Retos de la seguridad: la sustitución del salario
En el proceso de discusión sobre las reformas que han de sobrevenir en la Caja de Seguro Social uno de los temas que suele mencionarse, pero que no ha alcanzado aún la notoriedad de temas como el límite de edad y la cantidad de cuotas, es el de los beneficios pactados, de los cuales el central es la tasa de sustitución, que es el compromiso que adquiere la institución con respecto al cotizante en cuanto a la cantidad de su sueldo que se le ha de garantizar al momento del retiro. Muchas son las posiciones: Desde la óptica neoliberal se dice que Panamá concede demasiado porcentaje al salario; mientras desde la posición contraria se señala que la institución debería garantizar el 100% de sustitución. La sustitución de retiro ofertada por una institución de Seguro Social en cualquier país no puede, en ningún caso, sustituir al salario integral. En un hipotético país con economía muy sólida que prometiera a los que ingresan al sistema una reposición integral de los últimos salarios, esto operaría como desincentivador del ahorro personal.
La motivación esencial -no la única- del ahorro personal es la protección del grado de inserción social alcanzado al final de la vida laboral. En las diversas motivaciones del esfuerzo personal están: la supervivencia, que se libra día a día; la superación, que se traza como una meta para mañana, pero cuya evaluación se hace al cumplir las exigencias de la supervivencia; y la seguridad en el grado de inserción social. Llega un momento en que todos tienen que aceptar lo que han sido y llegado a ser, pero nadie está dispuesto a aceptar que al final de su carrera vital se retrotraiga hasta niveles iguales o inferiores al punto de partida. Es que el valor seguridad es el valor por excelencia de quienes viven de su trabajo, al contrario del valor riesgo que pasa por ser el valor de los inversionistas, aunque -la mayor cantidad de las veces- no sea su supervivencia la que pongan en riesgo. La seguridad así valorada incluye la inserción social, que es una combinación de seguridad económica más la aceptación y posibilidades de participación comunitaria que garantiza la primera; siguen la seguridad general del medio en que está inserto con toda sus variables de oferta desde la disponibilidad de insumos vitales hasta seguridad del medio.
Si el Seguro de Retiro se pactara al 100% desaparecería la motivación básica del ahorro. En sentido contrario, al Seguro de Retiro no puede ofrecer menos que el margen necesario para la cobertura de la inserción social alcanzada. Es necesario entender que en el escenario previsto idealmente al final de la vida laboral el cotizante de la seguridad social debe -en teoría- haber cumplido con los compromisos de plazo prefijado de largo aliento como son las hipotecas y la educación de los hijos. Este análisis excluye la ponderación de las contingencias de la presente coyuntura nacional, en donde la red familiar prolonga su papel de soporte de los hijos ante la precariedad de la oferta y sostenimiento del empleo. El cumplimiento de los compromisos prefijados puede ser calculado alrededor del 30% del salario, con lo cual la necesidad real de sustitución puede fijarse en 70% para mantener el nivel de inserción logrado sin producir el empobrecimiento del que se acoge al Seguro de Retiro pactado.
En un sistema de seguridad como el panameño que asegura la sustitución del 60%, es necesario que haya un funcionamiento de la capacidad de ahorro personal de alrededor de 10%. Si la tendencia del ahorro nacional en las cuentas personales no alcanzara ese mínimo, podemos asegurar que el retirado de la producción descenderá un 10% en su inserción social. Como resultado se perdería el papel de acicate de la economía que tiene el mantener una masa de retirados con capacidad de consumo protegida por un seguro de retiro. En este sentido, vale la pena analizar que en la experiencia pasada de ahorro nacional mediante el Fondo Complementario, la cotización fijada no alcanzaba para mantener realmente la inserción social de todos los grupos cobijados por la seguridad social y dejaba por fuera a los grupos cuyo papel como dinamizador del consumo es necesario y estratégico proteger.
Las reformas que se pacten en un futuro no pueden agravar esta situación, pero tampoco se puede prometer demagógicamente una protección al 100%, toda vez que la generación de ahorro nacional es estratégica para el desarrollo del país. Este ahorro se logrará a través de la ampliación de la parte de la renta nacional destinada a salarios, aunado esto al aumento de la productividad del trabajo, pero no incrementando el papel distribuidor de la seguridad social, que no puede prodigarse más allá de la capacidad de generación de ganancias del sistema productivo nacional.
La motivación esencial -no la única- del ahorro personal es la protección del grado de inserción social alcanzado al final de la vida laboral. En las diversas motivaciones del esfuerzo personal están: la supervivencia, que se libra día a día; la superación, que se traza como una meta para mañana, pero cuya evaluación se hace al cumplir las exigencias de la supervivencia; y la seguridad en el grado de inserción social. Llega un momento en que todos tienen que aceptar lo que han sido y llegado a ser, pero nadie está dispuesto a aceptar que al final de su carrera vital se retrotraiga hasta niveles iguales o inferiores al punto de partida. Es que el valor seguridad es el valor por excelencia de quienes viven de su trabajo, al contrario del valor riesgo que pasa por ser el valor de los inversionistas, aunque -la mayor cantidad de las veces- no sea su supervivencia la que pongan en riesgo. La seguridad así valorada incluye la inserción social, que es una combinación de seguridad económica más la aceptación y posibilidades de participación comunitaria que garantiza la primera; siguen la seguridad general del medio en que está inserto con toda sus variables de oferta desde la disponibilidad de insumos vitales hasta seguridad del medio.
Si el Seguro de Retiro se pactara al 100% desaparecería la motivación básica del ahorro. En sentido contrario, al Seguro de Retiro no puede ofrecer menos que el margen necesario para la cobertura de la inserción social alcanzada. Es necesario entender que en el escenario previsto idealmente al final de la vida laboral el cotizante de la seguridad social debe -en teoría- haber cumplido con los compromisos de plazo prefijado de largo aliento como son las hipotecas y la educación de los hijos. Este análisis excluye la ponderación de las contingencias de la presente coyuntura nacional, en donde la red familiar prolonga su papel de soporte de los hijos ante la precariedad de la oferta y sostenimiento del empleo. El cumplimiento de los compromisos prefijados puede ser calculado alrededor del 30% del salario, con lo cual la necesidad real de sustitución puede fijarse en 70% para mantener el nivel de inserción logrado sin producir el empobrecimiento del que se acoge al Seguro de Retiro pactado.
En un sistema de seguridad como el panameño que asegura la sustitución del 60%, es necesario que haya un funcionamiento de la capacidad de ahorro personal de alrededor de 10%. Si la tendencia del ahorro nacional en las cuentas personales no alcanzara ese mínimo, podemos asegurar que el retirado de la producción descenderá un 10% en su inserción social. Como resultado se perdería el papel de acicate de la economía que tiene el mantener una masa de retirados con capacidad de consumo protegida por un seguro de retiro. En este sentido, vale la pena analizar que en la experiencia pasada de ahorro nacional mediante el Fondo Complementario, la cotización fijada no alcanzaba para mantener realmente la inserción social de todos los grupos cobijados por la seguridad social y dejaba por fuera a los grupos cuyo papel como dinamizador del consumo es necesario y estratégico proteger.
Las reformas que se pacten en un futuro no pueden agravar esta situación, pero tampoco se puede prometer demagógicamente una protección al 100%, toda vez que la generación de ahorro nacional es estratégica para el desarrollo del país. Este ahorro se logrará a través de la ampliación de la parte de la renta nacional destinada a salarios, aunado esto al aumento de la productividad del trabajo, pero no incrementando el papel distribuidor de la seguridad social, que no puede prodigarse más allá de la capacidad de generación de ganancias del sistema productivo nacional.