Residuos
“Qué bueno te quedó todo” me repiten amistades ponderando el evento litúrgico y la celebración posterior. De todas maneras agradezco nuevamente a los creativos y a los ejecutores y todos los que onerosamente ofrecieron sus colaboraciones de distinta manera.
Ha sido para mí una confirmación no sólo de agradecimiento por los años de estudios en el colegio Javier de entonces, en otros asimos de acción de gracias por los bautizos, comuniones, bendiciones, matrimonios e incluso exequias, a las que les he acompañado a través de este cincuentenario de ser ministro del culto católico. Lo único que les deseo es que ojalá la celebración de estas bodas de oro sea una realidad para todos los oferentes y participantes. Me informaron que algunos aspectos costosos del evento fueron donados por sus promotores. Nuevamente muchas gracias.
Me tocó dar el testimonio en la Cena de Pan y Vino donde traté de expresar lo complejo del llamamiento del Señor a este estilo de vida, aunque no lo dije todo muy especialmente entre los factores que me ayudaron en el proceso a aclarar lo de la vocación al sacerdocio fue una pieza literaria traducida por el eminente educador clásico el Reverendo Aurelio Espinosa Polit, fundador de la Universidad Católica de Quito, “El lebrel del cielo“, del cual citaré unas líneas. Como si se tratara de un rebelde que no quería, lo encontré expresado en el poema del ingles Francis Thompson, “The Hound of heaven” (El Lebrel del Cielo), cuando en sus versos decía:
“Huía de El por la áspera pendiente de los noches y días, huía de El, cruzando las arcadas de los años sombrías, y por las laberintos de mi mente huía de El, y en brumazón de llanto de su faz me escondía con espanto, y me aturdía en ondulantes risas. Corrí tas vislumbradas ilusiones con alocadas prisas , hasta rodar por breñas y peñones al titánico horror de negro abismo, donde repercutían esos pies que implacables me seguían”.
Son 182 versos que se les subdivide en Proemio, Huida, la Rendición, el Hallazgo de Dios. En la ultima parte del Hallazgo de Dios, DIOS hace sentir al alma su indignidad, la consuela, comprende el alma el misterio de la amorosa severidad y termina con la misericordia que le ofrece Dios. Es un poema canto a lo divo, que se mueve tanto en el orden sobrenatural como en el eminente humano y según algunos es una interpretación de la vida, desde el punto de vista de la experiencia espiritual porque por más subterfugios que busquemos ¿quién se podrá ocultar a sí mismo de la llamada de Dios?