Residuos peligrosos: un llamado de alerta
Con el desarrollo del país y el crecimiento de las ciudades, la generación de basura y desechos producto de las actividades domésticas, comerciales, industriales y hospitalarias, ha ido en aumento progresivo. Cada día se vuelve más necesario clasificarlas y darles tratamientos diferentes. Todas estas actividades producen residuos y basuras orgánicas, como sobras de comida; e inorgánicas, como papeles, cartones, plásticos, etc. Pero además hay una serie de residuos y desechos que tienen características especiales y que ponen en peligro tanto a las personas que los manejan, como a las poblaciones cercanas al sitio donde se depositan. Me refiero a lo que se conoce como residuos peligrosos, que son desechos sólidos, líquidos, pastosos o tipo lodo, que contienen sustancias contaminantes que representan un peligro para la salud humana y para el medio ambiente, y que requieren un manejo especial.
Estas sustancias peligrosas incluyen los residuos clínicos resultantes de atenciones en los hospitales, centros de salud, clínicas veterinarias, industrias de preparación de productos farmacéuticos, productos químicos para la preservación de la madera, residuos que contienen cianuros, residuos que contienen alquitrán o petróleo, los que se utilizan para tintes, colorantes y pigmentos, pinturas, lacas y barnices, resinas, colas y adhesivos, materiales fotográficos, etc.
Estos residuos pueden ser explosivos, inflamables, tóxicos o venenosos, patógenos, corrosivos o radioactivos, y algunos liberan gases tóxicos en contacto con el agua o el aire. Unos de los más peligrosos son los residuos infecciosos, que contienen bacterias, virus y otros microorganismos con capacidad de infección y toxinas producidas por microorganismos con efectos nocivos sobre los seres humanos y los animales.
En otros países se le exige al productor de estos residuos que previo a su disposición final, realice un tratamiento para eliminar o reducir lo más posible estas características y los deposite en la forma y el lugar adecuado.
Otros de los problemas que hay que resolver es (1) la disposición de aceites usados, que se generan en gasolineras y talleres automovilísticos, y que normalmente se eliminan a través de los sistemas de alcantarillados sin ningún tratamiento; (2) la disposición de barros y lodos procedentes de la limpieza de tanques sépticos, que normalmente se depositan en áreas lejanas, huecos, ríos y quebradas; y (3) el vertimiento de pesticidas y plaguicidas, que se usan en la agricultura.
Considero que el país no tiene suficientes estructuras, políticas, ni normas claras para la generación, reducción, transporte, tratamiento, vigilancia y disposición final de desechos peligrosos, ni suficientes sitios especiales de seguridad para recibir estos desechos, complementados con sistemas de incineración.
Como parte de las políticas, se debe prohibir la entrada de residuos peligrosos de otros países, así como las descargas clandestinas de estos residuos en ríos, quebradas, drenajes, canales, alcantarillados y sitios apartados.
Para comenzar a manejar este tema, se requiere una ley simple, moderna y fácil de aplicar, con plazos adecuados, acorde con nuestra realidad, para que el Gobierno, en conjunto con la empresa privada, diseñen sistemas, reglamentaciones y los controles pertinentes para que cada sector asuma la responsabilidad que le corresponde. Las normas deben incluir procedimientos que deben utilizar las personas y empresas que manipulan y transportan estos residuos, incluyendo tipos de camiones, rutas, capacidad del personal que lo realiza, y todas las actividades asociadas, para prevenir escapes y derrames durante la ruta o en el sitio final. También es importante que se instruya a todos los municipios del país, para que apoyen y supervisen las medidas que se adopten.
Gracias a un estudio reciente sobre el tema, Panamá está en condiciones de adoptar un plan de manejo con sus correspondientes mecanismos administrativos, institucionales y legales. Sólo falta revisarlo, consultarlo y adecuarlo a nuestra realidad.
Especialista en Planificación Urbana y Regional
Estas sustancias peligrosas incluyen los residuos clínicos resultantes de atenciones en los hospitales, centros de salud, clínicas veterinarias, industrias de preparación de productos farmacéuticos, productos químicos para la preservación de la madera, residuos que contienen cianuros, residuos que contienen alquitrán o petróleo, los que se utilizan para tintes, colorantes y pigmentos, pinturas, lacas y barnices, resinas, colas y adhesivos, materiales fotográficos, etc.
Estos residuos pueden ser explosivos, inflamables, tóxicos o venenosos, patógenos, corrosivos o radioactivos, y algunos liberan gases tóxicos en contacto con el agua o el aire. Unos de los más peligrosos son los residuos infecciosos, que contienen bacterias, virus y otros microorganismos con capacidad de infección y toxinas producidas por microorganismos con efectos nocivos sobre los seres humanos y los animales.
En otros países se le exige al productor de estos residuos que previo a su disposición final, realice un tratamiento para eliminar o reducir lo más posible estas características y los deposite en la forma y el lugar adecuado.
Otros de los problemas que hay que resolver es (1) la disposición de aceites usados, que se generan en gasolineras y talleres automovilísticos, y que normalmente se eliminan a través de los sistemas de alcantarillados sin ningún tratamiento; (2) la disposición de barros y lodos procedentes de la limpieza de tanques sépticos, que normalmente se depositan en áreas lejanas, huecos, ríos y quebradas; y (3) el vertimiento de pesticidas y plaguicidas, que se usan en la agricultura.
Considero que el país no tiene suficientes estructuras, políticas, ni normas claras para la generación, reducción, transporte, tratamiento, vigilancia y disposición final de desechos peligrosos, ni suficientes sitios especiales de seguridad para recibir estos desechos, complementados con sistemas de incineración.
Como parte de las políticas, se debe prohibir la entrada de residuos peligrosos de otros países, así como las descargas clandestinas de estos residuos en ríos, quebradas, drenajes, canales, alcantarillados y sitios apartados.
Para comenzar a manejar este tema, se requiere una ley simple, moderna y fácil de aplicar, con plazos adecuados, acorde con nuestra realidad, para que el Gobierno, en conjunto con la empresa privada, diseñen sistemas, reglamentaciones y los controles pertinentes para que cada sector asuma la responsabilidad que le corresponde. Las normas deben incluir procedimientos que deben utilizar las personas y empresas que manipulan y transportan estos residuos, incluyendo tipos de camiones, rutas, capacidad del personal que lo realiza, y todas las actividades asociadas, para prevenir escapes y derrames durante la ruta o en el sitio final. También es importante que se instruya a todos los municipios del país, para que apoyen y supervisen las medidas que se adopten.
Gracias a un estudio reciente sobre el tema, Panamá está en condiciones de adoptar un plan de manejo con sus correspondientes mecanismos administrativos, institucionales y legales. Sólo falta revisarlo, consultarlo y adecuarlo a nuestra realidad.
Especialista en Planificación Urbana y Regional