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Responsabilidades compartidas


Rara vez cuando subimos a un automóvil, taxi o bus experimentamos el miedo que sentimos al despegar dentro de un avión. Sin embargo, basta mirar los diarios nacionales para percatarnos que todos los días los accidentes de tránsito se cobran más vidas que cualquier avión accidentado en Panamá.
Lo grave es que las cifras y las noticias nos revelan que Panamá posee uno de los más altos índices de peatones -aproximadamente un 80 %- fallecidos en accidentes de tránsito. Según las autoridades las causas son múltiples y podemos hablar desde el clásico reventón de un neumático de un bus de uso público, debido a la falta de controles y abuso de los conductores y propietarios por igual, hasta de la imprudencia de los motociclistas, la impudicia de los jóvenes o la temeraria forma de conducir de los taxistas.
Y entre las múltiples explicaciones que se atribuyen a este mal, casi siempre se suele poner el acento de la culpa del accidente en lo que "hacen los otros". Rara vez se analiza la conducta en primera persona. He aquí la primera falla que hay que corregir para abordar una solución cónsona con un mal nacional que va creciendo en la medida que crece la población urbana en el país. Hoy día vivimos en una jungla de concreto, por lo que la responsabilidad de su solución será de todos por igual.
Por tal razón, no bastarán más calles, leyes, multas, normas o policías -que no vendría nada mal- pero la situación es otra, y apela al sentido común de que la seguridad pública en el manejo o en el andar por las calles, exige sobre todo ajustarse a la vida y ser precavidos en cuanto salimos de nuestros hogares. Estas son tragedias que podemos evitar y están en nuestras manos la mayoría de las veces.

101 años de Panamá América

 
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