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Repertorio Dignidad y pundonor


Así como hubo una noble dama romana, Lucrecia, que por no resistir la ignominia y la humillación de haber sido violada, se suicidó, también los panameños tuvimos una mujer semejante en el siglo XVII. De dicha dama no se conserva su verdadero nombre. Un historiador la llama Beatriz de Rocafuerte; otro, Teresa Aguilar y Octavio Méndez Pereira, Inés de Santacruz.
Después que Enrique Morgan asaltó y cubrió de sangre el río Matasnillo para ocupar la ciudad de Panamá tras haberla desolado, hizo reunir a los prisioneros para escoger de entre ellos aquellos de quienes podrían exigirse rescate para dejarlos en libertad. Entre ellos había una bellísima mujer, magníficamente ataviada y que acusaba una figura señorial. Deslumbrado, Morgan la hizo apartar para interrogarla. Una vez frente a ella le preguntó, en forma muy cortés, quién era, algo que debió sorprenderla ya que Morgan tenía fama de ser arrogante, autoritario y cruel.
- Una española nacida en esta ciudad, respondió ella.
- ¿Casada?
- Esposa de un español.
- ¿Rica?
- Lo era hasta que vosotros entrasteis en esta ciudad. Y como lo veis: en ella no queda nada.
- ¿Vuestro esposo?
- Está en el Perú.
- Y vos, ¿Dónde os encontrabais?
- En Taboga. De allí me trajeron vuestros filibusteros para reunirme al botín de guerra que vos estáis recogiendo.
- ¿ Quién os ha dicho que sois parte del botín?. Vos seréis libre y hasta dueña del botín si quisierais.
- Señor soy española y no pirata inglés. He sido hecha prisionera por vuestros hombres y no me hago ilusiones de la suerte que me espera.
- Sin embargo, pienso que en vuestras manos está vuestra suerte, porque sois demasiado hermosa para que perezcáis como esa chusma. Así pues, ¿No esperáis nada de mí?
- De vos..¡Nada! De Dios ¡Todo!. No tuve aquí a mi esposo para que me defendiera. No conservo bienes para pagar mi rescate porque vosotros los que no habéis destruido, lo habéis robado. Me queda mi fe, sí, y mi valor.
Morgan hizo cuanto estuvo a su alcance por conquistarla; desde el más exquisito de los tratos hasta la intimidación. Jamás logró conquistar ese bastión.
Con el tiempo, en una recepción en tiempos de Carlos II de Inglaterra a la cual fue invitado Enrique Morgan, una duquesa le preguntó: - ¿Es cierto, Sir Henry, que jamás habéis sido vencido?
- Sí duquesa, una vez lo fui por una prisionera española allá en Panamá, que resistió a mis solicitudes y rechazó mi amor. Aquella hermosa señora me derrotó.
- ¿Y era efectivamente muy hermosa, Sir Henry?
- ¡Soberanamente bella, señora!
Morgan hizo cuanto estuvo a su alcance por conquistarla; desde el más exquisito de los tratos hasta la intimidación. Jamás logró conquistar ese bastión.

101 años de Panamá América

 
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