Remembranzas de una gesta
Pasados los festejos del Centenario que cierran un ciclo de vida republicana llena de acontecimientos y situaciones que determinan la consolidación de nuestro territorio como Estado libre, soberano e independiente, bueno es retrotraernos a la década del "60 que es el período en donde se enmarcan dos hechos trascendentales de nuestra historiografía y de gran connotación nacional, cuales son; el 11 de octubre de l968, ocasión en que se quebrantó la institucionalidad del Estado panameño y el 9 de enero de l964, fecha trágica y memorable que, sin embargo, dio inicio a la cruzada abrogacionista del oprobioso y leonino Tratado Hay-Bunau Varilla de l903, el cual vulneraría los cimientos de nuestra soberanía por varias décadas.
Estos hechos históricos, si bien no son los únicos y más preponderantes de nuestra vida nacional ni tampoco guardan concomitancia entre sí, tienen, empero, indistintamente una ligazón en cuanto a antecedentes episódicos que en su momento y circunstancias se sucedieron y llegarían a enriquecer la naturaleza patriótica del ser nacional panameño.
Si el propósito del escrito es destacarlos dentro de sus fechas de aniversarios, es propicia la ocasión para resaltar la fecha del 9 de enero de l964 dado el hecho de cumplirse este 2004, 40 años de su acontecer.
En tal sentido, es deber patriótico recordar, pues, que la gloriosa gesta del 9 de enero, no fue más que el desborde nacionalista de un pueblo que apostaba por su soberanía territorial al ver constantemente mancillada ésta, como consecuencia de las continuas violaciones e interpretaciones unilaterales que al lacerante Tratado General de l903 hacía Estados Unidos y que ya a lo largo de las primeras décadas de la República, producían protestas y manifestaciones antinorteamericanas por parte de los sectores populares, lo que a la sazón originarían la revisión de dicho tratado por ambos gobiernos, su ulterior abrogación y por ende, subrogación por el Torrijos-Carter.
Y es que la insigne gesta del 9 de Enero tiene sobrados antecedentes que preludiaron los hechos de aquellos aciagos días, los cuales se remontan a poco más de un año de nuestra independencia de l903 cuando Belisario Porras y Francisco Filós, con un claro atisbo nacionalista, hacen un exhaustivo análisis del documento de marras de l903, concluyendo que no hubo transferencia de soberanía y que la garantía ofrecida de preservar nuestra independencia por parte de Estados Unidos, no constituía razón para considerarnos un protectorado.
Es lamentable, que si bien y justificadamente se ha ponderado en la celebración del Centenario a las figuras de los próceres y artífices de nuestra independencia, no se haya evocado con igual preeminencia a los 2l mártires del 9 de enero de l964 y los más de 500 heridos de dicha gesta, los cuales se constituyen también en parte de la reafirmación e identificación territorial y soberana que hoy tiene la nación panameña.
A esta falta de percepción de que adolecieron los organizadores del Centenario, ha de añadirse lo de la falta de sensibilidad humana denotada en los últimos gobernantes del país que han hecho caso omiso a los constantes clamores por parte de muchos de los heridos de aquella agresión armada, en el sentido de solicitar la revisión de las pensiones que mediante Ley No.2 de l9 de enero de l965 (Gaceta Oficial l5299), les fue fijada en B/l00.00 mensuales, algunos de los cuales quedaron incapacitados físicamente de poder realizar una actividad laboral que paleara un tanto su endeble economía, toda vez que han transcurrido 40 años y, actualmente, las condiciones de vida se han encarecido en relación con aquella fecha.
Se cuenta que hace sólo un año (coincidente con la fecha), uno de los afectados colocó personalmente en manos de la presidenta Moscoso, una carta-petición para una entrevista futura, y hasta hora, aún espera respuesta. Es cierto que no hay que olvidar a los muertos como dicen, y que sólo se muere cuando se olvida; pero tampoco hay que olvidar a los que sobrevivieron aquel infausto 9 de enero de l964.
Estos hechos históricos, si bien no son los únicos y más preponderantes de nuestra vida nacional ni tampoco guardan concomitancia entre sí, tienen, empero, indistintamente una ligazón en cuanto a antecedentes episódicos que en su momento y circunstancias se sucedieron y llegarían a enriquecer la naturaleza patriótica del ser nacional panameño.
Si el propósito del escrito es destacarlos dentro de sus fechas de aniversarios, es propicia la ocasión para resaltar la fecha del 9 de enero de l964 dado el hecho de cumplirse este 2004, 40 años de su acontecer.
En tal sentido, es deber patriótico recordar, pues, que la gloriosa gesta del 9 de enero, no fue más que el desborde nacionalista de un pueblo que apostaba por su soberanía territorial al ver constantemente mancillada ésta, como consecuencia de las continuas violaciones e interpretaciones unilaterales que al lacerante Tratado General de l903 hacía Estados Unidos y que ya a lo largo de las primeras décadas de la República, producían protestas y manifestaciones antinorteamericanas por parte de los sectores populares, lo que a la sazón originarían la revisión de dicho tratado por ambos gobiernos, su ulterior abrogación y por ende, subrogación por el Torrijos-Carter.
Y es que la insigne gesta del 9 de Enero tiene sobrados antecedentes que preludiaron los hechos de aquellos aciagos días, los cuales se remontan a poco más de un año de nuestra independencia de l903 cuando Belisario Porras y Francisco Filós, con un claro atisbo nacionalista, hacen un exhaustivo análisis del documento de marras de l903, concluyendo que no hubo transferencia de soberanía y que la garantía ofrecida de preservar nuestra independencia por parte de Estados Unidos, no constituía razón para considerarnos un protectorado.
Es lamentable, que si bien y justificadamente se ha ponderado en la celebración del Centenario a las figuras de los próceres y artífices de nuestra independencia, no se haya evocado con igual preeminencia a los 2l mártires del 9 de enero de l964 y los más de 500 heridos de dicha gesta, los cuales se constituyen también en parte de la reafirmación e identificación territorial y soberana que hoy tiene la nación panameña.
A esta falta de percepción de que adolecieron los organizadores del Centenario, ha de añadirse lo de la falta de sensibilidad humana denotada en los últimos gobernantes del país que han hecho caso omiso a los constantes clamores por parte de muchos de los heridos de aquella agresión armada, en el sentido de solicitar la revisión de las pensiones que mediante Ley No.2 de l9 de enero de l965 (Gaceta Oficial l5299), les fue fijada en B/l00.00 mensuales, algunos de los cuales quedaron incapacitados físicamente de poder realizar una actividad laboral que paleara un tanto su endeble economía, toda vez que han transcurrido 40 años y, actualmente, las condiciones de vida se han encarecido en relación con aquella fecha.
Se cuenta que hace sólo un año (coincidente con la fecha), uno de los afectados colocó personalmente en manos de la presidenta Moscoso, una carta-petición para una entrevista futura, y hasta hora, aún espera respuesta. Es cierto que no hay que olvidar a los muertos como dicen, y que sólo se muere cuando se olvida; pero tampoco hay que olvidar a los que sobrevivieron aquel infausto 9 de enero de l964.