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Retornando a los viejos senderos retorcidos


Que entre las reformas electorales aprobadas en primer debate se haya aumentado el número de legisladores, se haya dejado abierta y confidencial las donaciones electorales y se haya dejado opcional las elecciones primarias a candidato presidencial en los partidos, con la prohibición de que quien pierda una de ellas corra con otro partido, nos hace recordar al poeta, Ricardo Miró con sus "viejos senderos retorcidos".
Poner más legisladores en un país pobre, bajo un sistema que fomenta la mediocridad y la mentalidad parroquial al tiempo que desdeña el supremo interés nacional, es tontería y masoquismo político de la peor especie. Fácil habría sido agrupar varios pequeños circuitos en uno solo, para incluso reducirlos en vez de aumentarlos.
Por otro lado, la sucesión de escándalos por cuantiosas donaciones electorales en las democracias occidentales y en particular en Estados Unidos, dio lugar a la idea de regularlas para evitar que tengan por objetivo abrir puertas a la influencia nociva dentro de un futuro gobierno. El caso de las donaciones multimillonarias de China Continental a la campaña presidencial de Bill Clinton y de la quebrada Enro a la del mandatario actual George Bush hijo, vinieron a dramatizar el extremo del problema.
No faltaron las donaciones de mafiosos y de narcos, como las acontecidas aquí con el caso Castrellón Henao para la campaña de Pérez Balladares y la ocurrida a Samper en Colombia, por mencionar algunos. El hecho es que prevalece el criterio de que las contribuciones pecuniarias deben ser registradas, fiscalizadas y estar sujetas a límites de cantidad, para que no sea el dinero en vez de la voluntad popular, el que elija. En nuestro caso, se pretendía prohibir donaciones expuestas a tráfico de influencia, como en el caso de contratistas, pero lo rechazaron los partidos. Voceros de la sociedad civil habían sugerido incluso que se publicara la lista de donantes.
Se pretende también que pase a las manos de las cúpulas partidistas y dueños de colectivos, la designación de sus candidatos a presidente. La oportunidad de cobrar dinero, indultos y favores por una candidatura, queda abierta. En lo sucesivo, los mandatarios asumirán el poder maniatado de compromisos con las dirigencias partidistas. La opción era acaso explicable para puestos de elección a cargos inferiores, pero difícilmente justificables respecto a aspirantes a presidente.
Y finalmente, la prohibición a quienes pierdan una primaria en un partido - si es que se opta por esa vía - para ser candidatizados por otros colectivos, es obviamente inconstitucional, pues añadiría un requisito más al aspirante (no perder antes una primaria) a los exigidos por la Carta Fundamental. ¿Tiene nombre propio? Sí. El mismo de las primarias opcionales: Alberto Vallarino.

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