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Repercusión electoral del 11 de marzo


El ataque terrorista del jueves pasado en Madrid, por el que se contabiliza 200 muertos y 1,200 heridos, equivale para España al 11 de septiembre de 2001 para Estados Unidos. Es el precio que les cobra el terrorismo islámico por su política frente al conflicto palestino-israelí y el mundo árabe. Frente a ese hecho, es posible esperar algún grado de influencia en las elecciones presidenciales norteamericanas previstas para agosto próximo, al igual que la tuvo en las elecciones españolas, las cuales costaron al Partido Popular la pérdida del poder por haber apoyado la iniciativa militar de Estados Unidos contra Irak y Al Qaeda.
Hasta el momento, el virtual aspirante y retador demócrata, John Kerry, ha estado aventajando en todas las encuestas al presidente George Bush hijo, por al menos 10 puntos porcentuales. Pero todos también coinciden en que es muy prematuro sacar conclusiones, cuando Bush ni siquiera ha iniciado de lleno su campaña que cuenta con superiores recursos económicos. El tema económico es el fuerte de Kerry contra el de la guerra de Bush.
Ahora vienen encima los sangrientos bombazos de Madrid, que recrean inevitablemente en la mente del público estadounidense la barbarie de las Torres Gemelas, por no mencionar al Pentágono como objetivo militar. Los terroristas, como los de ETA y Al Qaeda, no son enemigos bélicos normales, que han de guardar un mínimo de respeto y lealtad por el adversario y las leyes de la guerra. Son cobardes, inescrupulosas y vulgares bandas de asesinos. Che Guevara, lo expresó así, con bastante claridad, en su célebre monografía Guerra de Guerrillas, de los años 60, en el que delineaba estrategias para que pequeñas y mal armadas vanguardias campesinas se enfrentaran con éxito a los más grandes y mejor dotados ejércitos modernos.
Por eso, al encontrarse otra vez el elector norteamericano frente a frente con la pesadilla del 11 de septiembre, esta vez encarnada por sus aliados españoles, lo más probable que -como ha hecho siempre históricamente- se pliegue una vez más, incondicionalmente al lado de su presidente, que tiene en la guerra contra el terrorismo su único tema válido de campaña.
En todo lo demás es un desastre. Kerry, por su lado, no tendrá otra alternativa de pelear también, con desventaja, en el mismo terreno.
En Bolivia se repite esta historia. Su presidente, Carlos Mesa, ha implementado un impuesto de 0.3% a las transacciones financieras, con el ánimo de recoger 100 millones de dólares para dar prioridad al crecimiento, a la producción y al empleo. ¡Un millón solicitan los panameños sólo para hacer despegar la investigación!
En Panamá se puede aplicar esa ecuación, minimizando los efectos que podría tener sobre la competitividad de la economía por su impacto en los costos de producción y en la tasa de interés.
Otra alternativa para recaudar fondos la dio el doctor Eduardo Ortega Barría, coordinador de investigación y desarrollo de INDICASAT, cuando preguntó "¿dónde están los ricos de Panamá que han pasado por nuestra universidad?"
Ortega propone que fundaciones privadas nacionales realicen donaciones a la Universidad de Panamá y sean incluidas en un programa de reducción de impuestos.
Si de verdad buscamos que la finalidad de la educación panameña se centre en "fomentar en el estudiante una conciencia nacional", urge los recursos económicos que con un poco de voluntad pueden surgir.

101 años de Panamá América

 
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