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Retomando agendas


El 2006 y 2007 fueron años de gran complejidad para mí, por decir lo menos. Grandes responsabilidades pasaron por mis manos y grandes esfuerzos definieron las mismas. Fueron años de profundas experiencias. Vivirlas significó, entre muchas otras cosas, sustraerme un poco de mi constante hábito de escribir en las páginas de este diario y, aunque lo hice en determinados momentos, me movió el interés de proyectar algunas ideas e impresiones sobre el potencial tan enorme y prometedor de nuestro querido país.

Llega el 2008 y con él toda suerte de acontecimientos que iniciarán la definición no sólo del panorama electoral, sino el de la valoración pausada de las diferentes ofertas electorales que se deberán formular de cara al torneo de 2009, así como la personalidad y experiencia de sus exponentes, respecto de lo que yo me he atrevido a denominar el quinquenio más importante del siglo XXI.

A lo largo de mis escritos, procuraré opinar todos los domingos de temas que creo son importantes en los distintos órdenes de la vida nacional. Es pública mi participación en uno de los partidos de oposición actualmente, Unión Patriótica específicamente, pero ello no significa que mi opinión es la del partido. Sin embargo, esa experiencia que he tenido a lo largo de los últimos años, en la incomprendida y desvalorada por muchos, vida político partidista, más la acumulada en los años anteriores, la trataré de utilizar en materia de planteamientos y guías para ayudar a enrumbar una agenda nacional coherente con nuestras realidades y posibilidades como Nación. Aunque aún es temprano para analizar propuestas, porque no las hay, nunca es tarde, considero, para coadyuvar a orientar de manera responsable, desde el lugar en que nos encontremos.

Considero que ha llegado el momento para analizar lo que significó prometer sin sentido de compromiso cuando de aspirar al poder se trata. La experiencia de lo vivido en estos años de la jamás construida "patria nueva", y el fracaso de sus propuestas fundamentales, nos debe mover a todos, independientemente de si somos o no miembros de un partido político, a evitar en el futuro la improvisación de gentes sin experiencia ni trayectoria conocida en función de poder. Hay demasiado en juego en los próximos años para seguir con el cuento de camino. Si lo logramos hacer bien, el país, que no pertenece a partido alguno, será el gran beneficiario. Si no lo hacemos, nos lamentaremos de haber dejado pasar la gran oportunidad de dirigir el rumbo nacional con visión de futuro y una gran dosis de liderazgo político, bien entendido, de nuestros futuros gobernantes.

La reforma integral del Estado es impostergable. Es imposible pretender gobernar al país con mediana capacidad y eficiencia, montados en la actual estructura administrativa de la cosa pública. Abordaré este tema con regularidad en el futuro, al margen de otros que requerirán mención adicional y hasta especial, habida cuenta todo lo que nos tocará vivir más adelante en el camino. Espero que de algo sirva esta contribución personal.

101 años de Panamá América

 
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