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Renuncia del jefe de la Policía


Hizo lo que pudo pero, en estos tiempos, se ven muy pocos milagros. Y se habría necesitado mucho más de un año para profesionalizar y modernizar la Policía Nacional. Incluso, un intento que hizo, en forma personal con amigos, para fundar una escuela militar en el área revertida, se frustró tras duras críticas. Transformarla en un instituto secundario, especializado en carrera policial, habría sido relativamente sencillo. Pero los temores al militarismo aún subyacen profundamente en algunos sectores de la ciudadanía y hay que comprenderlos.
Su trabajo fue frustrante, ingrato y cuesta arriba. Contando con muy pocos recursos materiales y personal desmotivado, mal pagado y peor entrenado, a cada éxito que se anotaba en la lucha contra la delincuencia, recibía el triple y más en casos sonados de crímenes y asaltos. El momento de su renuncia estaba marcado por el espectacular robo a un banco, el mayor en la historia del país, por importe superior a los B/. 2 millones, el cual fue perpetrado con profesionalismo envidiable, del que carece nuestra institución armada.
Quien se encargue en delante de dirigir la Policía, deberá seguir el mismo objetivo trazado por Gustavo A. Pérez, un militar de carrera, que no pudo en tan breve plazo llevar la eficiencia a la institución.

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