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Rescatando la figura del Contribuyente


Tradicionalmente, quienes pagamos impuestos somos tratados como delincuentes despreciables, a quienes los gobiernos persiguen implacablemente. Las raíces son tan antiguas como los orígenes del Estado. El soberano cobraba, espada en mano, el tributo a sus siervos, para mantener sus palacios, su lujosa corte y su ejército. En esencia, el sustento del cobro era la fuerza. O pagaban o morían. Como su nombre lo indica, el "tributo" era una ofrenda para el representante de Dios en la tierra, equivalente al "diezmo" religioso o, de otro modo, los "impuestos", son algo que se "impone" a punta de pistola.
Tras la Revolución Francesa, las previas rebeliones inglesas y la independencia de las colonias británicas y americanas, motivadas más por los abusivos impuestos que por románticas ideologías libertarias, la fuerza dejó de ser razón suficiente para el cobro de impuestos por parte de un Estado y monarquías metidos en cintura constitucional, cogobernando con parlamentos democráticos y tribunales independientes. Nacieron de ello las doctrinas, que hoy prevalecen, que los tributos son producto de un pacto social, un mal necesario para repartir la riqueza y costear los servicios públicos, la defensa nacional y el orden público.
Pero en Panamá nunca tuvimos el beneficio de la evolución. Nuestro sistema de cobro de impuestos sigue siendo medieval, arbitrario y absolutista. Cada director de ingresos es escogido por su perfil de tiránico. La actual titular, Gisela de Porras, no es excepción. Los pocos avances de los gobiernos de Ernesto Pérez Balladares y Mireya Moscoso para convertirlo en algo más civilizado, retrocedió cinco siglos.
Bajo Pérez Balladares se hablaba de "contribuyente", en vez de la antigua noción de siervo ladrón. Se procuró que quienes pagan impuestos fueran tratados con respeto y consideración. Cada uno recibía un estado de cuenta por correos, como una estado de cuenta bancaria, de luz, teléfono o agua. El gobierno de Moscoso dio un paso adelante. Trasplantó al cobro de impuestos la noción de "médico de cabecera". Un equipo de diligentes agentes, cual oficiales bancarios, atendían cada cual su cartera de "contribuyentes", llamándolos, asesorándolos, dando seguimiento a sus pagos, arreglando sus atrasos, haciendo recomendaciones, era su amigo y consejero.
Todo eso se perdió. ¿Lo rematamos y embargamos o le hacemos un arreglo de pago? Nada de eso. ¡A los leones! ¿Cómo va conseguir una fianza bancaria quien no está al día en sus pagos? ¿Por qué me dejó acumular semejante deuda y recargos sin antes levantar un teléfono? ¿Se dan cuenta que al embargar a un pequeño empresario, acaba con su crédito, extingue la fuente de empleos y mata su "gallina de los huevos de oro". Claro que no. La Dirección de Ingresos no sabe nada de nada.

101 años de Panamá América

 
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