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Respuesta a un joven amigo


He leído con interés y decepción el comentario de mi joven amigo Carlos Guevara Mann sobre el artículo que publiqué el domingo pasado. Discrepa, sobre todo, con mi afirmación que "debemos superar el discurso antiyanqui de rescate de la soberanía para desarrollar un nuevo discurso de ejercicio responsable de la plena soberanía, y también superar el discurso antimilitarista de rescate de la civilidad para desarrollar un nuevo discurso de perfeccionamiento de la civilidad". Pero su discrepancia no me parece bien fundada.
Guevara Mann concentra su crítica en la segunda parte de mi afirmación, porque la primera la pasa curiosamente en silencio. Sugiere que esta segunda parte "se ha puesto de moda en algunos círculos políticos, con bríos singulares a partir del acuerdo que le permitió al PRD y al PDC asumir control de la Asamblea Legislativa el 1 de septiembre de 2000." La tácita implicación es que se trata de una afirmación oportunista, elaborada después de un hecho cumplido para "legitimar la cooperación política con los ex colaboradores de la dictadura".
Puedo esperar, sin embargo, que mi joven amigo corrija esta insinuación, por respeto a mi integridad de viejo intelectual, pues guardo la costumbre de profesor de filosofía por profesión, a saber la costumbre de pensar antes que de actuar, no la inversa. Evidentemente, Guevara Mann ignora que casi ocho meses antes del acuerdo META, el segundo domingo de enero del año 2000, publiqué un artículo intitulado "La responsabilidad, lenguaje de un pueblo adulto", en el que me explayaba sobre el agotamiento y la necesaria superación de ambos discursos.
Decía entonces que con el paso de la adolescencia a la edad adulta, "la pugnacidad de la adolescencia, expresión de una identidad insegura de cara a elementos extraños o adversos, y el lenguaje agresivo que la acompaña, dan paso a una nueva actitud que combina la iniciativa propia con la colaboración, actitud de seguridad en uno mismo que se expresa en un lenguaje de mayor compostura y ecuanimidad." Añadía que este cambio conducía, en primer lugar, a que nuestras decisiones respondan a nuestra conciencia no al qué dirán, y en segundo lugar, a que en vez de actuar como francotiradores, comencemos a practicar la corresponsabilidad, de manera que colaboremos con otros, sin buscar en los demás chivos expiatorios para excusar nuestras limitaciones y deficiencias. También expuse mi esperanza de que esta transformación se hubiera comenzado a dar en nuestro pueblo por "la prueba de adversidad", según la expresión de Eusebio Morales, que habíamos vivido como nación por la doble experiencia de la dictadura y la invasión.
Me gustaría repetir el análisis que propuse muchos meses antes del acuerdo META. Escribí entonces: "En el campo cívico-político, debemos reconocer que el discurso del antimilitarismo está agotado, debido a que por estipulación constitucional ya no tenemos organismo militar y menos aún uno que predomine sobre los sectores civiles de la sociedad. Junto con este discurso, también está agotado el de la anti-dictadura, por la sencilla razón de que no hay persona o grupo que pueda imponerse arbitrariamente a los ciudadanos y a sus autoridades civiles libremente escogidas para gobernar. Ello no quiere decir que hemos de olvidar el pasado de la dictadura militar. Tampoco quiere decir que no nos mantengamos alertas a cualquier signo de resurgimiento del militarismo y de un régimen autoritario o impositivo. Quienes ignoren los desmanes militaristas y dictatoriales y no estén alertas a los mismos, corren el riesgo de volver a padecerlos. Pero estos discursos ya no definen las opciones nacionales fundamentales y no deben determinar las alternativas de alianza política. En el plano cívico-político las opciones entre tradicionalismo y modernismo, entre paternalismo y participación, entre populismo electoral y desarrollismo institucional son las decisivas, en torno a las cuales deben darse conjunciones con miras al acceso y al ejercicio del poder público con responsabilidad."
¿Qué argumenta Guevara Mann en contra de este análisis? Sorprendentemente nada que sea nuevo ni muy válido. Menciona que es necesario superar "los resabios de militarismo" para consolidar "plenamente la ciudadanía democrática", pues a su juicio "el militarismo corrupto implantado en 1968 aún condiciona la vida política de la República y menoscaba su calidad, en parte como consecuencia de la vigencia del ordenamiento jurídico de la dictadura", que "se ha mantenido esencialmente intacto debido a la lamentable decisión de preservarlo, tomada por quienes asumieron las riendas".
Esta referencia velada a la Constitución vigente revela la debilidad de la argumentación de Guevara Mann. l no puede mencionar un solo aspecto de dicha Constitución que sea característico del militarismo y que no se encuentre en otras Constituciones democráticas. Lo que puede mencionar son aspectos de la Constitución que ameritarían reforma, no para rescatar la civilidad, sino para perfeccionarla, que es precisamente lo que considero necesario. Por otra parte, me llama la atención que lo único medio específico que argumenta es "la cultura del botín y el juega vivo", que él mismo debe admitir no fue inventada para los militares y sus secuaces civiles.
Si bien es un hecho que la corrupción de la dictadura alcanzó un nivel extremo que ha afectado profundamente la vida del país, no es menos verdad que la corrupción acumulada del tradicionalismo político imperante antes de 1968 condicionó la imposición de la dictadura y que la corrupción con opulencia surgida desde 1990 en adelante, tanto en el plano político como en el económico, es lo que más directamente nos afecta como país en la actualidad. Pensar que esta corrupción se cura con una lucha continuada contra el militarismo, me parece una ingenuidad. Necesitamos perfeccionar las instituciones civiles, entre otros las judiciales y la legislativa, fortalecer la ética y la cultura de nuestra civilidad y para ello conjugar fuerzas políticas que acometan la labor de Hércules en los establos de Augías, si queremos ver resultados.
Debo decir con toda sinceridad que de un joven de esmerada formación académica y con una obra escrita tan prometedora, esperaba más sentido de innovación y de futuro, menos arraigo a mantener vigente un pasado que ya se cumplió. Cuando mi amigo Guevara Mann madure con la dura prueba de la experiencia, descubrirá sin duda, dada su inteligencia, que hay que mantener viva la memoria para no repetir el pasado, pero que, si queremos progresar, no podemos dejar el futuro prisionero de la memoria. (ariyan@sinfo.net)

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