default

Renato Ozores, humanista panameño




Ex Presidente de la República

Renato Ozores, gran panameño que nació en Asturias y que desde 1938 vivía con nosotros como uno de nosotros, nos dio hace pocos días la última prueba de su cortesía y elegancia innatas. Murió sin sobresaltos, consciente de que la hora había llegado, serenamente, sosegadamente, conversando amorosamente con Rita, su amada de siempre, y con sus hijos Carlos, Rita Irene, María Cristina, María Angeles y los hijos de sus hijos. Pero su muerte nos contrista. Renato Ozores tenía una personalidad cuya sede era un corazón lleno de fervor y generosidad, en simétrico acuerdo con una mentalidad dotada de gran riqueza de espíritu. En una palabra fue un humanista que era a la vez erudito y creador, que al igual que Jacques Maritain creía en un humanismo que "tiende en esencia a hacer el hombre más verdaderamente humano".
Renato Ozores llegó a Panamá, según su propio testimonio, por sucesos que constituyeron coincidencias. La guerra civil española lo había obligado a cruzar la frontera con Francia y ante la inminencia de la expansión del nazismo rampante en toda Europa, tomó un barco en un puerto francés rumbo a un país desconocido. En Panamá encontró a otros españoles que habían dejado España por las mismas razones y que también habían viajado hacia el Sur del hemisferio americano. Sabían que aquí hablábamos la lengua y profesábamos la religión legada por los conquistadores ibéricos que establecieron, - para siempre -, el vínculo histórico y cultural que caracteriza a toda Hispanoamérica.
Ozores encontraría al llegar a nuestro suelo, que la originalidad panameña no consistía en que la sociedad expresaba los intercambios genéticos y culturales de sus cuatro componentes principales (hispano, indígena, afrocaribeño y asiático). Comprobaría que esa sociedad, por razones de la construcción y funcionamiento del Canal, por la existencia de la Zona del Canal, convivía con otra sociedad, la norteamericana, que tenía algo más de 30 años, en 1938, de vivir en tierras extrañas, como si viviera en los Estados Unidos de Norteamérica.
Los españoles que descubrieron y conquistaron y colonizaron a Panamá en el siglo XVI, aparecieron con una cruz y una espada. Renato Ozores, al igual que otros intelectuales españoles cultos, humanistas, pronto se dio cuenta de que en el siglo XX lo importante era incorporarse a la inmensa tarea de la instrucción para el desarrollo. Esa tarea, Renato Ozores la asumió con ejemplar eficiencia y contagioso entusiasmo. Lo hizo a través de la docencia, en la Escuela Normal primero y luego en la Universidad de Panamá.
Si bien estas líneas van dedicadas a la personalidad de Renato Ozores, quien enriqueció la cultura y los valores humanos del país, mis palabras de reconocimiento alcanzan también a esa pléyade de hombres y mujeres ilustres que el exilio republicano de la guerra civil española trajo a playas panameñas, para ser en buena hora incorporados al cuerpo de profesores de la Universidad, llamada entonces Interamericana, bajo la rectoría magnífica del Dr. Octavio Méndez Pereira y ubicada en los predios del Instituto Nacional.
Recuerdo que, recién egresado de la Facultad de Derecho de esa casa de estudios, estuve con Renato Ozores entre los que rodeamos al Dr. Demófilo De Buen, catedrático de Derecho Civil, ex Presidente del Tribunal Supremo de España, ayudándolo en la realización de su altruista empeño de fundar, como parte integrante de la Universidad, el "Instituto de Legislación Comparada y Derecho Internacional". Este Instituto lo visualizaba Méndez Pereira como un centro para el estudio serio de los problemas jurídicos del continente.
El Instituto arrancó en el primer semestre de 1945 con la publicación del número primero del Boletín de esa sede, que presentó artículos doctrinales, investigaciones científicas y documentos jurídicos que calzaban las firmas del rector Octavio Méndez Pereira, del decano José Dolores Moscote, del director del Instituto, Demófilo de Buen, de Juan María Aguilar, de Felipe Sánchez Román y Correa, de José Antonio Molino y de otros respetables juristas.
En ese primer número se incluyeron dos trabajos seriamente documentados, que no han perdido su utilidad y validez. Uno, del cual fue autor Renato Ozores, sobre "Los Antecedentes Legales del Código de Comercio de Panamá", que era de obligada lectura para los estudiantes de la materia; y otro, sobre la "Síntesis Histórica de la Codificación Civil Panameña", del cual soy autor y que citaba como referencia el Dr. Narciso Garay Preciado en su cátedra de Derecho Civil.
Mi amistad con Renato Ozores, sellada entonces por nuestras comunes inquietudes jurídicas, se afirmó a través de los años, alentada por la naturaleza cordial, la sensibilidad humana, el señorío y el permanente interés por la superación del país, que para Renato, Rita y sus hijos han sido una constante de su comportamiento social y familiar. Estos sentimientos puedo decir que se acentuaron a través de las luchas y de las muchas jornadas que dentro y fuera del país libramos con su hijo Carlos Ozores, desde la Cancillería, ante las Naciones Unidas, la OEA, el Movimiento de Países No Alineados, el Grupo de los 77 y otros foros internacionales, para ponerle fin al enclave colonial, lograr la reivindicación de la soberanía nacional y asegurar la restauración de nuestra integridad territorial.
Renato Ozores fue por varias décadas en la Universidad de Panamá titular de la cátedra de Derecho Mercantil, rama del derecho que él dominaba con maestría. No sólo la enseñó, sino que a través de sus Apuntes de Derecho Mercantil (6 volúmenes, 1965), palió la falta de material bibliográfico que en esa época podía desalentar al alumnado para el estudio y la comprensión. Durante mucho tiempo, Renato Ozores fue el panameño que más sabía de Derecho Mercantil. Durante los años que ejerció su profesión en el campo jurídico, Renato Ozores ocupó un espacio esplendoroso.
Tenía muchos talentos. Uno de ellos y ciertamente no el menor, era su dominio del lenguaje, su manejo hábil de la palabra, su posesión de un estilo castizo, su acceso fácil a una rica temática originada en una profunda vida interior. Escribió un considerable número de cuentos en los cuales, según su propia explicación, "quedó plasmada, eficazmente, la visión del mundo del autor".
Años antes que Milan Kundera y contemporáneamente con Albert Camus, nuestro compatriota de adopción escribió, motivado por el sentimiento de que escribir era una necesidad. Los temas siempre estaban vinculados a una conciencia del absurdo que, al ser expresado, podía tener efectos benéficos en el lector. Escribir era para Renato Ozores otra forma de dar, de ofrecer ayuda, de ilustrar. Fue también un reconocido editorialista del diario "La Estrella de Panamá", decana de la prensa panameña. En esos editoriales Renato Ozores demostraba un compromiso con el progreso. Sus editoriales testimoniaban que Renato Ozores era un panameño pleno, que llevaba a Panamá en el corazón.
Como muchos otros escritores, panameños o extranjeros que escriben en Panamá, Renato Ozores fue víctima de la débil estima que la mayoría de los panameños guardan por el escritor; del flaco valor que nuestra sociedad atribuye al pensamiento, a las ideas, a las diversas formas de belleza literaria. Salvo raras excepciones, creo que rarísimas, ningún escritor en Panamá vive de su pluma y un empleado de Banco gana más al mes que lo que eventualmente puede ganar quien escribe anualmente un libro. Renato Ozores denunció esta tara pero lo hizo con gran discreción. Casi compasivamente. En una ocasión le preguntaron ¿qué significaba para él ser escritor/poeta? Respondió que "significaba pertenecer a una especie casi desconocida, pero que afortunadamente no se encuentra amenazada de extinción".
Todas las facetas de la personalidad de Renato Ozores -el jurista, el periodista, el literato, el dramaturgo, el docente- no fueron asumidas como una serie de actividades heterogéneas. En sus distintas actividades, Renato Ozores mostró un perfil de hombre perteneciente a la alcurnia de los seres humanos excelentes, de los hombres superiores. A los panameños que le sobrevivimos -por ahora-, nos corresponde atender a sus constantes llamados a la lucidez y a la autoconciencia de las cosas que son decisivas, en nuestro tiempo y para el futuro de Panamá.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América