Rescatemos los días patrios
La dictadura militar que nos gobernó por espacio de 21 años hizo mucho daño a la celebración de los días patrios, especialmente al 3 y al 4 de noviembre, y también al uso de la bandera nacional. En forma velada o abierta, los próceres de la independencia de 1903 fueron cuestionados como responsables de la desventajosa situación en que se encontraba el país en relación con los tratados canaleros.
En una ocasión Noriega, ignorante de la historia, ordenó a sus batalloneros arrancar el busto del doctor Harmodio Arias que yacía en un parque de Penonomé, para lanzarlo a un río. Hasta que un historiador se apiadó de aquellos ignorantes explicándoles que el expresidente había gestado el tratado de 1936, que precisamente eliminó el derecho de intervención y forjó otras valiosas reivindicaciones. Al poco tiempo, el busto, que había sido rescatado por unos vecinos, fue restituído en su sitio por una guardia de honor que en desagravio le rindió honores marciales.
Simultáneo al vilipendio contra los padres de la Patria, se dio por la dictadura una usurpación de los símbolos nacionales, especialmente de la bandera, de todo lo cual fue instrumento publicitario el programa "Todo por la Patria", editado por la Guardia Nacional.
Los partidarios y dirigentes del régimen hacían tan ostentoso y masivo despliegue y uso de los colores nacionales, que por momentos hacía recordar las banderolas nazifascistas de los tiempos de Hitler y Mussolini. El patriotismo y el nacionalismo canalero era usado para inflamar el apoyo popular a favor de la dictadura.
Hubo quienes incluso colocaban en sus vehículos grandes chapas de la bandera nacional con la leyenda impresa "Quiéreme o déjame". La intención obvia era lograr que se identificara a la Patria con el régimen y viceversa. Noriega, por ejemplo, decía: "No me atacan a mí, sino al país". De allí a decir "Panamá soy yo", había sólo un paso.
La Cruzada Civilista Nacional, que encabezó la ofensiva final contra el régimen, cayó inconscientemente en el juego, cuando pregonó la fundación de una "nueva república". Por momentos, los símbolos patrios fueron dolorosamente identificados con la dictadura.
De allí que con la restauración de la democracia, una especie de instinto de supervivencia haya hecho que muchos panameños muestren renuencia y desgano con la exhibición de los símbolos patrios y con la celebración de sus días. Eso mismo quizás explique el reciente auge del 10 y 28 de noviembre, de nuestra independencia de España, de raíces más lejanas, menos cuestionadas y polémicas.
El 3 y el 4 de noviembre deben ser rescatados, aunque no sea labor fácil. Se requiere para ello de una sostenida labor educativa que exalte los valores patrios dañados por la bruma que nos legó la dictadura.
En una ocasión Noriega, ignorante de la historia, ordenó a sus batalloneros arrancar el busto del doctor Harmodio Arias que yacía en un parque de Penonomé, para lanzarlo a un río. Hasta que un historiador se apiadó de aquellos ignorantes explicándoles que el expresidente había gestado el tratado de 1936, que precisamente eliminó el derecho de intervención y forjó otras valiosas reivindicaciones. Al poco tiempo, el busto, que había sido rescatado por unos vecinos, fue restituído en su sitio por una guardia de honor que en desagravio le rindió honores marciales.
Simultáneo al vilipendio contra los padres de la Patria, se dio por la dictadura una usurpación de los símbolos nacionales, especialmente de la bandera, de todo lo cual fue instrumento publicitario el programa "Todo por la Patria", editado por la Guardia Nacional.
Los partidarios y dirigentes del régimen hacían tan ostentoso y masivo despliegue y uso de los colores nacionales, que por momentos hacía recordar las banderolas nazifascistas de los tiempos de Hitler y Mussolini. El patriotismo y el nacionalismo canalero era usado para inflamar el apoyo popular a favor de la dictadura.
Hubo quienes incluso colocaban en sus vehículos grandes chapas de la bandera nacional con la leyenda impresa "Quiéreme o déjame". La intención obvia era lograr que se identificara a la Patria con el régimen y viceversa. Noriega, por ejemplo, decía: "No me atacan a mí, sino al país". De allí a decir "Panamá soy yo", había sólo un paso.
La Cruzada Civilista Nacional, que encabezó la ofensiva final contra el régimen, cayó inconscientemente en el juego, cuando pregonó la fundación de una "nueva república". Por momentos, los símbolos patrios fueron dolorosamente identificados con la dictadura.
De allí que con la restauración de la democracia, una especie de instinto de supervivencia haya hecho que muchos panameños muestren renuencia y desgano con la exhibición de los símbolos patrios y con la celebración de sus días. Eso mismo quizás explique el reciente auge del 10 y 28 de noviembre, de nuestra independencia de España, de raíces más lejanas, menos cuestionadas y polémicas.
El 3 y el 4 de noviembre deben ser rescatados, aunque no sea labor fácil. Se requiere para ello de una sostenida labor educativa que exalte los valores patrios dañados por la bruma que nos legó la dictadura.