Resaltos y anarquía
Parece que los panameños, ante la ineficiencia de las autoridades, estamos empeñados en resolver los delitos con nuevos delitos. La ausencia de agentes de tránsito en casi toda la ciudad, dio paso a la velocidad irresponsable en el manejo de automóviles. Es trillar sobre lo viejo destacar, por ejemplo, cómo hay conductores que dirigen sus autos en vías contrarias, no respetan los semáforos o se violan a diestra y siniestra las rayas amarillas. Eso es pan de todos los días y todo el mundo se pregunta: ¿en dónde está la Policía? Con justa razón muchos moradores comenzaron a protestar por el peligro que representaba, para sus hijos, para ellos mismos, o para cualquier peatón, la forma de conducir de muchos ciudadanos.
Lo lógico, lo que todo el mundo esperaba, era que las autoridades pusieran orden. Que los conductores decentes dejaran de sentirse desamparados cuando encuentran a un delincuente en la vía, pero eso nunca ocurrió. Lo que sí ocurre es que, cansados de los conductores irresponsables y de la indiferencia oficial, muchos moradores están colocando sobre las vías innumerables resaltos, que nadie sabe quién autorizó y que además afectan a todos por igual.
Cada resalto debe tener la aprobación de las autoridades, y deben estar colocados a una distancia y una altura estipulada. En torno a esto, muchas irregularidades se registran en Panamá y San Miguelito.
Las autoridades deben tomar nota de estos excesos, ya que dificultan el tránsito, afectan las piezas de los autos, lo que se deriva en gastos no presupuestados. Nada de esto ocurriría si las autoridades desempeñaran su papel como se debe. Su ausencia es caldo de cultivo para la anarquía.
Lo lógico, lo que todo el mundo esperaba, era que las autoridades pusieran orden. Que los conductores decentes dejaran de sentirse desamparados cuando encuentran a un delincuente en la vía, pero eso nunca ocurrió. Lo que sí ocurre es que, cansados de los conductores irresponsables y de la indiferencia oficial, muchos moradores están colocando sobre las vías innumerables resaltos, que nadie sabe quién autorizó y que además afectan a todos por igual.
Cada resalto debe tener la aprobación de las autoridades, y deben estar colocados a una distancia y una altura estipulada. En torno a esto, muchas irregularidades se registran en Panamá y San Miguelito.
Las autoridades deben tomar nota de estos excesos, ya que dificultan el tránsito, afectan las piezas de los autos, lo que se deriva en gastos no presupuestados. Nada de esto ocurriría si las autoridades desempeñaran su papel como se debe. Su ausencia es caldo de cultivo para la anarquía.