Réquiem por el periodismo
El actual presidente estadounidense ha comentado que piensa dirigirse a la nación, como acto de despedida, para pedir disculpas por la infamia de Guantánamo y la ilegal guerra de Irak. Existe el rumor de que los ejecutivos de los bancos han acordado paliar la actual crisis donando las ganancias que les han reportado los años de bonanza. Su santidad Benedicto XVI, por su parte, ha contraído matrimonio en secreto con una joven azafata somalí. Cada día aparecen en los medios cientos de noticias tan descabelladas como éstas, cuya veracidad, temática, planteamiento y exposición se adecuan muy poco a los códigos deontológicos del periodismo.
La finalidad del periodismo es la búsqueda de la verdad. Su razón de ser es mirar, ver, y contar lo que pasa delante de nosotros. Para ello el periodista debe limitarse a recoger datos y verificarlos. Ordenarlos y exponerlos con sencillez y sentido hará que el mensaje pueda ser entendido por el lector u oyente. Asistimos a un fenómeno que se opone a toda ética periodística, propiciado por el crecimiento de Internet y por el anonimato que éste permite. Es el periodismo del rumor, del morbo, de la inventiva de la noticia más absurda todavía, donde el contraste de la información no tiene cabida.
El periodista, corresponsal del New York Times, Jon Lee Anderson, sostiene que los periodistas son "los únicos intermediarios entre el público, que no tiene poder, y los mandatarios, que sí lo tienen". A la perversión periodística que supone la mentira se une la de unos medios cada vez más subordinados al poder político y económico, y unos profesionales de la comunicación esclavos del medio en el que trabajan. Aún así, poco a poco se van introduciendo en nuestra sociedad mayores controles a la información verídica. La prensa ha pasado de ser el cuarto poder, o "Watchdog" (perro guardián) a ser denominada lapdog (perro faldero).
Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se ha empecinado en promover un libre flujo de información a nivel mundial, flujo unidireccional la mayoría de las veces, pero apenas ha reparado en asegurar la calidad y veracidad de esa información. La crisis financiera afecta también a los medios de comunicación, de una forma que va más allá del recorte de las plantillas o la reducción de costes de producción. La propia información se ve condicionada por esa vulnerabilidad económica de los medios, cada vez más necesitados de inyecciones monetarias de poderes públicos o privados que marcan la línea editorial y formal del periódico o de la radio.
Muchos profesionales de la información observamos con estupor cómo se convocan multitudinarias ruedas de prensa en las que se prohíbe que se formulen preguntas, resaltándose así el sometimiento de la prensa a los otros poderes. Pero la salud de la profesión no dependerá de la banda ancha de Internet, o de entrevistas a políticos y empresarios con las preguntas preparadas y acordadas, sino de una concienciación global del periodismo como el cuarto poder que cuestione a los otros tres.
ccs@solidarios.org.es