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Repercusiones de la crisis del Medio Oriente


El manejo belicista del gobierno de Ariel Sharon de la crisis del Medio Oriente está provocando repercusiones globales en la economía y en la política. Por lo pronto la decisión del régimen de Irak, de suspender la venta de petróleo a los países que apoyan a Israe,l ya excitó el alza mundial de los hidrocarburos, lo cual puede trastornar, en círculos concéntricos, el proceso de recuperación de la economía mundial. Si otros miembros de la OPEP llegaran a adoptar medidas de represalia, para atajar la violencia de la ocupación israelita de territorios palestinos, será difícil calcular la profundización de la crisis mundial por la inflación de costos energéticos.
Por otro lado, no menos importante es el impacto que está causando el desarrollo guerrerista de la crisis del Medio Oriente, en la política antiterrorista que lleva adelante el gobierno de Bush, con el apoyo decisivo de países árabes y asiáticos de inspiración islámica. La Casa Blanca ha tejido una red minuciosa de apoyos y compromisos para intentar el control de los focos terroristas, diseminados en las naciones islámicas, para atenuar o neutralizar las ramificaciones de Al Qaeda de Osama bin Laden. Todo ese laborioso trabajo de diplomacia y estrategias de seguridad podría agrietarse porque crece la percepción, en algunos círculos islámicos, de la supuesta parcialidad de la política norteamericana para encontrar soluciones equitativas que contrarresten el rechazo de Sharon a las exigencias de Estados Unidos, como también a las exigencias de los estados miembros de la Unión Europea y a la resoluciones de Naciones Unidas.
Más aún, dentro de Israel se escuchan voces de oposición política que piden mesura al gobierno de Likud, para no seguir cayendo en las trampas de provocación de los grupos extremistas islámicos. Sin exagerar podría decirse que los terroristas podrían ser los grandes ganadores de la crisis del Medio Oriente. Grupos como Hamas, la Jihad, que se opusieron a que Arafat negociara con Israel, al igual que los estamentos tentaculares de Bin Laden, se frotan las manos porque responder a la violencia con la violencia favorece a las premisas conceptuales del terrorismo.
El Secretario de Estado Colin Powell llegó al Medio Oriente en un gesto que transmite mensajes significativos al régimen de Sharon. Uno de estos mensajes es que la vía del diálogo, es decir el intercambio de puntos de vista antagónicos, es el requisito sine qua non para desterrar la violencia de ambos sectores y restaurar la convivencia pacífica de hebreos y palestinos. La señal es muy clara. La presencia de Powell transmite la preocupación que inquieta a la dirigencia del mundo occidental, tanto por el baño de sangre que cotidianamente tiñe a Israel y a Palestina, como por la desestabilización económica y política que alienta la contienda, en circunstancias que se trata de salir de la globalización del terrorismo y de la depresión económica. Es muy vinculante la crisis del Medio Oriente en lo económico y en lo político como para que la comunidad internacional se muestre indiferente al manejo dualista de un problema que, en una u otra medida, incumbe al mundo entero.

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