Relevo generacional
El hecho que los postes y cada lugar donde la vista alcance aparezca colmada con la imagen sonriente de algún ilustre desconocido que aspira a algún cargo de elección popular, nos preocupó. Concebíamos que toda candidatura debía ser la culminación de una, más o menos, extensa foja o carrera de servicios o participación ciudadana en la vida pública. Pero, contrario a ello, de pronto, las papeletas de elección aparecerán llenas de gente anónima entre la que hay que escoger y votar. ¿Cómo elegir al mejor con antecedentes vacíos? Sin embargo, el mundo y la vida no son perfectos.
Perdimos de vista momentáneamente que este país tuvo 21 años de dictadura, en los que se perdió al menos dos generaciones de políticos que se vieron impedidos de participar.
La primera señal de relevo generacional tuvo lugar con la Cruzada Civilista Nacional, un movimiento de organizaciones de la sociedad civil y la Iglesia, que fue encabezado por jóvenes de discreto o ningún perfil ni antecedente político, como Gilbert Mallol, Aurelio Barría y Roberto Brenes.
Aquel movimiento barrió con la dictadura y creó un espacio que, tras el renacimiento de la democracia, fue llenado por duchos y añejos políticos, cuyas aspiraciones habían yacido largamente represados.
Hoy, tras 14 años de democracia y rumbo a la tercera elección, una nueva generación de políticos está ganando su propio espacio, así sea por saturación o por la toma por asalto de los partidos o las postulaciones a puestos de elección.
Es la misma a las que nos estamos refiriendo. Son Rubén Arosemena, Samuel Lewis Navarro, Martín Torrijos, José Miguel Alemán, Ricardo Martinelli, Roxana Méndez, Sandra Escorcia, José Luis Fábrega, Marco Ameglio, Víctor Méndez Fábrega, Juan Carlos Navarro, Fernando Arias, Mariela Jiménez, Carlos Zavalas y tantos otros, entre los más conocidos, y muchos más que no lo son.
De cualquier forma, es positiva la participación masiva de gente nueva, que vaya en busca de su propia proyección pública.
Por lo único que hacemos votos es porque todos estos nuevos políticos sean movidos por nobles ideales de servicio a la comunidad y a la Patria, que esté dispuesto a servir y no a servirse de ella.
Perdimos de vista momentáneamente que este país tuvo 21 años de dictadura, en los que se perdió al menos dos generaciones de políticos que se vieron impedidos de participar.
La primera señal de relevo generacional tuvo lugar con la Cruzada Civilista Nacional, un movimiento de organizaciones de la sociedad civil y la Iglesia, que fue encabezado por jóvenes de discreto o ningún perfil ni antecedente político, como Gilbert Mallol, Aurelio Barría y Roberto Brenes.
Aquel movimiento barrió con la dictadura y creó un espacio que, tras el renacimiento de la democracia, fue llenado por duchos y añejos políticos, cuyas aspiraciones habían yacido largamente represados.
Hoy, tras 14 años de democracia y rumbo a la tercera elección, una nueva generación de políticos está ganando su propio espacio, así sea por saturación o por la toma por asalto de los partidos o las postulaciones a puestos de elección.
Es la misma a las que nos estamos refiriendo. Son Rubén Arosemena, Samuel Lewis Navarro, Martín Torrijos, José Miguel Alemán, Ricardo Martinelli, Roxana Méndez, Sandra Escorcia, José Luis Fábrega, Marco Ameglio, Víctor Méndez Fábrega, Juan Carlos Navarro, Fernando Arias, Mariela Jiménez, Carlos Zavalas y tantos otros, entre los más conocidos, y muchos más que no lo son.
De cualquier forma, es positiva la participación masiva de gente nueva, que vaya en busca de su propia proyección pública.
Por lo único que hacemos votos es porque todos estos nuevos políticos sean movidos por nobles ideales de servicio a la comunidad y a la Patria, que esté dispuesto a servir y no a servirse de ella.