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Repertorio Casanova 1725 a 1798


El anuncio de que está por presentarse en el cine la biografía de este aventurero veneciano que se llamó Giovanni Giacomo Casanova, Barón de Seingalt, amerita que nos ocupemos de él.
Hombre polifacético fue soldado, músico, secretario de un cardenal y como su buen amigo y contemporáneo, el falso conde Alessandro Cagliostro, también alquimista; gozaba además de un alto grado cultural. Nada de esto hubiera sido suficiente para hacerlo famoso y entrar en la historia a no ser por su mágica habilidad para rendir a las mujeres y lograr tenerlas en sus brazos. Desde entonces ha venido a ser la admiración y envidia de los hombres y hasta podría cualquiera aventurarse a pensar que sirvió de inspiración a José Zorrilla en España para escribir su Don Juan Tenorio un siglo después, por aquello de haber dicho que:
Desde una princesa real
a la hija de un pescador,
ha recorrido mi amor
toda la escala social.

Casanova, tal cual su amigo y semejante Cagliostro, trabó amistad con distinguidas personalidades de la época, tales como Voltaire, Federico II de Prusia, el rey Luis XV de Francia, la Zarina Catalina II de Rusia, y otras tantas.
Además de culto era políglota. De visita en Varsovia fue recibido por el rey Estanislao Augusto quien era muy conocedor de los clásicos. En una conversación en que el monarca hablaba del poeta latino Horacio, éste le preguntó si recordaba algunos de sus versos. Casanova respondió que sí. Acto seguido le recitó unos que, traducidos al español podrían ser así: "Aquellos que delante del rey no hablan de su pobreza ni piden nada, reciben más del rey que aquellos otros que solo se lamentan y piden".
Impresionado el rey por el acierto y la sutileza de Casanova, ordenó que le entregaran doscientos escudos.
De la capacidad dominante y subyugante de Casanova, tenemos un impresionante ejemplo. Tenía él en París un criado llamado Giovanni Costa. Un día salió éste de la casa para no volver. Le había hurtado dinero y algunos objetos de valor. No obstante, no avisó a la policía, pues no era muy inclinado a tratar con las autoridades. Pocos años después en un viaje que hizo a Roma, al entrar a un café vio que su ex criado estaba sentado a una mesa muy bien vestido y en compañía de una bella mujer.
Se acercó hacia ellos y dirigiéndose al afortunado galán como si nada hubiera pasado entre ellos dijo: Creo que nos conocimos en París
-Sí, maestro y me alabo de haber salido un discípulo, aprovechado", y Casanova, dirigiéndose a la hermosa acompañante le expresó: "Como veis, nos ha bastado esto para enterarnos. Ahora solo falta que nos decidáis entre el caballero Casanova y su antiguo criado". Aunque parezca increíble y no nos lo podamos explicar, asombrosamente le quitó la pareja a Giovanni. Posteriormente le pidió disculpa y al despedirse, le dijo: "todavía os falta mucho por aprender".
En otra ocasión un buen amigo llevó a Casanova a la corte de José II, rey de Austria. Este lo recibió fríamente y casi hasta con desdén, y le dijo al Barón de Seingalt: "No aprecio mucho a los que compran títulos". Y Casanova le preguntó "Y los que los venden? Hábilmente el amigo intervino para que las cosas no pasaran de allí. Y parece ser que llegó a decir: "Sin duda, sería un hombre de muy agradable aspecto, si no fuera tan feo". Esta expresión confunde porque en la biografía del personaje escrita por Stefan Zweig, hay un párrafo que dice: "Todo lo que logra Casanova, se debe a dos cosas: A su entrada atrevida, enérgica y segura y sobre todo, a la hermosura viril de su rostro".

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