Repertorio Tristán Bernard (l866-l94l)
Escritor francés. Aunque sus anécdotas no han sido tan conocidas como las de otros personajes de relieve, también tuvo las suyas. En una ocasión, en búsqueda de silencio para escribir una de sus obras, alquiló una casa de campo. En otra casa vecina habitaba una mujer que se pasaba el día tocando piano estruendosamente. Bernard no podía concentrarse.
Dos o tres días después llegó el esposo que aparentemente regresaba de un viaje. Bernard a media noche les tocó la puerta.
Tan pronto vio luces se retiró. Regresó dos o tres veces más a lo mismo. En la última ocasión permaneció en espera. El hombre abrió la puerta y furiosamente le preguntó: -¿ Quién es usted? -El vecino que ha estado una semana soportando el piano de la señora y en compensación he decidido que esta noche ustedes me soportarán a mí.
Dio la espalda y se fue.
El piano no volvió a sonar tan estrepitosamente.
Otro día asistió a una conferencia. Se sentó detrás de un señor que resultó ser tartamudo Al final de la exposición siguió un período de preguntas. El hombre alzó la mano varias veces: "Pi..pi..pido la pa..pa..pal palabra". Pero no se la concedían, posiblemente ante el temor de lo mucho que demoraría en expresarse.
Barnard, inclinándose hacia él, le dijo: - No le siga pidiendo la palabra a ese señor. Pídasela a Dios-.
Dos o tres días después llegó el esposo que aparentemente regresaba de un viaje. Bernard a media noche les tocó la puerta.
Tan pronto vio luces se retiró. Regresó dos o tres veces más a lo mismo. En la última ocasión permaneció en espera. El hombre abrió la puerta y furiosamente le preguntó: -¿ Quién es usted? -El vecino que ha estado una semana soportando el piano de la señora y en compensación he decidido que esta noche ustedes me soportarán a mí.
Dio la espalda y se fue.
El piano no volvió a sonar tan estrepitosamente.
Otro día asistió a una conferencia. Se sentó detrás de un señor que resultó ser tartamudo Al final de la exposición siguió un período de preguntas. El hombre alzó la mano varias veces: "Pi..pi..pido la pa..pa..pal palabra". Pero no se la concedían, posiblemente ante el temor de lo mucho que demoraría en expresarse.
Barnard, inclinándose hacia él, le dijo: - No le siga pidiendo la palabra a ese señor. Pídasela a Dios-.