Reserva Moral de la patria
Cuando el doctor Arnulfo Arias Madrid por primera vez enunció la doctrina panameñista, en ocasión del grandioso recibimiento que le tributara el pueblo panameño para ratificar su postulación como candidato presidencial por el Partido Nacional Revolucionario, en diciembre de 1939, lo hizo plenamente convencido de que el conglomerado panameñista, formado por las grandes mayorías de nuestro pueblo, habría de constituirse en "la reserva moral de la patria". Y sus proféticas palabras se transformaron en tangible realidad con el devenir del tiempo.
Al asumir el mando presidencial, el Dr. Arias, una vez autorizado por el pueblo que lo eligió, promulgó la Constitución de 1941 que abolió la discriminación entre los hijos "naturales" y "legítimos", le concedió el derecho al sufragio de la mujer, estableció oficinas laborales para protección del obrero, creó juntas inquilinarias para frenar a los caseros explotadores, y nacionalizó el comercio al por menor. Esto le costó su primer derrocamiento y su largo exilio y peregrinaje por tierras de nuestra América india que habla español y le reza a Jesucristo.
En estas cuartillas no hay espacio suficiente para relatar la gloriosa trayectoria del Partido Panameñista que tuvo que ser inscrito en seis ocasiones, ya que los que pretendieron arrebatarle al pueblo panameño su partido tuvieron que conformarse con solo un cascarón, porque las masas panameñistas reconocen una sola doctrina y un solo ideal reivindicador que hoy se encuentran plasmados en los estatutos del Partido Panameñista Arnulfista liderizado por la legítima y única heredera del caudal de votos que ese partido representa, doña Mireya Moscoso. El doctor Arnulfo Arias, muy sabiamente, no nos legó un Testamento Político. El futuro del partido quedó a ciencia de todos y cada uno de los arnulfistas...
Sin embargo, debemos aceptar que doña Mireya, por quien sentimos una gran admiración y le profesamos un profundo respeto, debe proceder cuanto antes a la reorganización interna del organismo político que lideriza mediante una depuración desapasionada, con miras a arrojar fuera del templo a los mercaderes que se enquistaron dentro del partido con miras a recibir prebendas y canonjías, olvidándose de los miles de miembros y copartidarios que aún deambulan por nuestras calles y campiñas, sin medios de sustento para llevar el pan nuestro de cada día a sus humildes hogares.
La actual dirigencia partidista que lideriza doña Mireya puede soslayar que aún existen en nuestro país verdaderos y convencidos panameñistas doctrinarios que desde temprana edad abrazaron con amor la doctrina enunciada por el Dr. Arias en 1939, pero que se distanciaron del seno del organismo partidario por desavenencias con miembros directivos durante las transiciones y transformaciones a que se vio sometido el partido a través de más de medio siglo de existencia.
Por mandato de la historia es a doña Mireya a quien le corresponde la tarea de concertación ante la enorme responsabilidad que nos depara el próximo milenio. Esta será una batalla de veteranos aguerridos y no de "jovencitos" improvisados. Como diría mi compadre, el doctor Arnulfo Arias Madrid. ¡Vox Populi, Vox Dei!
Al asumir el mando presidencial, el Dr. Arias, una vez autorizado por el pueblo que lo eligió, promulgó la Constitución de 1941 que abolió la discriminación entre los hijos "naturales" y "legítimos", le concedió el derecho al sufragio de la mujer, estableció oficinas laborales para protección del obrero, creó juntas inquilinarias para frenar a los caseros explotadores, y nacionalizó el comercio al por menor. Esto le costó su primer derrocamiento y su largo exilio y peregrinaje por tierras de nuestra América india que habla español y le reza a Jesucristo.
En estas cuartillas no hay espacio suficiente para relatar la gloriosa trayectoria del Partido Panameñista que tuvo que ser inscrito en seis ocasiones, ya que los que pretendieron arrebatarle al pueblo panameño su partido tuvieron que conformarse con solo un cascarón, porque las masas panameñistas reconocen una sola doctrina y un solo ideal reivindicador que hoy se encuentran plasmados en los estatutos del Partido Panameñista Arnulfista liderizado por la legítima y única heredera del caudal de votos que ese partido representa, doña Mireya Moscoso. El doctor Arnulfo Arias, muy sabiamente, no nos legó un Testamento Político. El futuro del partido quedó a ciencia de todos y cada uno de los arnulfistas...
Sin embargo, debemos aceptar que doña Mireya, por quien sentimos una gran admiración y le profesamos un profundo respeto, debe proceder cuanto antes a la reorganización interna del organismo político que lideriza mediante una depuración desapasionada, con miras a arrojar fuera del templo a los mercaderes que se enquistaron dentro del partido con miras a recibir prebendas y canonjías, olvidándose de los miles de miembros y copartidarios que aún deambulan por nuestras calles y campiñas, sin medios de sustento para llevar el pan nuestro de cada día a sus humildes hogares.
La actual dirigencia partidista que lideriza doña Mireya puede soslayar que aún existen en nuestro país verdaderos y convencidos panameñistas doctrinarios que desde temprana edad abrazaron con amor la doctrina enunciada por el Dr. Arias en 1939, pero que se distanciaron del seno del organismo partidario por desavenencias con miembros directivos durante las transiciones y transformaciones a que se vio sometido el partido a través de más de medio siglo de existencia.
Por mandato de la historia es a doña Mireya a quien le corresponde la tarea de concertación ante la enorme responsabilidad que nos depara el próximo milenio. Esta será una batalla de veteranos aguerridos y no de "jovencitos" improvisados. Como diría mi compadre, el doctor Arnulfo Arias Madrid. ¡Vox Populi, Vox Dei!