Relaciones necesarias con equidad
Querámoslo o no, Panamá tiene múltiples nexos con los Estados Unidos: éste es su principal socio comercial y el primer inversionista extranjero en el país: hacia los Estados Unidos emigran muchos nacionales; allí se forman numerosos profesionales panameños: los patrones de consumo, la música, la televisión, la tecnología de punta en los distintos campos del conocimiento están cada vez más marcados por la influencia estadounidense. Y, como es suficiente claro, la revolución política de Panamá está condicionada por la política exterior de Washington.
Sin embargo, los panameños conocemos muy poco acerca de los Estados Unidos. Con frecuencia, nos limitamos a estereotipos simples y homogéneos. Ignoramos la historia y la cultura de la nación, su enorme diversidad, los estados que la componen y la enorme variedad de organizaciones y movimientos que le dan su dinamismo. Tenemos ideas muy vagas acerca de las tendencias de su economía que condiciona las del resto del mundo y en particular la nuestra. No sabemos cómo se elabora la política exterior de los Estados Unidos, ni cómo, quién y por qué se toman decisiones que marcan nuestro presente y nuestro futuro. Desconocemos qué lugar ocupa Panamá en las preocupaciones e intereses estadounidenses y nos atenemos, quizás, a estereotipos del pasado. Convivimos, pues, con un gigante desconocido. Por esta razón, cometemos con frecuencia graves errores en el manejo de las relaciones con ese país.
Para hacer una evaluación completa por las que atraviesan estas relaciones es necesario tener en cuenta, por una parte, los antecedentes generales de sus políticas exteriores y, por otra, los profundos cambios que ha sufrido el escenario internacional en los últimos años.
Sin embargo, los panameños conocemos muy poco acerca de los Estados Unidos. Con frecuencia, nos limitamos a estereotipos simples y homogéneos. Ignoramos la historia y la cultura de la nación, su enorme diversidad, los estados que la componen y la enorme variedad de organizaciones y movimientos que le dan su dinamismo. Tenemos ideas muy vagas acerca de las tendencias de su economía que condiciona las del resto del mundo y en particular la nuestra. No sabemos cómo se elabora la política exterior de los Estados Unidos, ni cómo, quién y por qué se toman decisiones que marcan nuestro presente y nuestro futuro. Desconocemos qué lugar ocupa Panamá en las preocupaciones e intereses estadounidenses y nos atenemos, quizás, a estereotipos del pasado. Convivimos, pues, con un gigante desconocido. Por esta razón, cometemos con frecuencia graves errores en el manejo de las relaciones con ese país.
Para hacer una evaluación completa por las que atraviesan estas relaciones es necesario tener en cuenta, por una parte, los antecedentes generales de sus políticas exteriores y, por otra, los profundos cambios que ha sufrido el escenario internacional en los últimos años.