Retoña el palito del CEMIS
AL CULMINAR el 2005, no deja de resultar "curioso" que algunos pretendan tomar las apariencias por realidades, con el propósito fundamental de confundir más aún a la población y hacerles creer que la ciencia es innecesaria. La continuidad del comportamiento de las cúpulas políticas gubernamentales presenta síntomas preocupantes de una especie de crónica de una muerte lenta por creciente corrosión. Como se apoyan en las estructuras autoritarias, autocráticas y totalitarias de la constitución militarista, la situación resulta particularmente grave para los de abajo.
Pasan los días y pasan los años, y la brecha entre ricos y pobres no cesa de crecer, al igual que la distancia entre los actores de la politiquería y la población. Ello debería hacer obligatorio a los intelectuales creyentes en las libertades democráticas, redoblar nuestros esfuerzos y desplegar el arma de la crítica antes que desenfunden más armas los apologistas de la crítica autoritaria. Sin embargo, la miseria humana se apodera de los principales escenarios y la casi totalidad de los intelectuales, callan, asienten, no protestan, se convierten en cómplices activos de la desgracia del pueblo.
Este año que acaba, antes y después de las multitudinarias protestas a nivel nacional contra la Ley de la Muerte, hemos vistos a un alto porcentaje de los actores y autoridades del Ejecutivo, Judicial y Legislativo, desarrollar más y más su ignorancia e incapacidad para mirar a la sociedad y atender sus necesidades, insatisfacciones y esperanzas. Continúan presentándonos un pobre espectáculo de juego de perros que se muerden la cola, sin visión alguna y midiendo todo con el rasero de sus estrictos intereses personales y politiqueros.
El costo social desborda con creces el costo económico. Basta mirar las propias cifras oficiales, por lo general maquilladas para constatar cuan caro nos cuesta mantener a la corporación política reinante en su afán de no perder su negocio que no es otro que el de apropiarse y gastarse el dinero de nosotros, los contribuyentes, en el financiamiento de sus actividades politiqueras y el cuidado de su imagen. No contentos -nuestros chupópteros modernos- con lo que le succionan al erario, multiplican sus apariciones llenas de desfachatez para mantener en la impunidad su práctica colegiada e inveterada a favor de todo lo que huela a corrupción, al tiempo que dicen, por aquello de la imagen, que los corruptos.. son los otros.
Hace menos de cuatro años citábamos el mamey del palito del CEMIS, en sus ya conocidos y fotografiados sobres amarillos que nos dicen llegó a sus destinatarios luego de la respectiva reunión en el entonces recién remodelado Salón Chanchullé (antes Chanchoré). Y los ciudadanos que repudiamos tanta asquerosidad y nos expresamos contra la corrupción y los corruptos, fuimos señalados como "¡desestabilizadores de las instituciones" y también de "promover el caos!". Ahora nos llaman "terroristas judiciales"", pero a quienes les quitan la visa no es al pueblo panameño, sino a sus pares.
La dificultad de instituir una real, efectiva y transparente libertad política que elimine la interminable cantidad de obstáculos existentes en nuestro medio que impiden el actuar de la voluntad responsable de los ciudadanos, nos indica que la situación se agrava. Me identifico con Fernando Savater cuando nos enseña que: "Al hablar de libertad no me refiero a nada especialmente místico, sino a la autonomía de los individuos en la colectividad para establecer y revocar leyes, elegir y deponer a los gobernantes, disfrutar de garantías jurídicas y de la posibilidad de explorar, por cualquier medio no lesivo para otros, la plenitud de su subjetividad".
En los tiempos que transcurren, resulta muy dañino que se continúe favoreciendo a quienes no buscan otra cosa que obstaculizar el desarrollo de la voluntad responsable en los ciudadanos, en lugar de consolidar los pasos, mecanismos y procedimientos favorables a las libertades políticas. Estas nos llaman hoy más que nunca, a emanciparnos de la miseria, de la tiranía de la pobreza establecida, de la ignorancia. Para ello no podemos permitir que se continúen reduciendo la función de las instituciones y servicios públicos a la defensa y protección de los privilegiados y sus privilegios, de los corruptores y los corruptos, de los impunes y de la impunidad.
La transparencia y la participación como muestra de disposición efectiva para erradicar la corrupción, la demagogia y favorecer el debate permanente, deben prevalecer por encima del gastado discurso demagógico y diversionista. Dichos discursos de las autoridades, como de la Universidad, solo evidencian lo mucho que nos falta por salir del milenarismo, de la secta. De lo lejos que estamos de "abandonar la complacencia fanática de los absolutos excluyentes".
En los días y meses por venir la crisis de valores éticos, sin duda, se acentuará y aumentará el peligro de nuestras libertades políticas. Algunos politiqueros -de viejo y de nuevo cuño- nos quieren hacer creer que lo logrado con los trucos de los "pactos", la repetitiva imposición de magistrados, las "comisiones de notables", les permitirá evadir la responsabilidad que se tiene hoy por hoy con las libertades políticas. Pretenden olvidar que el pueblo a fuerza de no saber lo que quiere, ha empezado a aprender a saber lo que no quiere. Y si hay algo que no quiere es que le roben la esperanza de hablar, para que se le escuche y atienda.
A los que se hartaron con los mameyes del palito CEMIS, se les aproxima una terrible indigestión producto de su corrupción. La congestión social existente, así se los diagnostica. Y no es la expansión la que los librará de ella.
Pasan los días y pasan los años, y la brecha entre ricos y pobres no cesa de crecer, al igual que la distancia entre los actores de la politiquería y la población. Ello debería hacer obligatorio a los intelectuales creyentes en las libertades democráticas, redoblar nuestros esfuerzos y desplegar el arma de la crítica antes que desenfunden más armas los apologistas de la crítica autoritaria. Sin embargo, la miseria humana se apodera de los principales escenarios y la casi totalidad de los intelectuales, callan, asienten, no protestan, se convierten en cómplices activos de la desgracia del pueblo.
Este año que acaba, antes y después de las multitudinarias protestas a nivel nacional contra la Ley de la Muerte, hemos vistos a un alto porcentaje de los actores y autoridades del Ejecutivo, Judicial y Legislativo, desarrollar más y más su ignorancia e incapacidad para mirar a la sociedad y atender sus necesidades, insatisfacciones y esperanzas. Continúan presentándonos un pobre espectáculo de juego de perros que se muerden la cola, sin visión alguna y midiendo todo con el rasero de sus estrictos intereses personales y politiqueros.
El costo social desborda con creces el costo económico. Basta mirar las propias cifras oficiales, por lo general maquilladas para constatar cuan caro nos cuesta mantener a la corporación política reinante en su afán de no perder su negocio que no es otro que el de apropiarse y gastarse el dinero de nosotros, los contribuyentes, en el financiamiento de sus actividades politiqueras y el cuidado de su imagen. No contentos -nuestros chupópteros modernos- con lo que le succionan al erario, multiplican sus apariciones llenas de desfachatez para mantener en la impunidad su práctica colegiada e inveterada a favor de todo lo que huela a corrupción, al tiempo que dicen, por aquello de la imagen, que los corruptos.. son los otros.
Hace menos de cuatro años citábamos el mamey del palito del CEMIS, en sus ya conocidos y fotografiados sobres amarillos que nos dicen llegó a sus destinatarios luego de la respectiva reunión en el entonces recién remodelado Salón Chanchullé (antes Chanchoré). Y los ciudadanos que repudiamos tanta asquerosidad y nos expresamos contra la corrupción y los corruptos, fuimos señalados como "¡desestabilizadores de las instituciones" y también de "promover el caos!". Ahora nos llaman "terroristas judiciales"", pero a quienes les quitan la visa no es al pueblo panameño, sino a sus pares.
La dificultad de instituir una real, efectiva y transparente libertad política que elimine la interminable cantidad de obstáculos existentes en nuestro medio que impiden el actuar de la voluntad responsable de los ciudadanos, nos indica que la situación se agrava. Me identifico con Fernando Savater cuando nos enseña que: "Al hablar de libertad no me refiero a nada especialmente místico, sino a la autonomía de los individuos en la colectividad para establecer y revocar leyes, elegir y deponer a los gobernantes, disfrutar de garantías jurídicas y de la posibilidad de explorar, por cualquier medio no lesivo para otros, la plenitud de su subjetividad".
En los tiempos que transcurren, resulta muy dañino que se continúe favoreciendo a quienes no buscan otra cosa que obstaculizar el desarrollo de la voluntad responsable en los ciudadanos, en lugar de consolidar los pasos, mecanismos y procedimientos favorables a las libertades políticas. Estas nos llaman hoy más que nunca, a emanciparnos de la miseria, de la tiranía de la pobreza establecida, de la ignorancia. Para ello no podemos permitir que se continúen reduciendo la función de las instituciones y servicios públicos a la defensa y protección de los privilegiados y sus privilegios, de los corruptores y los corruptos, de los impunes y de la impunidad.
La transparencia y la participación como muestra de disposición efectiva para erradicar la corrupción, la demagogia y favorecer el debate permanente, deben prevalecer por encima del gastado discurso demagógico y diversionista. Dichos discursos de las autoridades, como de la Universidad, solo evidencian lo mucho que nos falta por salir del milenarismo, de la secta. De lo lejos que estamos de "abandonar la complacencia fanática de los absolutos excluyentes".
En los días y meses por venir la crisis de valores éticos, sin duda, se acentuará y aumentará el peligro de nuestras libertades políticas. Algunos politiqueros -de viejo y de nuevo cuño- nos quieren hacer creer que lo logrado con los trucos de los "pactos", la repetitiva imposición de magistrados, las "comisiones de notables", les permitirá evadir la responsabilidad que se tiene hoy por hoy con las libertades políticas. Pretenden olvidar que el pueblo a fuerza de no saber lo que quiere, ha empezado a aprender a saber lo que no quiere. Y si hay algo que no quiere es que le roben la esperanza de hablar, para que se le escuche y atienda.
A los que se hartaron con los mameyes del palito CEMIS, se les aproxima una terrible indigestión producto de su corrupción. La congestión social existente, así se los diagnostica. Y no es la expansión la que los librará de ella.