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Retos de la Patria Nueva


En no pocas ocasiones escribimos, tratando de hacer una lectura, con fines didácticos, sobre los hechos, fenómenos y circunstancias de la campaña electoral. En varios artículos señalamos, con cierta animosidad y riesgo, que los partidos en Gobierno no recibirían la bendición del pueblo panameño en las urnas. Los hechos lo demuestran.
Los candidatos perdedores lo fueron por diversos motivos, que no viene al caso volver a exacerbar, en demasía.
El cúmulo de desaciertos, la altanería del o de los partidos en Gobierno y la más burda de las campañas electorales distanciaron al candidato Alemán de la acogida y aceptación emocional de la mayoría votante, incluso de sus huestes.
La bonachonería de Endara lo hizo potable para miles de votantes, que lo miraban bajo la óptica de reminiscentes sentimientos antimilitares y de un tercio de los votantes, que aún conservan en su mentes y en su corazón la imagen de los desmanes de la época de Noriega, muchos de ellos con razón; sin embargo, la mayoría de ellos apostaron por la democracia, pero por una que parece sinónimo de banderitas blancas elevadas para vender, paradójicamente, una imagen teñida del dolor de tantos despedidos en la era de la post invasión.
El pueblo le pasó, a mi juicio, una factura de baja monta. Después de todo, quienes abanican el trillado concepto "civilista", y hablan ya de la agrupación de los que ondearon esa bandera, están hablando de una especie en extinción.
El arrojo de Don Martinelli, es digno de admirar. Se calzó, en su decir, los zapatos del pueblo, cuando éste clamaba por calzar los suyos.
Siempre pensé cómo haría este prominente hombre de negocios para reemplazar los millones de balboas que ingresan al Erario, por los impuestos que el reduciría.
Admiré y seguiré admirando su hidalguía, casi quijotesca, de ir contra los molinos de la mayoría, pero siguió caminando incansablemente por el país.
Los resultados alcanzados en las urnas y en la Asamblea Legislativa lo deben llenar de orgullo, y como él dice, es posible que a la postre resulte el más beneficiado, porque ha construido una infraestructura para el futuro, al cual definitivamente no desdeña.
¿Pero, quién resultó derrotado? No creo que debiera hablarse de derrotados, porque el progreso de Panamá necesita del aporte de todas las fuerzas políticas.
El pueblo votante jugó con las reglas de nuestra singular democracia.
El terreno está abierto para la conciliación y llegó el momento, en que los partidos políticos demostrarán si apostaron por Panamá o por su espacio.
Creo que el pueblo panameño no les bendijo con los votos para que se constituyan en rémoras del progreso, porque llegada es la hora en que todos los nacionales debemos entregarnos al trabajo y al consenso, como pilares fundamentales para revertir al pueblo obras y decisiones, que no sólo nos abran el futuro sino que nos transformen como sociedad y nación.
Innumerables son los retos que tocan a la puerta del nuevo presidente. Para quienes, de alguna manera contribuimos a su triunfo, estamos convencidos que únicamente llevando a cero la corrupción, sería suficiente acción para hacer avanzar al país y ver surgir a nuestro país en todas las áreas y esferas de la actividad nacional e internacional.
Todos los demás planes verían el poderoso influjo de una administración de la res pública plenamente transparente; su impacto sería abrumador y contundente, tal como lo ha sido la victoria electoral.
Ante tal estilo de gestión sería también imposible que los políticos bien intencionados, negasen su apoyo, porque al negarlo evidenciarían su miopía y estrechez de intereses.
Al nuevo presidente le corresponde guiar el destino del país, por los próximos cinco años.
Debe haber llegado hora, en que los panameños y panameñas entendamos, que el modelo de administración y gestión pública que tenemos debe ser transformado y modernizado radicalmente, en su forma y en su contenido. Pero que la transformación más importante lo es, desde la perspectiva moral y ética.
O cambiamos las actitudes y estilos mentales del juego vivo y erradicamos la corrupción, o sencillamente al cabo de estos cinco años, el pueblo habrá perdido toda fe en sus gobernantes.
Ese es el principal reto del nuevo presidente y su de equipo de Patria Nueva; y lo deberá empezar a hacer en los primeros cien días. En lo personal no dudo en que lo hará porque la expectativa del pueblo y sobre todo la de su juventud, es altamente exigente.

101 años de Panamá América

 
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