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Remembranzas


"El alma es una confluencia de relaciones de la que surgen los contextos y los significados, y este flujo de contextos y significados es lo que da lugar a la experiencia. Así, a través del alma creamos nuestras vidas", Dr. Deepak Chopra.
Cuando leí ese pensamiento comprendí plenamente porqué mi mente retrocedía constantemente a períodos de mi infancia. Hoy, regreso a Colón, cuando apenas tenía unos ocho años. Gocé y disfruté de una familia numerosa, pero a quien más visualizo en retrospectiva, es a mi abuelita, Doña Gertrudis Madrid. Ella, en los últimos cinco años de su vida, ocupó un departamento en el Maison Blanch. Tenía un amplísimo balcón con vista al parque de Avenida Balboa, donde se celebraban las retretas, y a la Ave. Bolívar por donde pasaban los desfiles patrios, que yo admiraba en su compañía. Ella fue la fuerza que facilitó mis estudios y el impulso que me llevó a buscar mis raíces antioqueñas a través de las cartas que me dictaba.
Hoy, el Maison Blanche, con casi un siglo de existencia, se está desplomando para hacerle compañía a los esqueletos de los antiguos edificios Wilconx, Hudson y otros cuyos nombres no he podido recordar.
Sé que mi mente no circunscrita la domina el amor y es por eso que prefiero recordar un Colón limpio, con casas de balcones anchos y 16 calles bien pavimentadas; un parque centenario lleno de papos de la reina en flor; aceras anchas, dos playas donde se podía nadar; la de calle séptima (hierro alto) y la del Planchón en Nuevo Cristóbal.
Mi conciencia individual sufre cuando ya no observo niños jugando sanamente en las calles de Colón; cuando no ve un mercado pequeño, pero profilácticamente sano; y un hospital Amador Guerrero guiñándole sus ojos al mar, satisfecho por su buen servicio.
Mi mente requiere energía para olvidar los patines y las bicicletas en plena calle seis y Ave. Herrera, sin peligro, y los clavados de palitos y carreras en la Avenida Amador Guerrero, con niños contentos y alegres. ¿Qué se hicieron los balcones amplios?
Necesito una conciencia pura para retroceder y volver a ver el Colón de antes. Lo que se presenta ante mi vista, sin embargo, hace que mi mente actúe fuera del espacio y el tiempo para poder ver la realidad de mi Colón querido. Ahí la pobreza y la basura campean en muchísimos cascarones de edificios condenados, pero con hombres, mujeres y niños conviviendo en la miseria, el peligro y el temor.
Me duelen mis sentidos cuando me sitúo en el pobre Colón de hoy, donde hay bandas de delincuentes con nombre y territorio, calles que por años recorrí sin temor alguno (tercera, quinta y octava).
Mi conciencia pura se resiste enfrentarse al cruel presente de mi Colón querido. Al fin y al cabo solamente tengo un Yo indivisible, abundante en lo que disfruté, en lo que amé y gocé.
Tengo que desplazar mis sentidos y pensar en términos de un futuro promisorio para la ciudada de Colón. Trabajo para mi gente, viviendas decorosas, arreglo de sus calles, y un sistema sanitario moderno y completo. Colón necesita sanidad mental y física. Mi memoria se resiste a mantener la sensación de una continuidad injusta que los colonenses no merecemos. Para revivir mi alma termino con el siguiente pensamiento: "Heliotropismo es el mecanismo natural que permite a las plantas crecer en dirección a la luz".

101 años de Panamá América

 
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