Resultados de una reciente visita universitaria
Invitado por The Helen Kellogg Institute for International Studies, a principios de febrero pronuncié un discurso en ese prestigioso instituto de la Universidad de Notre Dame. Como es ampliamente conocido, Notre Dame ocupa un lugar destacado entre las universidades católicas a nivel mundial. El Instituto Kellog se dedica a la investigación de asuntos internacionales de relevancia y es el principal centro de estudios latinoamericanos de Estados Unidos. Me cupo el honor de ser el primer ministro panameño en recibir una invitación para concurrir a dicha sede, que asumí como un deber y una valiosa oportunidad para presentar, ante esa comunidad académica, un esbozo de la política exterior panameña bajo el gobierno de la presidenta Mireya Moscoso.
Esa política responde a ciertas realidades internacionales, así como a ciertos principios fundamentales que dan sustento a la gestión del Gobierno Nacional. En cuanto a las características que presenta en la actualidad el escenario internacional, sobresalen la globalización económica; la hegemonía militar y estratégica de Estados Unidos, aunada a la concentración de la supremacía económica en torno a tres ejes principales (Estados Unidos, la Unión Europea, Japón y su área de influencia); el surgimiento y relevancia de nuevos actores internacionales, como los organismos intergubernamentales, las instituciones financieras, las empresas multinacionales, y los organismos de la sociedad civil a nivel mundial; la introducción de nuevos temas en la agenda internacional, como la promoción del comercio; de los valores políticos vinculados con la democracia representativa y del desarrollo humano sostenible; y el surgimiento de nuevos retos a la seguridad de los pueblos, como el deterioro ambiental, el terrorismo y el comercio ilegal, las migraciones masivas, la pobreza y el subdesarrollo.
El compromiso inclaudicable con el perfeccionamiento de la soberanía y el sistema democrático, así como la firme convicción de que corresponde al Estado procurar el mejoramiento de la calidad de vida de la ciudadanía, sobresalen entre los principios que sustentan el programa de gobierno con las características del escenario internacional, que se señalan en el párrafo anterior, ha dado como resultado una política exterior dirigida a conseguir tres fines principales: afianzar la soberanía nacional; garantizar la paz a través de la cooperación internacional para asegurar el respeto por el sistema democrático, los derechos humanos y el Derecho Internacional; y fomentar vinculaciones internacionales eficientes para promover el desarrollo humano sostenible. Asumir el control sobre todo el territorio nacional y poner fin a la presencia militar extranjera en nuestro suelo fue, durante el siglo XX, un objetivo permanente del Estado panameño. Lo conseguimos gracias al sacrificio de generaciones de compatriotas entre cuyas gestas sobresale la del 9 de enero de 1964 y el cumplimiento que celebramos con regocijo patriótico el 31 de diciembre de 1999.
Dos factores, sin embargo, impiden todavía el pleno control y usufructo del territorio nacional por parte de la colectividad panameña: por una parte, el Tratado de Neutralidad que reconoce a Estados Unidos la facultad de garantizar, de manera unilateral y por la fuerza, la seguridad del canal; por otra, el legado de contaminación que la presencia militar estadounidense ha dejado en algunas áreas de nuestro país. En cuanto al primer obstáculo, es un asunto que deberá resolverse mediante la mutua confianza entre ambas naciones e involucra un proceso generacional. En cuanto al segundo obstáculo, el Gobierno Nacional ha realizado esfuerzos diplomáticos superiores para llegar a un acuerdo con Estados Unidos que satisfaga las expectativas panameñas, basadas en una interpretación del Tratado de 1977 cónsona con las naciones de derechos humanos y seguridad ambiental que forman parte esencial del discurso político estadounidense de la actualidad. Como es sabido, el gobierno de la presidenta Mireya Moscoso ha llevado el tema a varios foros internacionales, entre ellos la Asamblea General de las Naciones Unidas. Como lo expresé en el Instituto Kellog, así como el rector Edward A. Malloy y otras autoridades de la Universidad de Notre Dame, el Gobierno Nacional confía que la recién inaugurada Administración del presidente George W. Bush dará a la posición panameña el valor que merece.
Por motivos de espacio no puedo abordar en detalle, los otros importantes objetivos de nuestra política exterior que planteé en Notre Dame. Quiero, eso sí, dejar constancia de algunas gestiones realizadas para promover dichos fines. Al Dr. Juan E. Méndez, Director del Centro de Derechos Civiles y Humanos de la Universidad de Notre Dame y Miembro de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, informé acerca de la creación de la Comisión de la Verdad e indique que tanto la ciudadanía como el Gobierno Nacional agradecerán todo apoyo o ayuda que los organismos a que pertenece puedan prestar al ejercicio eficaz de las funciones de la Comisión de la Verdad.
Ante las autoridades universitarias presenté el proyecto de la Ciudad del Saber, iniciado bajo el gobierno anterior, como una propuesta atractiva para la comunidad académica internacional que además contribuye a promover el desarrollo humano sostenible en Panamá. Tuve, asimismo, oportunidad para conocer distintas aproximaciones al problema colombiano y sus implicaciones internacionales, en vista de la atención que el Instituto Kellogg, ha dedicado al asunto y las actividades que desarrolla para estudiarlo, entre las que sobresale la conferencia "Democracia, derechos humanos y paz en Colombia", que se celebrará en marzo próximo y a la que asistirá un representante del Ministerio de Relaciones Exteriores. Sobre todo, la visita a Notre Dame sirvió para promover la imagen de Panamá como un Estado respetuoso de sus obligaciones y consciente de sus derechos, comprometido con los altos principios y valores que deben inspirar la interacción entre entidades en el plano internacional.
Esa política responde a ciertas realidades internacionales, así como a ciertos principios fundamentales que dan sustento a la gestión del Gobierno Nacional. En cuanto a las características que presenta en la actualidad el escenario internacional, sobresalen la globalización económica; la hegemonía militar y estratégica de Estados Unidos, aunada a la concentración de la supremacía económica en torno a tres ejes principales (Estados Unidos, la Unión Europea, Japón y su área de influencia); el surgimiento y relevancia de nuevos actores internacionales, como los organismos intergubernamentales, las instituciones financieras, las empresas multinacionales, y los organismos de la sociedad civil a nivel mundial; la introducción de nuevos temas en la agenda internacional, como la promoción del comercio; de los valores políticos vinculados con la democracia representativa y del desarrollo humano sostenible; y el surgimiento de nuevos retos a la seguridad de los pueblos, como el deterioro ambiental, el terrorismo y el comercio ilegal, las migraciones masivas, la pobreza y el subdesarrollo.
El compromiso inclaudicable con el perfeccionamiento de la soberanía y el sistema democrático, así como la firme convicción de que corresponde al Estado procurar el mejoramiento de la calidad de vida de la ciudadanía, sobresalen entre los principios que sustentan el programa de gobierno con las características del escenario internacional, que se señalan en el párrafo anterior, ha dado como resultado una política exterior dirigida a conseguir tres fines principales: afianzar la soberanía nacional; garantizar la paz a través de la cooperación internacional para asegurar el respeto por el sistema democrático, los derechos humanos y el Derecho Internacional; y fomentar vinculaciones internacionales eficientes para promover el desarrollo humano sostenible. Asumir el control sobre todo el territorio nacional y poner fin a la presencia militar extranjera en nuestro suelo fue, durante el siglo XX, un objetivo permanente del Estado panameño. Lo conseguimos gracias al sacrificio de generaciones de compatriotas entre cuyas gestas sobresale la del 9 de enero de 1964 y el cumplimiento que celebramos con regocijo patriótico el 31 de diciembre de 1999.
Dos factores, sin embargo, impiden todavía el pleno control y usufructo del territorio nacional por parte de la colectividad panameña: por una parte, el Tratado de Neutralidad que reconoce a Estados Unidos la facultad de garantizar, de manera unilateral y por la fuerza, la seguridad del canal; por otra, el legado de contaminación que la presencia militar estadounidense ha dejado en algunas áreas de nuestro país. En cuanto al primer obstáculo, es un asunto que deberá resolverse mediante la mutua confianza entre ambas naciones e involucra un proceso generacional. En cuanto al segundo obstáculo, el Gobierno Nacional ha realizado esfuerzos diplomáticos superiores para llegar a un acuerdo con Estados Unidos que satisfaga las expectativas panameñas, basadas en una interpretación del Tratado de 1977 cónsona con las naciones de derechos humanos y seguridad ambiental que forman parte esencial del discurso político estadounidense de la actualidad. Como es sabido, el gobierno de la presidenta Mireya Moscoso ha llevado el tema a varios foros internacionales, entre ellos la Asamblea General de las Naciones Unidas. Como lo expresé en el Instituto Kellog, así como el rector Edward A. Malloy y otras autoridades de la Universidad de Notre Dame, el Gobierno Nacional confía que la recién inaugurada Administración del presidente George W. Bush dará a la posición panameña el valor que merece.
Por motivos de espacio no puedo abordar en detalle, los otros importantes objetivos de nuestra política exterior que planteé en Notre Dame. Quiero, eso sí, dejar constancia de algunas gestiones realizadas para promover dichos fines. Al Dr. Juan E. Méndez, Director del Centro de Derechos Civiles y Humanos de la Universidad de Notre Dame y Miembro de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, informé acerca de la creación de la Comisión de la Verdad e indique que tanto la ciudadanía como el Gobierno Nacional agradecerán todo apoyo o ayuda que los organismos a que pertenece puedan prestar al ejercicio eficaz de las funciones de la Comisión de la Verdad.
Ante las autoridades universitarias presenté el proyecto de la Ciudad del Saber, iniciado bajo el gobierno anterior, como una propuesta atractiva para la comunidad académica internacional que además contribuye a promover el desarrollo humano sostenible en Panamá. Tuve, asimismo, oportunidad para conocer distintas aproximaciones al problema colombiano y sus implicaciones internacionales, en vista de la atención que el Instituto Kellogg, ha dedicado al asunto y las actividades que desarrolla para estudiarlo, entre las que sobresale la conferencia "Democracia, derechos humanos y paz en Colombia", que se celebrará en marzo próximo y a la que asistirá un representante del Ministerio de Relaciones Exteriores. Sobre todo, la visita a Notre Dame sirvió para promover la imagen de Panamá como un Estado respetuoso de sus obligaciones y consciente de sus derechos, comprometido con los altos principios y valores que deben inspirar la interacción entre entidades en el plano internacional.