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Repertorio Coincidencias históricas


Resulta curioso y hasta asombroso advertir que en el curso de la historia haya dichos de personajes célebres tan coincidentes en el fondo que, a no ser por la distancia en el tiempo, no faltaría quien tildara algunos de ellos de plagio. Tal ocurre con el famoso "Ser o no ser" de William Shakespeare, quien nació en el siglo XVI. Ya el poeta persa Omar Khayyam, quien nació cinco siglos antes, había dicho: "Los oradores y los sabios silenciosos han muerto sin haber logrado entenderse acerca del ser y del no ser".
No obstante, a nadie se le ocurriría decir que Shakespeare plagó a Khayyam.
Otros casos similares fueron los de Alejandro Magno y el rey godo Alarico. El primero nació en el año 356 antes de Jesucristo. Cuando se preparaba para entrar en batalla contra el rey persa Darío y sus huestes, espías de Alejandro que habían estado en tierras del adversario, le aconsejaron no atacarlo porque aquel ejército superaba con largueza al de sus soldados, lo que haría muy improbable la victoria. Alejandro replicó: "No importa. Nunca el lobo, antes de atacar un rebaño, se ha preocupado por saber cuántas son la ovejas que lo forman". Posteriormente, Alarico, quien nació tres siglos después que Alejandro, sitió Roma para atacarla. El senado romano le hizo llegar emisarios con el encargo de persuadirlo de que no atacara. En cumplimiento de su misión los delegados le dijeron que en Roma había un gran ejército y mucha gente que lucharía contra él, y Alarico respondió: "Mejor se siega la hierba cuanto más espesa es. Decid a los romanos que ellos son la hierba y yo la guadaña". Y por desgracia para Roma y los romanos, Alarco entró en ella, la subyugó durante seis días y la convirtió en un campo desolado.
Debo aclarar que este artículo escrito fuera del coro de sirenas por el Sí incondicional y sin ánimo de engrosar la banda de las aves agoreras por el No sin alternativas, no persigue otro fin que el de contribuir positiva y constructivamente a brindar información a quienes obligatoriamente deben tomar decisiones de enorme trascendencia para el futuro del país: la ciudadanía. Lo peor que pueda sucedernos ahora, cuando somos dueños de nuestro propio destino, es que la historia se repita al no tomar en cuenta estas advertencias por la triste razón de no haberlas leído o considerado.
(drjcal@psi.net.pa)

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