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Responsabilidad Social Empresarial


EL PASADO 12 DE enero se conoció que las empresas panameñas están rezagadas en Responsabilidad Social Empresarial (RSE), ya que de 22 países que conforman la red continental que la fomenta, Panamá ocupa el último lugar en filiación empresarial.
En el mundo ha venido generalizándose la convicción de que las empresas deben asumir su responsabilidad social. Esto adquirió una relevancia mayor en los últimos años gracias a dos acontecimientos significativos:
El 31 de enero de 1999, el Secretario General de las Naciones Unidas (ONU), Kofi Annan, expresó en el Foro Económico de Davos: "Elijamos unir el poder de los mercados con la autoridad de los ideales universales. Elijamos reconciliar las fuerzas creadoras de la empresa privada con las necesidades de los menos aventajados y con las exigencias de las generaciones futuras". Propuso que las empresas, las organizaciones cívicas y laborales concertasen un Pacto Global.
El otro hecho notable ocurrió en el 2001, cuando la Comisión de la Unión Europea propuso fomentar un marco europeo para la responsabilidad social de las empresas, con el propósito de convertir a la economía europea en la más competitiva y dinámica del mundo, capaz de crecer económicamente de manera sostenible, con más y mejores empleos, y mayor cohesión social. Para lograrlo, se invitaba a las empresas a invertir en su futuro, llevando a cabo un balance económico, social y medioambiental que permitiera el avance en paralelo del crecimiento económico, la cohesión social y la protección del medio ambiente.
El Pacto Global plantea tres ámbitos de acción: derechos humanos, laborales y ambientales. El ámbito de los derechos humanos y laborales se basa en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU, los cuatro principios fundamentales de la OIT y del Derecho del Trabajo.
Por su parte, el ámbito ambiental se refiere a la responsabilidad que compete a las empresas sobre las externalidades que genera su actividad productiva. El 24 de junio del 2004, durante la Cumbre de Líderes del Pacto Global, se decidió incluir un principio en contra de la corrupción, que refleja el Convenio contra la Corrupción de la ONU, que compromete a los participantes a desarrollar políticas y programas concretos para abordar el tema de la corrupción.
La propia definición de RSE considera varias dimensiones: la filantrópica, la ética, las decisiones de política de la empresa y su rendición de cuentas, el ciclo de producto o cadena de valor, la normativa o regulatoria y la que emana de los compromisos comerciales, por lo que los empresarios tienen que adoptar una serie de principios éticos y de buenas prácticas económicas, sociales y ambientales.
La RSE debe ser un elemento medular de la estrategia empresarial, tendiente a la construcción de una nueva cultura corporativa. No consiste en mera filantropía, sino en diseñar las ejecuciones de la empresa de forma tal que se tengan en cuenta los intereses de toda la sociedad. La idea de beneficio se amplía de lo económico al social y medioambiental; y la de beneficiario, a todos los que son afectados por la actividad de la empresa.
Según la enciclopedia Encarta, el término "etica" (del griego "ethika", de ethos, comportamiento, costumbre), comprende los principios o pautas de la conducta humana, a menudo y de forma impropia llamada moral (del latín mores, "costumbre") y por extensión, el estudio de esos principios a veces llamado filosofía moral. La RSE se ha de enraizar en una ética de la empresa. La ética tiene que ver con el ethos, con el carácter que se forjan las personas y las organizaciones, con los hábitos que adquieren día a día para actuar de una forma excelente, con la convicción de que hacerlo así es lo que corresponde. Y la ética tiene que ver también con la justicia, con percatarse de que cualquiera que pueda ser afectado por una actividad social, tiene que ser tenido en cuenta al tomarse las decisiones.
Existen dos enfoques en cuanto a la RSE: El primero aboga por la adopción de marcos reguladores de las prácticas socialmente responsables de las empresas, lo que implica cierta obligatoriedad. El segundo, por la adopción voluntaria de las mejores prácticas y del desarrollo de acuerdos concertados, como el Pacto Global. Es decir, la discusión gira en torno a la disyuntiva de normas versus compromisos voluntarios, y desconfianza social respecto al poder corporativo versus desconfianza empresarial respecto de la intervención pública.
Según la Red Puentes Internacional "gran parte de los problemas sociales y ambientales del planeta son producto de una gestión empresarial no ética, ilegítima, codiciosa e irresponsable, facilitada por la falta de marcos legales apropiados, y por gobiernos y sistemas de regulación, control y fiscalización frágiles y poco eficientes".
Georg Kell, presidente del Pacto Global, le pidió a las empresas adheridas a él, información sobre sus progresos en las prácticas de responsabilidad social, comunicándoles que de no hacerlo en dos años, se les considerará inactivas en el Pacto. ¿Por qué hace falta este aviso? ¿Por qué sólo se trata de tomarse la foto firmando el pacto y olvidarse de la RSE? En muchos casos es así, ya que la ética vende; es decir, publicitar la apuesta por buenas prácticas atrae, genera una buena reputación, aunque se quede sólo en la apariencia de una buena actuación. Por eso es necesario un sistema de verificación que evite el uso de la RSE como una simple herramienta de marketing.
Coincido con la señora Marcela Álvarez-Calderón de Pardini, presidenta ejecutiva de IntegraRSE, cuando expresa: "Adoptar buenas prácticas de RSE, como es el conciliar los objetivos de productividad y rentabilidad de las empresas con el desarrollo de las personas que en ellas trabajan, y promover la mejora de la calidad de vida de la comunidad y el entorno en que se desenvuelven, podría constituir uno de los cambios estructurales más importantes que Panamá requiere para elevar su perfil de competitividad". Es por ello que en los dos próximos artículos analizaré la relación de la RSE con la educación y la salud.

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