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Relanzar la política


LOS RETOS Y compromisos que trae consigo la conducción de un partido político, en estos tiempos de poca fe, son enormes. El desgaste de la denominada clase política es una realidad y, la mayoría de las veces, por causas que encuentran plena justificación. Hacer política de la forma como se ha hecho en los últimos tiempos, rememorando las viejas y desgastadas prácticas de antaño, son causa importante del desgaste. Pero eso no significa que la existencia y vigencia de los partidos políticos deba ser relegada, menospreciada o anulada en un sistema democrático.
A diferencia de años atrás, la sociedad, organizada a través de sus distintos estamentos, ha comenzado a reclamar su espacio, es decir, a jugar más determinadamente en la búsqueda de la solución a sus problemas o en la canalización de sus inquietudes e iniciativas. La opinión pública, muchas veces, resulta el mejor de los frenos a los excesos, sobre todo cuando los sistemas administradores de justicia, entre otros, dejan mucho que desear y los cuestionamientos producto de su accionar encuentran eco en una sociedad que ya le cuesta creer. Realidades con las que hay que vivir.
Hace poco propuse a los demás colegas presidentes de partidos de oposición que hiciéramos el gran esfuerzo de relanzar la actividad política. En una democracia, nunca la sociedad civil será la llamada a gobernar, pero, con razón, ésta aspira a que la gobiernen bien y de eso se trata. Esa responsabilidad la tienen entonces los partidos políticos. Seguir usando la política para administrar cuotas de poder o prebendas personales, es simplemente insistir en el "más de lo mismo" que ya ha dejado negativas huellas en el accionar nacional. Por ello, creo, se impone un cambio.
La conducción de un partido no es tarea fácil. Como no se trata de un club social o cívico, se mezclan en él intereses, principios, simpatías, legítimas aspiraciones, lealtades y deslealtades, grandes sacrificios personales si de verdad hay compromiso, pero sobre todo, el deseo de llegar al poder y gobernar bien el país. En esta aspiración es cuando debe imponerse la mayor de las responsabilidades ya que los actos que en función de gobierno se hacen o dejan de hacerse, impactan irremediablemente la vida de toda una nación y esto es, en verdad, algo muy serio. Buscar que impacten positivamente es el reto.
Hay que aprovechar la oportunidad que se nos brinda para hacer las cosas bien y prepararse a conciencia para poder aspirar a conducir los destinos nacionales, sabiendo y entendiendo lo que se desea hacer cuando llegue ese momento. Ganar una elección es importante, por supuesto. Pero saber qué hacer con el poder, lo es más. De lo contrario, la incoherencia y la improvisación mostrarán sus mejores galas y comienza otra vez el ciclo de las grandes frustraciones. De eso, ya tenemos bastante. Hay que entender al país y sus realidades, para luego aspirar a gobernarlo y transformarlo con éxito, buscando para ello el concurso de todos los grupos, políticos o cívicos.
El país de hoy no será el del 2009. Si no lo creen, examinemos la agenda de los temas pendientes y se darán cuenta el por qué lo digo.
En nuestro partido, Solidaridad, estamos procurando avanzar en esa dirección. El esfuerzo de fusión con el Partido Liberal Nacional apunta en esa dirección. Confieso que no es fácil y que a veces, las incomprensiones del cambio pueden causar incertidumbre. Es natural. Pero meterse en esto para dejar que la inercia sea la que decida, no me hace ningún sentido. Asumir el reto y el compromiso impone, desde mi perspectiva, la obligación con el país de procurar darle un vuelco positivo al accionar político y eliminar el descrédito en que desean mantener algunos a la vida política, eso sí, desde afuera, por supuesto, estacionados en la crítica, sin meterse ni entender el cúmulo de sacrificios que genera este trabajo. Es decir, sin asumir riesgos ni desgastes de ningún tipo.
Hay una oportunidad valiosa por delante, en medio de grandes expectativas. Es por ello que ese relanzamiento que he propuesto se debe analizar para cambiar el giro de la acción política en democracia y no permitir que la inacción o la acción equivocada termine por afectar ese gran futuro que tenemos, pero que entre todos debemos forjar, como la tarea más importante de la postergada agenda nacional.

101 años de Panamá América

 
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