Repetición histórica
Los pueblos, y particularmente los hombres públicos, deben tomar en cuenta las lecciones que ofrece la historia y considerarlas seriamente.
El gran error en que cayó el bonachón de Luis XVI, rey de Francia, fue el de no escuchar el clamor de sus súbditos en pos de reivindicaciones. Poco a poco se fue gestando la revolución hasta que explotó, se impuso con ella el terror y el monarca terminó sus días bajo la filosa plancha de la guillotina.
Un gran error también se cometió en nuestro país por la decisión de la anterior Comisión de Credenciales de nuestra Asamblea Nacional.
Un magistrado de nuestra Corte Suprema de Justicia había hecho serias imputaciones a varios de sus propios colegas. Días después, se presentaron tres denuncias contra ellos. Los señores comisionados tras consideraciones no convincentes, optaron por ordenar el archivo de todas ellas.
Nuevamente, ante las actual Comisión de Credenciales, 18 organizaciones han presentado otras denuncias solicitando que se investiguen. Ocurrió idénticamente lo que con los anteriores comisionados. Qué sucederá es fácil de predecir. Pasará lo que con la Ley 17 sobre la Caja de Seguro Social Por más que se empecinaron los señores diputados en su mayoría en imponérsela al pueblo panameño, tuvieron que echar hacia atrás.
Ahora, irremisiblemente, sucederá lo mismo con el archivo de las denuncias presentadas. No obstante, las investigaciones tendrán que iniciarse. Somos más de dos millones y medio de panameños los que deseamos ver que resplandezca la verdad y que la justicia, disfrazada de componendas con apariencia de justicieras, no pueda seguir prevaleciendo en el país. En algún momento, de algún modo con mejor argumentación de las que se usaron para archivar las denuncias presentadas ante ambas comisiones, tendrán que hacerse reaparecer e imponerse las investigaciones.
Desengáñense. Abran los ojos. Rectifiquen los dos equívocos en que han caído los señores comisionados. No se hagan responsables del caos que puede sobrevenir al país. Dos comisiones de credenciales no deben desafiar a todo un pueblo y menos aún, burlarse de él.
El gran error en que cayó el bonachón de Luis XVI, rey de Francia, fue el de no escuchar el clamor de sus súbditos en pos de reivindicaciones. Poco a poco se fue gestando la revolución hasta que explotó, se impuso con ella el terror y el monarca terminó sus días bajo la filosa plancha de la guillotina.
Un gran error también se cometió en nuestro país por la decisión de la anterior Comisión de Credenciales de nuestra Asamblea Nacional.
Un magistrado de nuestra Corte Suprema de Justicia había hecho serias imputaciones a varios de sus propios colegas. Días después, se presentaron tres denuncias contra ellos. Los señores comisionados tras consideraciones no convincentes, optaron por ordenar el archivo de todas ellas.
Nuevamente, ante las actual Comisión de Credenciales, 18 organizaciones han presentado otras denuncias solicitando que se investiguen. Ocurrió idénticamente lo que con los anteriores comisionados. Qué sucederá es fácil de predecir. Pasará lo que con la Ley 17 sobre la Caja de Seguro Social Por más que se empecinaron los señores diputados en su mayoría en imponérsela al pueblo panameño, tuvieron que echar hacia atrás.
Ahora, irremisiblemente, sucederá lo mismo con el archivo de las denuncias presentadas. No obstante, las investigaciones tendrán que iniciarse. Somos más de dos millones y medio de panameños los que deseamos ver que resplandezca la verdad y que la justicia, disfrazada de componendas con apariencia de justicieras, no pueda seguir prevaleciendo en el país. En algún momento, de algún modo con mejor argumentación de las que se usaron para archivar las denuncias presentadas ante ambas comisiones, tendrán que hacerse reaparecer e imponerse las investigaciones.
Desengáñense. Abran los ojos. Rectifiquen los dos equívocos en que han caído los señores comisionados. No se hagan responsables del caos que puede sobrevenir al país. Dos comisiones de credenciales no deben desafiar a todo un pueblo y menos aún, burlarse de él.