Respetemos nuestra nacionalidad
Es importante que los panameños empecemos de una vez por todas a darle valor a lo nuestro. Es necesario que a nivel de gobierno, clubes cívicos, escuelas, etc., se mantenga viva una campaña de veneración, respeto y consideración hacia los sucesos históricos y nombres de aquellos hombres y mujeres que forjaron nuestra verdadera nacionalidad, a través de una vida honesta y vertical.
La nacionalidad debe ser para la nación lo que los vínculos familiares son para la familia. Para el fortalecimiento social, político, económico y moral de nuestro país, es imprescindible que de una forma desapasionada y objetiva estudiemos, analicemos y comprendamos lo que somos y hemos sido como nación independiente y soberana. De esta forma un sentimiento de nacionalidad fuerte y vigoroso lograría nuestra consolidación democrática y cívica, lo que acabaría de una vez por todas con esa desunión que se acentúa día a día, sobre todo, entre gobernantes y gobernados De esta misma manera los vínculos familiares se fortalecen cuando estamos consientes que pertenecemos a una familia honorable, que por su integridad, honradez y generosidad es objeto de respeto y consideración, independientemente de su clase social, raza, religión o ideas políticas.
Desde muy pequeño comprendí, por ejemplo, la verdadera significación histórica del 3 de noviembre de 1903, cuando nuestros próceres se enfrentaron con firmeza y decisión a los intereses poderosos y ambiciones desmedidas, no solo de una potencia extranjera, sino también a los del país del cual formábamos parte.
Brillante decisión entonces fue iniciar y concluir el movimiento secesionista a través de una conjura que nos convirtió en un país soberano, en lugar de iniciar una guerra abierta que, independientemente de sus posibles epopeyas heroicas, nos hubiera llevado indefectiblemente al fracaso.
También es preciso este momento para recordar, entre muchos otros, a patriotas como Tomás Herrera, nuestro intrépido militar que gobernó con las armas del civismo; a Justo Arosemena, nuestro escrutador incansable de la nacionalidad; a Pablo Arosemena, nuestro elocuente defensor de la democracia; a Belisario Porras, nuestro autentico caudillo de orientación civilista y progresista; a Eusebio A. Morales, nuestro servidor caballero de la política; a Harmodio Arias Madrid, nuestro nacionalista de principios; a Guillermo Andreve, nuestro periodista intachable; a Octavio Méndez Pereira, nuestro educador incansable; a José Dolores Moscote, nuestro maestro del constitucionalismo; a María Olimpia de Obaldía, nuestra inspirada Alondra; a Ricardo J. Alfaro, nuestro internacionalista que brilló por su intelecto; a Ernesto De la Guardia, nuestro estadista infatigable; a Raúl Arango Navarro, nuestro político probo; y a Roberto F. Chiari, nuestro presidente de la dignidad.
Hombres como ellos son los pilares sobre los cuales debe descansar la verdadera nación con la cual lograríamos nuestra total independencia económica y social, al igual que la solidificación de nuestros valores cívicos y morales que tanta falta le hacen a nuestra sociedad. Muy lamentables han sido entonces las palabras del Excelentísimo Señor Presidente de la República cuando señaló que "lo que teníamos en manos de gobiernos anteriores (al de Omar Torrijos) era una caricatura de país", como si Panamá se hubiera independizado el 11 de octubre de 1968. ¿Porqué será que los mismos que por razones políticas no quieren recordar el oscurantismo que representó para nuestra nación los 21 años de dictadura militar, no vacilan en injuriar la memoria de nuestros próceres?.
Resulta paradójico que quien debe darnos el ejemplo fortaleciendo los valores cívicos y honrando su propia magistratura a través del respeto a nuestra historia patria, es el primero en pisotear esos valores al desconocer la realidad, haciendo afirmaciones que promueven división y denigran nuestro más profundo e insoslayable sentimiento patriótico.
Todos los panameños con sentido de patria debemos sentirnos orgullosos de todos esos hombres y mujeres que antes del 11 de octubre de 1968 fortalecieron con sus actuaciones los valores morales, la democracia, la justicia y la libertad en nuestro país.
Asimismo nos debemos sentir igualmente orgullosos por todos esos hombres y mujeres que después del 11 de octubre de 1968 lucharon y hasta dieron sus vidas por el restablecimiento de esos valores, y por la democracia, la justicia y la libertad, socavadas con el golpe de estado de ese 11 de octubre de 1968, el cual representó el comienzo de un legado de oscurantismo político, moral, económico y social, el cual duró los 21 de una larga y oprobiosa dictadura militar.
El fortalecimiento de nuestra incipiente democracia se logrará a través del respeto a nuestros valores y legados históricos. Igualmente se logrará cuando al hombre se le deje de alabar y vanagloriar por el poder que posee o que poseyó (aunque fuere por la fuerza de las armas), por el liderazgo que ejerce o que ejerció (aunque fuere a través de la mentira y la demagogia) o las riquezas que tiene o que tuvo (aunque fueren mal habidas ). Exijamos entonces respeto por nuestra nacionalidad, por ende, por la memoria de nuestros antepasados que ayudaron a forjarla.
La nacionalidad debe ser para la nación lo que los vínculos familiares son para la familia. Para el fortalecimiento social, político, económico y moral de nuestro país, es imprescindible que de una forma desapasionada y objetiva estudiemos, analicemos y comprendamos lo que somos y hemos sido como nación independiente y soberana. De esta forma un sentimiento de nacionalidad fuerte y vigoroso lograría nuestra consolidación democrática y cívica, lo que acabaría de una vez por todas con esa desunión que se acentúa día a día, sobre todo, entre gobernantes y gobernados De esta misma manera los vínculos familiares se fortalecen cuando estamos consientes que pertenecemos a una familia honorable, que por su integridad, honradez y generosidad es objeto de respeto y consideración, independientemente de su clase social, raza, religión o ideas políticas.
Desde muy pequeño comprendí, por ejemplo, la verdadera significación histórica del 3 de noviembre de 1903, cuando nuestros próceres se enfrentaron con firmeza y decisión a los intereses poderosos y ambiciones desmedidas, no solo de una potencia extranjera, sino también a los del país del cual formábamos parte.
Brillante decisión entonces fue iniciar y concluir el movimiento secesionista a través de una conjura que nos convirtió en un país soberano, en lugar de iniciar una guerra abierta que, independientemente de sus posibles epopeyas heroicas, nos hubiera llevado indefectiblemente al fracaso.
También es preciso este momento para recordar, entre muchos otros, a patriotas como Tomás Herrera, nuestro intrépido militar que gobernó con las armas del civismo; a Justo Arosemena, nuestro escrutador incansable de la nacionalidad; a Pablo Arosemena, nuestro elocuente defensor de la democracia; a Belisario Porras, nuestro autentico caudillo de orientación civilista y progresista; a Eusebio A. Morales, nuestro servidor caballero de la política; a Harmodio Arias Madrid, nuestro nacionalista de principios; a Guillermo Andreve, nuestro periodista intachable; a Octavio Méndez Pereira, nuestro educador incansable; a José Dolores Moscote, nuestro maestro del constitucionalismo; a María Olimpia de Obaldía, nuestra inspirada Alondra; a Ricardo J. Alfaro, nuestro internacionalista que brilló por su intelecto; a Ernesto De la Guardia, nuestro estadista infatigable; a Raúl Arango Navarro, nuestro político probo; y a Roberto F. Chiari, nuestro presidente de la dignidad.
Hombres como ellos son los pilares sobre los cuales debe descansar la verdadera nación con la cual lograríamos nuestra total independencia económica y social, al igual que la solidificación de nuestros valores cívicos y morales que tanta falta le hacen a nuestra sociedad. Muy lamentables han sido entonces las palabras del Excelentísimo Señor Presidente de la República cuando señaló que "lo que teníamos en manos de gobiernos anteriores (al de Omar Torrijos) era una caricatura de país", como si Panamá se hubiera independizado el 11 de octubre de 1968. ¿Porqué será que los mismos que por razones políticas no quieren recordar el oscurantismo que representó para nuestra nación los 21 años de dictadura militar, no vacilan en injuriar la memoria de nuestros próceres?.
Resulta paradójico que quien debe darnos el ejemplo fortaleciendo los valores cívicos y honrando su propia magistratura a través del respeto a nuestra historia patria, es el primero en pisotear esos valores al desconocer la realidad, haciendo afirmaciones que promueven división y denigran nuestro más profundo e insoslayable sentimiento patriótico.
Todos los panameños con sentido de patria debemos sentirnos orgullosos de todos esos hombres y mujeres que antes del 11 de octubre de 1968 fortalecieron con sus actuaciones los valores morales, la democracia, la justicia y la libertad en nuestro país.
Asimismo nos debemos sentir igualmente orgullosos por todos esos hombres y mujeres que después del 11 de octubre de 1968 lucharon y hasta dieron sus vidas por el restablecimiento de esos valores, y por la democracia, la justicia y la libertad, socavadas con el golpe de estado de ese 11 de octubre de 1968, el cual representó el comienzo de un legado de oscurantismo político, moral, económico y social, el cual duró los 21 de una larga y oprobiosa dictadura militar.
El fortalecimiento de nuestra incipiente democracia se logrará a través del respeto a nuestros valores y legados históricos. Igualmente se logrará cuando al hombre se le deje de alabar y vanagloriar por el poder que posee o que poseyó (aunque fuere por la fuerza de las armas), por el liderazgo que ejerce o que ejerció (aunque fuere a través de la mentira y la demagogia) o las riquezas que tiene o que tuvo (aunque fueren mal habidas ). Exijamos entonces respeto por nuestra nacionalidad, por ende, por la memoria de nuestros antepasados que ayudaron a forjarla.