Remembranzas
El mes de mayo es el mes de la Virgen y de las flores. Para mí desde hace mucho tiempo se presenta como un Vía Crucis de remembranzas tristes.
El 25 de mayo la nostalgia me abrumó. Mi corazón estaba hecho pedacitos como las mil piezas de un rompecabezas que solía armar. Un día como ese partió a mejor vida, hace un cuarto de siglo, mi hijo Navi que contaba, entonces sólo veinticinco años.
Aunque he aprendido a vivir de sus recuerdos, todos maravillosos, aún siento su ausencia. El dejó un camino sembrado de rosas sin espinas, salpicado de luces fluorescentes para que jamás nos olvidáramos de él.
Navi tenía una sensibilidad artística única. Siempre pensé que se dedicaría a la arquitectura pero dentro de él bullía un firme deseo de trabajar con tubos de prueba, conocer otros lares, sentir la brisa del mar curtir su rostro y hundirse en el lodo del cual recogería muestras. Por eso estimo que finalmente se decidiera por la Oceanografía, ciencia a la que no pudo dedicarse por su prematura partida. Me he preguntado todos estos años por qué apegarme a las cosas materiales que Navi nos dejó y hace una semana empecé a deshacerme del contenido del maletín de los recuerdos: sus medallas, sus calificaciones, sus diplomas de honor, sus notificaciones de dos becas recibidas por sus buenos créditos una gozada a medias y la otra sin disfrutar en la Sothampton University en Inglaterra. Entre sus pertenencias hay un documento que conservaré a través del tiempo y el espacio. Aunque estuviese fechado diciembre 24 de 1971, yo lo recibí en mayo de 1974. Desde entonces yo lo he leído muchísimas veces porque me hace profundizar en mis reflexiones. Siempre termino diciéndome: ¿Por qué? ºBuenos Días tristeza! si lo mejor de Navi lo has tenido siempre, su espiritualidad.
Hoy quiero compartir con mis lectores mi mejor legado: "Papá y Mamá: Cuántas cosas no hubiera querido regalarles cada vez que estamos juntos; tal vez a papá le hubiera dado un billete de lotería entero, una corbata, un buen libro, que sé yo... tantas cosas son las que han pasado por mi mente, por mis ojos y mi corazón que aún teniendo los medios me hubiera sido difícil escoger. A ti mamá te hubiera querido ver como a una reina, adornada con una linda diadema o un precioso collar, un juego de traje-pantalón, un disco de tu agrado. Son tantas cosas las que quisiera y tantas las que no puedo, que he decidido entregarles lo único que tengo de valor en mi vida ( a excepción de Uds. y mi familia), las únicas cosas buenas que hay dentro de mí todo lo que poseo. Les doy mis ambiciones de ser un buen hombre, un profesional; en mi campo lo mejor.
Les doy mis ilusiones, mis alegrías, mis risas, mis buenos ratos con Uds.
Les doy mis recuerdos, mis triunfos y mis buenas experiencias. Mucho ha sido lo bueno que he aprendido y todavía me falta por aprender; les doy mi palabra de seguir siempre su ejemplo".
¿Cuántas personas tienen tiempo para despedirse así? ¿Sintió, acaso, por adelantado la llamada del Señor?
El 25 de mayo la nostalgia me abrumó. Mi corazón estaba hecho pedacitos como las mil piezas de un rompecabezas que solía armar. Un día como ese partió a mejor vida, hace un cuarto de siglo, mi hijo Navi que contaba, entonces sólo veinticinco años.
Aunque he aprendido a vivir de sus recuerdos, todos maravillosos, aún siento su ausencia. El dejó un camino sembrado de rosas sin espinas, salpicado de luces fluorescentes para que jamás nos olvidáramos de él.
Navi tenía una sensibilidad artística única. Siempre pensé que se dedicaría a la arquitectura pero dentro de él bullía un firme deseo de trabajar con tubos de prueba, conocer otros lares, sentir la brisa del mar curtir su rostro y hundirse en el lodo del cual recogería muestras. Por eso estimo que finalmente se decidiera por la Oceanografía, ciencia a la que no pudo dedicarse por su prematura partida. Me he preguntado todos estos años por qué apegarme a las cosas materiales que Navi nos dejó y hace una semana empecé a deshacerme del contenido del maletín de los recuerdos: sus medallas, sus calificaciones, sus diplomas de honor, sus notificaciones de dos becas recibidas por sus buenos créditos una gozada a medias y la otra sin disfrutar en la Sothampton University en Inglaterra. Entre sus pertenencias hay un documento que conservaré a través del tiempo y el espacio. Aunque estuviese fechado diciembre 24 de 1971, yo lo recibí en mayo de 1974. Desde entonces yo lo he leído muchísimas veces porque me hace profundizar en mis reflexiones. Siempre termino diciéndome: ¿Por qué? ºBuenos Días tristeza! si lo mejor de Navi lo has tenido siempre, su espiritualidad.
Hoy quiero compartir con mis lectores mi mejor legado: "Papá y Mamá: Cuántas cosas no hubiera querido regalarles cada vez que estamos juntos; tal vez a papá le hubiera dado un billete de lotería entero, una corbata, un buen libro, que sé yo... tantas cosas son las que han pasado por mi mente, por mis ojos y mi corazón que aún teniendo los medios me hubiera sido difícil escoger. A ti mamá te hubiera querido ver como a una reina, adornada con una linda diadema o un precioso collar, un juego de traje-pantalón, un disco de tu agrado. Son tantas cosas las que quisiera y tantas las que no puedo, que he decidido entregarles lo único que tengo de valor en mi vida ( a excepción de Uds. y mi familia), las únicas cosas buenas que hay dentro de mí todo lo que poseo. Les doy mis ambiciones de ser un buen hombre, un profesional; en mi campo lo mejor.
Les doy mis ilusiones, mis alegrías, mis risas, mis buenos ratos con Uds.
Les doy mis recuerdos, mis triunfos y mis buenas experiencias. Mucho ha sido lo bueno que he aprendido y todavía me falta por aprender; les doy mi palabra de seguir siempre su ejemplo".
¿Cuántas personas tienen tiempo para despedirse así? ¿Sintió, acaso, por adelantado la llamada del Señor?