¡Rémoras antidemocráticas!
Subalternos y no mandamases; eso deben ser los magistrados del Tribunal Electoral. Pero éstos, por la pasividad de la mayoría de la ciudadanía y contando con la deliberada y premeditada complicidad de las dirigencias de los partidos se han adueñado del sistema electoral; lo manipulan a su antojo y capricho; e imponen contenidos y tiempos, tipificándose como auténticas “rémoras antidemocráticas”.
Los caballeros de marras, que tuvieron la desfachatez de alegar que por más de 10 y hasta por 14 años nunca tomaron un día de vacaciones, y cobraron en efectivo cientos de miles de balboas, han vuelto a las andadas y pretenden repetir los mismos patrones y las triquiñuelas que han practicado por años. Otra vez anuncian “el inicio del proceso, para dizque mejorar el Código Electoral”. Otra vez con las mismas reglas, el mismo montaje y los mismos protagonistas. Otra reedición del conocido libreto, en la que se volverán a orillar las reformas que son necesarias y demanda la ciudadanía: 1) la transparencia en el financiamiento de las campañas 2) la democratización de la participación política y del proceso electoral 3) la erradicación de la partidocracia 4) la eliminación de los inmorales subsidios electorales 5) el establecimiento de la doble vuelta 6) la apertura, real y no ficticia, a las candidaturas independientes; 6) la abolición del sistema de residuos o 7) el debido proceso en materia electoral.
Como el juego de los magistrados y sus cómplices de las dirigencias partidarias es “hacer ver que reforman para que al final todo quede igual”, los “dictadores electorales” han adelantado que “las nuevas reformas” no estarán listas antes del 2012. O sea, que por más de dos años “seguirán manoseando el código”, para al final salirse con otro “parto de los montes”.
Las reformas que necesita el Código Electoral nunca se harán realidad mientras el proceso siga mangoneado por el Tribunal Electoral y apoyado, por conveniencia, por dirigencias gastadas. Para no volver a quedar atrapados en el círculo perverso de los debates de la “comisión de reformas electorales”, es urgente dar un vuelco dramático al esquema hasta ahora utilizado. La reforma del Código Electoral tiene que responder a las aspiraciones de la ciudadanía y no a los caprichos del Tribunal Electoral y de las dirigencias partidistas. Es absolutamente antidemocrático que este grupo de personas que, en total no superan las 100, siga imponiendo su voluntad, primero, al 50% de la ciudadanía que no pertenece a los partidos y, segundo, a sus propios inscritos, a los que no les conceden arte ni parte, pues nunca se les consulta.
La mayoría de los votantes repudió al PRD y favoreció la promesa de cambio de Martinelli para reclamar una manera distinta de “hacer política”. El voto independiente y no el partidario fue el que dio el triunfo al nuevo gobierno. A éste, por tanto, le corresponde responder a ese anhelo y liderar el proceso para materializar auténticas reformas electorales, que no son un problema técnico y tampoco requieren de interminables deliberaciones sobre puntos y comas. El presidente Martinelli y los partidos de la alianza de gobierno deben producir una propuesta clara que responda a las expectativas de la ciudadanía y de ellos debe venir el impulso para hacerla realidad, a corto plazo. Las nuevas reglas para el torneo del 2014 deben estar decantadas antes de que se cumpla el primer año del gobierno. Los actuales gobernantes se lo deben al país y harían bien en no defraudarnos.