Rescate de un palacio emblemático
Cuando se anuncian vientos de cambio, estos pueden ser para bien, o para mal. En nuestro país se ha dado una ola de proyectos pseudomodernistas cuyos promotores piensan que el desarrollo significa demoler toda estructura histórica para dejar sus huellas temporales de concreto mal colado y vidrio plagiado.
El palacio legislativo está enfermo, pero no es que sea inservible por su estructura diseñada en 1953 por Ernesto de la Guardia III, inspirada en el claustro de los más altos valores universales del derecho como es la Organización de Naciones Unidas, quizás con limitaciones presupuestarias -costó B/ 750,000 de entonces-. Está enfermo por el cáncer al que lo han sometido sus ocupantes más siniestros, por sus componendas, camaronazos, violaciones al consenso nacional e institucional, las leyes para encubrir ilegalidades, y por el sello de barata legitimidad que quiso darle a una dictadura.
La estructura del palacio ha sido sometida a burdos “arreglos” que perjudicaron su altiva figura. Si examinamos el edificio original entregado en 1956 por Ricardo Arias Espinosa a Ernesto de la Guardia hijo, veremos una estructura de bloques verticales y voladizos emblemáticos de una época arquitectónica irrepetible, evocadora de Le Corbusier, práctica de Wright y provocadora de Niemeyer. Le añadieron artificios y gazapos estructurales ajenos a su intención original.
Brasil no demolió el palacio del congreso original cuando el gobierno federal se mudó de Río de Janeiro a Brasilia. El antiguo palacio del congreso nacional, Palacio de Tiradentes, no se convirtió en estación de metro, sino en sede parlamentaria del estado de Río y de la memoria parlamentaria nacional. Señor Varela, urge rescatar el palacio legislativo y ponerlo en valor, en todo sentido. Una nuevo palacio, de hacerlo económico o barato, habrá que rehacerlo dos veces antes que usted se jubile. Si hay que hacer algo nuevo, analice primero que complemente el existente, y que en todo caso sea para la posteridad, vigente hasta el próximo bicentenario en 2103.
No ha dejado claro el nuevo gobierno donde propone hacer la ciudad gubernamental. En 1994 pensaron en Clayton y dos años después surgió la Ciudad del Saber para bloquear esa idea. En el 2002 se antojó Albrook pero ya el corredor sur había revivido forzosamente el aeropuerto.
Mencionaron que será Curundú, pero no explica si Curundú en la ciudad o en las áreas revertidas. O si será donde el flamante arquitecto del nuevo gobierno sugirió deshacerse de los bosques urbanos, en el Parque Natural Metropolitano o en el Parque Nacional Camino de Cruces, como dijo en aquel foro Panamá 500. No olvidemos que la Asamblea todavía tiene aquel terreno que colinda con el Parque Camino de Cruces.
Por qué no mejor desarrollar la ciudad gubernamental en el área entre Calidonia y el Marañón, donde estuvieron las rentas del Seguro Social; reviriría la famosa Exposición, cien años después, y pensar una ciudad gubernamental para la posteridad, viendo hacia el mar, a tiempo para el Quinto Centenario de la ciudad o quizás el Bicentenario de nuestra Independiencia de Panamá de España. Visión, por favor, tengan más visión.