Revisión del Código de Trabajo
Los autores del código laboral pensaron que la mejor protección del trabajador consiste en arrebatarle las máximas ventajas a la empresa privada, sin darse cuenta que la estabilidad real empieza con una empresa fuerte con capacidad de mejorar su producción, requisito básico para pagar mejores salarios. Pensaron que la garantía de la antigüedad laboral es una conquista de prematura estabilidad, cuando en realidad resulta una canonjía apresurada que pone en el mismo nivel al trabajador responsable y al trabajador irresponsable que se vale de falsos certificados médicos para justificar su ausencia premeditada del trabajo.
Por otro lado, en la contratación de servicio doméstico proliferan quejas debido a que hay empleadas que, al parecer, con la complicidad de agencias de empleo, trabajan sólo poco más de un mes con una familia, pero luego abandonan el puesto, con mil pretextos, sabiendo que se les pagará prima de antigüedad, décimo tercer mes y otras plusvalías al salario. Así van rotando de casa en casa, sin importarles el trabajo permanente, sino el aprovechamiento temporal del ventajismo laboral.
Frente a estos y otros hechos que ratifican las incongruencias de un proteccionismo que suele incubar la corrupción del trabajador, hay dirigentes sindicales que lanzan proclamas de guerra cuando se plantea alguna posibilidad de cambios en el código laboral. Quieren seguir explotando las bondades del fuero sindical alargado por el reeleccionismo y reaccionan con pasiones y no con ideas, evadiendo un debate serio con apoyo de cifras de producción y empleo.
Lamentablemente el irracionalismo proselitista también contagia a las autoridades del Organo Ejecutivo, que rechazan la posibilidad de un diálogo para flexibilizar un código tan cerrado que autoriza el cierre de una empresa en problemas, antes que negociar la opción de reajustes internos hasta recuperar la normalidad del mercado y el rescate de la fuente de trabajo, en circunstancias que el desempleo crece en forma dramática. Tal parece que el compromiso de brindar más fuentes de trabajo a las nuevas generaciones no perturba a los gobernantes y dirigentes sindicales, encerrados en una cápsula anacrónica donde el tiempo no corre y no existe el futuro. Prefieren refugiarse a rajatabla en las ventajas del statu quo del código que favorece únicamente a los que ya tienen trabajo, sin importarles a los panameños que llegan a la edad laboral o egresan de universidades y escuelas técnicas.
Por el camino del proselitismo político nos estamos yendo al despeñadero. Por el camino de la razón y el diálogo, podríamos evitar que el descalabro laboral llegue a hundirnos más en el descenso productivo y en la desocupación colectiva.
Por otro lado, en la contratación de servicio doméstico proliferan quejas debido a que hay empleadas que, al parecer, con la complicidad de agencias de empleo, trabajan sólo poco más de un mes con una familia, pero luego abandonan el puesto, con mil pretextos, sabiendo que se les pagará prima de antigüedad, décimo tercer mes y otras plusvalías al salario. Así van rotando de casa en casa, sin importarles el trabajo permanente, sino el aprovechamiento temporal del ventajismo laboral.
Frente a estos y otros hechos que ratifican las incongruencias de un proteccionismo que suele incubar la corrupción del trabajador, hay dirigentes sindicales que lanzan proclamas de guerra cuando se plantea alguna posibilidad de cambios en el código laboral. Quieren seguir explotando las bondades del fuero sindical alargado por el reeleccionismo y reaccionan con pasiones y no con ideas, evadiendo un debate serio con apoyo de cifras de producción y empleo.
Lamentablemente el irracionalismo proselitista también contagia a las autoridades del Organo Ejecutivo, que rechazan la posibilidad de un diálogo para flexibilizar un código tan cerrado que autoriza el cierre de una empresa en problemas, antes que negociar la opción de reajustes internos hasta recuperar la normalidad del mercado y el rescate de la fuente de trabajo, en circunstancias que el desempleo crece en forma dramática. Tal parece que el compromiso de brindar más fuentes de trabajo a las nuevas generaciones no perturba a los gobernantes y dirigentes sindicales, encerrados en una cápsula anacrónica donde el tiempo no corre y no existe el futuro. Prefieren refugiarse a rajatabla en las ventajas del statu quo del código que favorece únicamente a los que ya tienen trabajo, sin importarles a los panameños que llegan a la edad laboral o egresan de universidades y escuelas técnicas.
Por el camino del proselitismo político nos estamos yendo al despeñadero. Por el camino de la razón y el diálogo, podríamos evitar que el descalabro laboral llegue a hundirnos más en el descenso productivo y en la desocupación colectiva.