Repertorio Sorpresa y respuesta aleccionadora
De dos magistrados de la Corte Suprema de Justicia, cuyos nombres no recordamos, se dice que todas las tardes, tras sus jornadas de trabajo, caminaban juntos y charlaban durante quince o veinte minutos antes de despedirse.
En una ocasión mientras daban el consabido paseo, venía en dirección contraria a ellos una bella y escultural mujer, de paso firme, mirar sereno y con mucho garbo. Ambos enmudecieron mientras se acercaba, y no pudieron sustraerse al impulso de contemplarla al pasar junto a ellos. Uno de los dos no pudo resistirse a volver la mirada al proseguir ella, rítmicamente. El colega le dijo: "¡Ah! Te gustó". Y el aludido respondió: ¡Quién pudiera volver a los setenta!
En otra ocasión, en el diario Miami Herald leímos una columna de Anne Landers, norteamericana muy conocida y consultada por sus lectores, quienes le solicitan opinar sobre determinados temas y hasta consejos sobre cuestiones personales.
Una ciudadana le escribió diciéndole que tenía dos años de casada y llevaba una vida feliz en su matrimonio. No obstante, algunas conocidas (de esas personas audaces que nunca faltan) le habían preguntado cómo era que habiendo transcurrido dos años tras su matrimonio, no le hubiera nacido aún un niño o una niña, lo cual la colocaba en una situación muy embarazosa, y le pedía consejo sobre qué hacer en esos casos.
La respuesta fue fulminante y aleccionadora. Le dijo, más o menos, esto: "La próxima vez contéstele a la persona que la pregunta que le formula es de tal intromisión en la vida íntima de usted y su esposo, que espera que ella le perdone que no se la conteste así como usted le perdona que se la haya hecho".
Sentimientos similares circulan por nuestras vidas en la actualidad implorando a Dios, nosotros hoy las mismas o mejoradas peticiones por el bien espiritual de este grupo incansable de varones que, cada uno a su manera, se dedica a la evangelización del pueblo de Dios. Felicidades en estas conmemoraciones, compañeros.
Ese es el timbre de su grandeza, su enseñanza pese a la sucesión de las eras históricas.
En una ocasión mientras daban el consabido paseo, venía en dirección contraria a ellos una bella y escultural mujer, de paso firme, mirar sereno y con mucho garbo. Ambos enmudecieron mientras se acercaba, y no pudieron sustraerse al impulso de contemplarla al pasar junto a ellos. Uno de los dos no pudo resistirse a volver la mirada al proseguir ella, rítmicamente. El colega le dijo: "¡Ah! Te gustó". Y el aludido respondió: ¡Quién pudiera volver a los setenta!
En otra ocasión, en el diario Miami Herald leímos una columna de Anne Landers, norteamericana muy conocida y consultada por sus lectores, quienes le solicitan opinar sobre determinados temas y hasta consejos sobre cuestiones personales.
Una ciudadana le escribió diciéndole que tenía dos años de casada y llevaba una vida feliz en su matrimonio. No obstante, algunas conocidas (de esas personas audaces que nunca faltan) le habían preguntado cómo era que habiendo transcurrido dos años tras su matrimonio, no le hubiera nacido aún un niño o una niña, lo cual la colocaba en una situación muy embarazosa, y le pedía consejo sobre qué hacer en esos casos.
La respuesta fue fulminante y aleccionadora. Le dijo, más o menos, esto: "La próxima vez contéstele a la persona que la pregunta que le formula es de tal intromisión en la vida íntima de usted y su esposo, que espera que ella le perdone que no se la conteste así como usted le perdona que se la haya hecho".
Sentimientos similares circulan por nuestras vidas en la actualidad implorando a Dios, nosotros hoy las mismas o mejoradas peticiones por el bien espiritual de este grupo incansable de varones que, cada uno a su manera, se dedica a la evangelización del pueblo de Dios. Felicidades en estas conmemoraciones, compañeros.
Ese es el timbre de su grandeza, su enseñanza pese a la sucesión de las eras históricas.