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Religión y Estado


Parece que hemos comenzado a olvidar las repuestas básicas que la modernidad nos entregó, pues, últimamente, las relaciones entre el Estado y las religiones se están volviendo confusas, sin necesidad ni beneficio para el país. Así tenemos ahora una ley que crea el mes de la biblia, conocida tradición de las iglesias evangélicas que no tenía ninguna relación con la Iglesia Católica, ni las iglesias cristianas de otras denominaciones. No sabemos por qué ni para qué necesitaban los evangélicos que su tradición apareciese reforzada por una ley del Estado. No obstante la pública oposición del Comité Ecuménico, los legisladores cedieron y aprobaron lo que impulsaba un pequeño grupito en el pleno legislativo.

Ahora se discute la ley del ordinariato, que no es más que un acuerdo con el Vaticano para que haya una estructura eclesiástica en la Fuerza Pública que le pueda prestar servicios religiosos a esa institución. Los evangélicos se oponen con cierta vehemencia y alegan que debe haber separación entre Estado e Iglesia. En realidad, las leyes de este tipo existen desde hace mucho tiempo en América Latina y no representan más que un reconocimiento a la mayoría católica, concepto que además está incorporado en la Constitución. Si sigue "la pelea" y no se aprueba la ley del ordinariato, es probable que en la próxima reforma constitucional los evangélicos también acomoden las cosas a su particular gusto y entendimiento.

¡Sálvenos Dios de estas influencias!

101 años de Panamá América

 
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