Resocialización juvenil
Estamos hartos de pandillerismo juvenil y de asesinatos perpetrados por jóvenes sin que se tomen medidas para prevenirlo, poner a buen recaudo a los responsables y resocializarlos. Los noticieros de televisión difunden abundante material sobre disputas territoriales y rivalidades estúpidas. Los sociólogos, criminólogos y psicólogos suelen presentar a los jóvenes delincuentes como víctimas de la sociedad. Hablan de pobreza, desintegración familiar, abandono y de otras lacras de nuestro tiempo. Insisten que sólo erradicándolas podemos aspirar a mejorar el problema de la seguridad en las calles y hogares.
Lo malo es que si esperamos a poner fin a la pobreza, la criminalidad habrá acabado con nosotros y nuestros seres queridos.
La pregunta en concreto es: ¿Qué hacer con la delincuencia juvenil, mientras transcurre un largo tiempo en que se logra disminuir la pobreza? La respuesta es prevenir, reprimir, encarcelar y resocializar. Puede que algunos términos no agraden, pero son más claros. No estamos de acuerdo con que se siga maquillando el lenguaje para ocultar realidades duras. Para nosotros se trata de menores delincuentes y no - como dicen - de "menores infractores" y otros eufemismos.
Prevenir y reprimir es trabajo hecho. Hay que mejorarlo e invertirle algunos millones, pero en general el Estado cuenta con la estructura para hacerlo. Por ejemplo, se puede doblar las horas de escuela. El ocio es el peor enemigo.
Encarcelar es más difícil, porque tenemos leyes demasiado permisivas y jueces contemplativos y condescendientes. La fórmula fácil de enviar criminales a su casa, debe cesar. Es en la resocialización donde el sistema naufraga.
Hemos visto los positivos efectos de círculos de lectura en el Centro de Cumplimiento o cárcel juvenil. Pero hacen falta más programas científicos, más deporte, más educación vocacional y artesanal. La escuela debe ir hacia esos centros con la enseñanza de idiomas, administración de pequeñas empresas y otras disciplinas. Se puede hacer mucho, pero empecemos pronto.
Lo malo es que si esperamos a poner fin a la pobreza, la criminalidad habrá acabado con nosotros y nuestros seres queridos.
La pregunta en concreto es: ¿Qué hacer con la delincuencia juvenil, mientras transcurre un largo tiempo en que se logra disminuir la pobreza? La respuesta es prevenir, reprimir, encarcelar y resocializar. Puede que algunos términos no agraden, pero son más claros. No estamos de acuerdo con que se siga maquillando el lenguaje para ocultar realidades duras. Para nosotros se trata de menores delincuentes y no - como dicen - de "menores infractores" y otros eufemismos.
Prevenir y reprimir es trabajo hecho. Hay que mejorarlo e invertirle algunos millones, pero en general el Estado cuenta con la estructura para hacerlo. Por ejemplo, se puede doblar las horas de escuela. El ocio es el peor enemigo.
Encarcelar es más difícil, porque tenemos leyes demasiado permisivas y jueces contemplativos y condescendientes. La fórmula fácil de enviar criminales a su casa, debe cesar. Es en la resocialización donde el sistema naufraga.
Hemos visto los positivos efectos de círculos de lectura en el Centro de Cumplimiento o cárcel juvenil. Pero hacen falta más programas científicos, más deporte, más educación vocacional y artesanal. La escuela debe ir hacia esos centros con la enseñanza de idiomas, administración de pequeñas empresas y otras disciplinas. Se puede hacer mucho, pero empecemos pronto.