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Rescatemos al Seguro Social


El interés por alcanzar y asegurar un nivel de vida adecuado es una preocupación permanente, en especial, para las personas de medianos y bajos ingresos. Todos estamos expuestos a sufrir una contingencia que afecte el bienestar individual y familiar (una grave enfermedad, un accidente que nos incapacite, morir súbitamente dejando a los seres queridos en viudez u orfandad, vivir una larga vida sin los recursos necesarios para afrontarla o perder el empleo).
Como respuesta a la necesidad de protegernos de esos riesgos sociales, han evolucionado la figura de los seguros privados del ramo vida, y la del Seguro Social, de la cual nos ocuparemos brevemente.
El seguro social es un mecanismo para redistribuir el ingreso que procura compensar la incapacidad del mercado laboral, de remunerar apropiadamente al trabajador presentándole prestaciones en materia de salud, que muchos no podrían adquirir con sus propios recursos, y garantizándole una pensión por incapacidad, vejez o para sus huérfanos o viudas, que la mayoría no está en capacidad de costearse de otra manera. Además de proveerle cobertura por enfermedades, accidentes, incapacidades y retiros que se originan en el proceso de trabajo (riesgos profesionales).
Por diversos motivos, el Seguro Social panameño atraviesa serías dificultades que obligan a tener que modificar los requisitos de elegibilidad de sus programas, ya que las cotizaciones actuales no serán suficientes para sostener los beneficios a recibir por los asegurados y beneficiarios.
Además, es imprescindible efectuar cambios en los términos de financiación del Programa Invalidez, Vejez y Muerte para evitar su colapso en el transcurso de la presente generación.
Alcanzar un acuerdo para reformar al Seguro Social se complica, debido al rechazo de las diversas partes vinculadas en la problemática (asegurados y patronos), en cuanto a quién ofrece la solución a sus expensas.
Nadie desea ceder ni una pulgada de su posición. Sin mayor contribución por parte de patrones y asegurados, el Seguro Social se irá a pique, porque no será suficiente para salvarlo intentar mejorar el rendimiento de sus reservas, disminuir la morosidad, la evasión o con inyectarles algunos recursos estatales.
Los grandes perdedores en este pugilato serán nuestros niños y jóvenes, que no tienen el foro donde pueden hacer valer su derecho generacional de ser cubiertos por un sistema de protección social, por lo menos parecido al vigente.
No intentemos alcanzar el balance actuarial excluyendo a los más débiles: nuestros dependientes menores. No les neguemos lo que nuestros padres con tanto esfuerzo nos dejaron. No nos perdonarán, quebrantaremos la unidad familiar y generacional. No sacrifiquemos la tranquilidad en la vejez de los herederos de nuestros aciertos y desatinos por comodidad, por agendas ocultas o por querer endosar a otros las responsabilidades que conlleva rescatar al Seguro Social.
Seamos solidarios con el relevo generacional . debemos comprometernos en respaldar alternativas realistas, razonables y efectivas .
La solidaridad es la base de la convivencia humana y es el eslabón que ha unido por más de 60 años a diversas generaciones de cotizantes y de pensionados.
El ejemplo más sublime de solidaridad es la relación que se da entre padres e hijos, la cual se fundamenta en el amor. La madre acaricia y le canta a su fruto desde el vientre. Los padres cuidan de la criatura, le brindan todas las atenciones, la educan, le protegen sus derechos sociales y económicos. En la vejez, los hijos prodigan atención y calor a sus padres.
Esa solidaridad se quebrantará si no hay compromiso de nuestra parte con la sobre vivencia del Seguro Social.
Sería sencillo emparchar nuevamente la Ley Orgánica de la Caja de Seguro Social (CSS), con poco compromiso de los cotizantes asegurados y patronos, y darle aliento al fondo de pensiones para que alcance a la generación más próxima a jubilarse y para los actuales pensionados.
Pero la cobardía de no tomar las decisiones más apropiadas debido a que conllevan mayores compromisos, conducirán por los senderos de intranquilidad y desavenencia a quienes hoy día dependen de nosotros, pero que mañana serán nuestros jueces y sentenciadores y esperan que los tengamos en cuenta al momento de conciliar una solución.
Llamo a reflexionar en torno a lo que queremos en el Seguro Social y lo que deseamos para nuestros hijos, y a que nos comprometamos a construir un nuevo sistema de protección social público y solidario que también los alcance a ellos, sobre la base de mayor compromiso de las partes involucradas.

101 años de Panamá América

 
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