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Repertorio/ Jacinto Benavente 1866-1954


Don Jacinto, a quien la gente se refería con cariñoso respeto al mencionarlo, fue un escritor polifacético; fue poeta y periodista, y su pluma llegó a cubrir todas las modalidades del arte escénico. La agudeza de su ingenio y la profundidad de sus obras le merecieron que en 1922 se le otorgara el Premio Nobel de la Literatura. Caló tanto en el sentimiento popular que cuando se llevó al teatro su obra "Los Intereses Creados", al final de la presentación, la multitud, eufórica hasta el paroxismo, lo llevó en hombros hasta su casa.
Don Jacinto podía ser irónico y hasta mordaz. Tenía amistad con algunos toreros. Uno de ellos se quejaba de lo mal que le fue en su última corrida, de lo cual culpaba al toro diciendo que era muy mañoso y extraño. Daba coces; huía de los caballos; parecía que más le atraía embestirlo a él que a la capa del toreo y se hacía imposible lidiar a un toro así. En aparenta búsqueda de asentimiento, le preguntó: "¿No tengo razón, Don Jacinto?". Y éste, que parecía no estar convencido, le dijo: "Vea, yo para juzgar necesito oír a las dos partes. Tendría que ver qué dice el toro de usted".
En otra ocasión, un joven escritor le solicitó que le recomendara a un empresario para ofrecerle una obra de teatro escrita por él. Quiso conocer la obra primero. La leyó y le pareció muy mala, por lo que no se sentía muy dispuesto a complacerlo. Conversaban sin que Don Jacinto le hubiera dado al joven una respuesta. El mozo, que era un tanto presuntuoso, le dijo: "Me precio de conocer a las personas y sobre todo, adivinarles el pensamiento".
"¿De veras?, le preguntó.
"Sí, sí", le respondió. Y Don Jacinto le dijo: "Bien, y le ruego que me perdone". Y ese fue el final de la entrevista.

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