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Repercusiones por cambios en el ejército de Colombia


Dándole seguimiento a los estudios sobre los efectos en nuestra frontera con Colombia, provenientes de la guerra sostenida en ese país, que inevitablemente trastornan y compro- meten a la República de Panamá, tal cual evidenciamos, en el ataque perpetrado contra el poblado Nazaret, donde un grupo de insurgentes de desconocida filiación se enfrentó con miembros de nuestra valiente Policía Nacional y donde murió una inocente niña panameña, siendo heridos un número plural de policías y ciudadanos, decidimos investigar hechos que se están dando en Colombia y observamos que coincidentemente con los sucesos del ataque de Nazaret, el ministro de Defensa de ese país, Luis F Ramírez y el general Fernando Tapias, comandante de las Fuerzas Armadas, anunciaron la remoción de 89 oficiales y299 suboficiales del servicio militar colombiano. (Publicado en "El Colombiano" edición del 17-10-2000).
Esta decisión se ajusta a un decreto ejecutivo impartido por el presidente Andrés Pastrana hace dos años y que consta de once puntos, enfocado hacia la eliminación parcial de los impedimentos para lograr la paz, estando dirigido hacia la humanización del conflicto, en primer término y a la eliminación de otras prácticas corruptas que inciden contra las Fuerzas Armadas Colombianas, para lo que se dejó a la potestad de los mandos militares la eliminación de quienes ellos consideraron no corresponder a las exigencias de una profesionalizada y actualizadas Fuerzas Armadas, buscando el que éstas se ajusten a los objetivos de lograr vencer en la lucha a los guerrilleros, paramilitares y al narcotráfico en el territorio colombiano.
Nosotros los panameños, tanto como los pobladores de las naciones limítrofes con Colombia, debemos prepararnos para soportar las incursiones de grupos que se vayan desarticulando de los grupos originalmente constituidos, dirigidos por oficiales y suboficiales corruptos, quienes han sido eliminados pero que, motivados y sustentados en sus ánimos de enriquecerse independientemente del sufrimiento de la nación, intentarán actuar al mando de los bandoleros o les abandonarán a su suerte, estos últimos principalmente constituidos por aquellos mercenarios ó paramilitares que se mantienen en pie de guerra y que no responden ya a ninguno de los objetivos de los principales contendientes de esa nación.
Debemos colegir en los razonamientos sobre estos hechos registrados por la prensa de Colombia, que en estos momentos de reestructuración de las Fuerzas Armadas de ese país, es natural que los grupos paramilitares que queden vacantes y por los cuales no se haya presentado ningún plan coherente de reabsorción en la vida civil, cosa a todas luces tremendamente irresponsable en la articulación de un Plan Colombia, tan oneroso y perjudicial para los países bolivarianos limítrofes y el Brasil, éstos llamados perros de la guerra o asesinos, al prescindir de una orientación de oficiales de las Fuerzas y suboficiales que hayan sido eliminados, según lo anunciado ayer en Bogotá, carecerán de formas de sustento y de equiparse con armas y pertrechos, lo que aunado al temor a reincorporarse a la vida activa para lo que no están preparados, se irán constituyendo en bandas y hordas de excombatientes, quienes no pudiendo acudir a otra vía para su sustento atacarán los inermes poblados en busca de alimento, dinero, armas y municiones, de los que no escaparán las remotas y abandonadas regiones del Darién panameño.

101 años de Panamá América

 
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