a través de la justicia (aquí y allá) siguen dispuestos a intercambiar y apoyar modelos de desarrollo y tecnología para mejorar la calidad de vida de la gente que más lo necesita. ¿Y por qué? Bueno, creo que hay dos respuestas a esa pregunta. Por un lado, porque ellos saben o conocieron la importancia de mejorarle la calidad de vida a las bases populares de su sociedad tanto en materia económica como en educación; y claro está, como un gesto hacia las poblaciones de los Estados que les han reconocido como Estado.
Por ejemplo, la versión taiwanesa de lo que para nosotros es el INADEH es digna de admirar, pero también de imitar. La mano del Estado presente, vía presupuesto y la toda poderosa presencia de la empresa privada que está muy clara en que es la principal beneficiaria de lo que esa institución hace con el recurso humano. Ojalá, el ingeniero Juan Planels tenga la oportunidad de conocer ese desarrollo porque si en Panamá hiciéramos la mitad de lo que ellos han hecho en esa área estaríamos sacando a mucha gente de la pobreza económica y de conocimiento. Pero resulta que nosotros tenemos algo que ellos no tienen en este tema de formación vocacional, a todos los panameños que trabajamos nos quitan el denominado impuesto del seguro educativo, que entiendo que una parte se va para el IFARHU (¡Muy bien!) y otra para los sindicatos (¡qué barbaridad!). Ojalá, tanto el Ejecutivo como el Legislativo en lugar de perder tiempo en discusiones estériles que no le aportan nada al país se dispusieran a ayudar en algo a buena parte de este sufrido pueblo y modificaran la Ley del Seguro Educativo redistribuyendo esos fondos para que sean bien utilizados (en el INADEH) y no mal usados (en los sindicatos), para eso ellos cobran sus cuotas sindicales.
Pero mientras más conocía de lo que los taiwaneses han hecho en tan poco tiempo más me preguntaba ¿qué han hecho ellos que no hemos hecho nosotros? Porque son tan seres humanos como los panameños, biológicamente hablando, la diferencia está fundamentalmente en el fenotipo (ellos son chinos, nosotros creo que latinos). ¿Cómo en menos tiempo y menos espacio han desarrollado tanto? En 2009 el proyecto que ellos iniciaron cumplirá 60 años, ese mismo año nosotros estaremos celebrando 106 aniversario de independencia. Ellos tienen unos 36 mil kilómetros cuadrados en una isla sin recursos naturales y con 23 millones de habitantes; pero están entre las primeras 20 economías del mundo y con tan solo 4% de desempleo. Nosotros con el doble de extensión territorial, en tierra firme, unos 3 millones de población y con por lo menos el recurso natural de la explotación de nuestra ubicación geográfica y de parte de nuestros recursos marinos estamos en la posición número N de las economías, totalmente endeudados en no sé cuántas generaciones y con dos dígitos de desempleo.
¿Qué hicieron o siguen haciendo? Simple, claridad de objetivos nacionales; continuidad de gobierno a gobierno en los temas de Estado. Creo que los panameños podemos desarrollar un fenómeno económico y político como el de Taiwán, creo que tenemos las mismas capacidades humanas que ellos, que podríamos beneficiarnos muchísimo de su experiencia y que por ello el Gobierno de Panamá tiene la obligación, por el bien de muchos panameños, de desarrollar una estrategia en la que nuestros conciudadanos sientan el beneficio directo de estas relaciones, lo contrario sería una gran injusticia.
El Hospital Santo Tomás (HST) fue inaugurado en 1924, mientras que la historia del Hospital del Niño está ligada a la Ley 17 del 23 de agosto de 1958, sancionada por el presidente Ernesto De La Guardia Jr., que creaba al nosocomio como una entidad autónoma regentada por un patronato.

101 años de Panamá América

 
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